Las leyes borbónicas en la pre independencia

Por: Dr. Pedro Arturo Reino Garcés
Historiador-Cronista Oficial de Ambato

Se llaman borbones a una dinastía de la realeza francesa. “Los Borbones llegaron al trono español en 1700 cuando Felipe de Anjou sucedió al último rey de la dinastía de los Austrias, Carlos II, quien había muerto sin herederos. Felipe de Anjou era nieto del rey francés Luis XIV y de su esposa María Teresa de Austria, hermana del rey español Felipe IV. Fue coronado con el nombre de Felipe V y su reinado quedó legitimado con la firma del Tratado de Utrecht en 1713. Este tratado, en el que Felipe V renunciaba a sus derechos sucesorios al trono francés para conservar el español, dio fin a la Guerra de Sucesión española.” (Enciclopedia de la Historia, página virtual)

Esta es la narración formal de esas historias enredadas y terribles que tiene la monarquía que se adueñó de estos mundus novus. Están hechas sobre redacciones de sus secretarios, como lo es todo en la burocracia.  Lo que no se cuenta, y que es lo que hay tras los cortinajes de estas opulencias, es que hubo siempre tremendas infidelidades, escándalos sexuales y pugnas que llegaron hasta las guerras, por establecer sucesiones provenientes de las taras genéticas y degeneración mental que iba dejando el parentesco cercano de los enlaces matrimoniales. “Carlos III temía que se reprodujera en él las taras genéticas de la familia: recordemos que su padre, Felipe V, había sido un depresivo con trastorno bipolar; que su hermano, Fernando VI, padeció demencia progresiva, y para confirmar sus temores, uno de sus hijos, Felipe Antonio, era deficiente mental” (Eslava Galán, Juan, La Familia del Prado, Ed. Planeta, Barcelona, 2020, p. 289)

Entre los calificativos a los borbones está la de haber sido absolutistas que “Cambiaron la estructura administrativa de las colonias ultramarinas con el objetivo de endurecer el control sobre esos territorios.” El replanteo administrativo parte desde la creación del virreinato del Río de la Plata, separándolo del Perú, debido a su enorme extensión: “En 1776 en forma provisional y luego, de manera definitiva en 1777”. Interesa decir también que fue obra de los borbones la creación anticipada del virreinato de Nueva Granada “establecida por la Corona (1717-1723, 1739-1810 y 1815-1822) durante la dinastía de los Borbones. Creado el virreinato en 1717 por el rey Felipe V, dentro de una nueva política de control territorial, se suspendió en 1723 por problemas financieros y fue restaurado en 1739 hasta que el movimiento independentista lo suspende de nuevo en 1810. En 1815 al ser reconquistado su territorio por el ejército del rey Fernando VII, fue restaurado.” (Enciclopedia de la Historia, página virtual) (*). Todo esto proviene de pugnas de consejeros de la corte y sus ministros. En nuestros estudios, esta nos resulta una historia distante, pero resulta que resulta importante revisarla porque con ella entendemos los procesos de corrupción.

Debemos decir que la historia apunta que los cambios y reformas más radicales se dieron en el reinado de Carlos III (1759-1788). Este rey estuvo casado con María Amalia de Sajonia, hija del rey de Polonia, entre otras dinastías. Tuvieron trece hijos, pero solo siete llegaron a adultos. Los reyes vivían preocupados más en el fornicio que en administrar sus colonias. Basta ver las terribles láminas satíricas de “Los borbones en pelota” aparecidas en el siglo XIX (atribuidas a los hermanos Bécquer)) para tener una idea de lo que ocurría en esa Europa del regodeo monárquico. Una muestra de confidencialidad de este “nuestro” rey que modernizó la corte, lo da Eslava Galán, como ejemplo de lo que informaba a su madre sobre su noche de bodas: “Nos acostamos a las nueve de la noche. Temblábamos los dos pero empezamos a besarnos y enseguida estuve listo y al cabo de un cuarto de hora la rompí. Desde entonces, lo hemos hecho dos veces por noche y siempre nos corremos al mismo tiempo porque el uno espera al otro” (Eslava Galán, Juan, ob. cit. p. 286).

Si los integrantes de la corte, todos quienes hacían la administración burocrática, no pasaban de ser astutos, audaces, adulones y gente de poca moral, pensemos en el tipo de conducta pública que traían como  soporte los comisionados que llegaban a América para proyectar el poder. He aquí el caso concreto:

El historiador Jorge Núñez explica que Carlos III envió funcionarios hacia América, entre los que vino José García de León y Pizarro a presidir la Audiencia de Quito entre 1778 y 1784. “Pizarro llegó a Quito con el título de Visitador-Presidente de la Audiencia…cuyo objetivo fundamental era -¡Oh ironías de la historia!- “modernizar al Estado” y desarrollar la economía metropolitana a costa de las colonias.” (Núñez, Jorge, Historias del país de Quito, Eskeletra Editorial, Quito, 1999, p. 95). La “modernización” aludida como ironía lo hace referencia al presidente “modernizador” Sixto Durán, involucrado en escándalos financieros. León y  Pizarro, ha servido de perfecto modelo de corrupción a muchos mandatarios que hicieron y hacen de las suyas una vez que asumieron y asumen el cargo. Estas palabras suyas parecen de ahora: “un mecanismo clave de esta política (…) económica fue el envío a las colonias de un grupo de duros funcionarios, encargados de sistematizar y endurecer el saqueo colonial…Con perversa eficiencia reorganizó y endureció el sistema de rentas, fortaleció los antiguos monopolios oficiales y creó otros nuevos (como los de aguardientes y tabacos), sistematizó la venta de cargos públicos y la asignación de tierras baldías, cobró inexorablemente las cuentas e impuestos adeudados a la corona, y reglamentó muchos aspectos de la vida pública, incluyendo el juego de naipes … El presidente anterior don José Diguja, había enviado a España en once años un total de 713.000 pesos. Pizarro remitió, en apenas cuatro años, 1´017.000, lo que equivalía a un incremento de casi el 400 por ciento anual en las recaudaciones.” (Núñez, p. 97).

Bien vale que como homenaje a su reciente e inesperada muerte ( 1 de 11, 2020) establezcamos los nuevos paralelos administrativos con que dejó infectados la esposa de León y Pizarro doña María de Frías y Pizarro: “Por su parte, su rapaz esposa, había establecido un particular sistema de enriquecimiento, vendiendo favores oficiales y cobrando a todo aquel que desease entrevistarse con su esposo” (Núñez, p. 98) exigiéndoles entrega de regalos. Uno de estos lo requirió al propio Cabildo quiteño que tuvo que obsequiarlo “un bastón con empuñadura de oro y un cuadro grande al óleo”.

También se cuenta que a su hijo José le hizo favorecer con becas y prebendas eclesiásticas: “A este muchacho lo hizo tonsurar para que el obispo Minayo, le adjudicara 70.000 pesos de capellanías y le asignara uno de los cargos religiosos más apetecidos, cual era la sacristía mayor de la ciudad de Guayaquil…”

Más detalles se pueden leer sobre este curioso personaje y su familia, en mi libro Mazorra, las voces de mis calaveras (2009). León y Pizarro pasó por Ambato con rumbo a Quito, proveniente de Guayaquil, entre agasajos, desfiles, comilonas,  pirotecnias y sobornos previos; los que demoraron cosa de un mes. Esto fue preparado por Solano de la Sala y Baltasar Carriedo (Mazorra), protagonistas de la mayor masacre de indios de Tungurahua en la revuelta de San Ildefonso y la de los estancos. Adularon a León y Pizarro y pidieron que levantara una orden de confinamiento a los términos de Hambaato, la que pesaba sobre Solano de la Sala que había huido de Santafé de Bogotá desfalcando a la administración de aguardientes. Además se reunió la fabulosa suma de 30.000 pesos extorsionados al vecindario para que se le levante el confinamiento y les de respaldo administrativo.

Con estos pequeños ejemplos tenemos también una retrospectiva de los antecedentes que pueden estudiarse en torno a las motivaciones de quienes necesitaban autoadministrar con independencia los privilegios del poder; así como la necesidad de libertad que debían procurar los sometidos a la mentalidad medieval con que se gobernaba en la colonia.

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