
El Informe «Hacia el acceso universal a la educación superior: tendencias internacionales» presentado en noviembre de 2020 por la UNESCO IESALC, destaca que la educación transforma vidas, construye la paz, erradica la pobreza e impulsa el desarrollo sostenible; sin embargo, un número considerable de personas no recibe educación debido a la discriminación que impide el acceso a la educación superior o a la falta de igualdad de oportunidades.
Si se niega el acceso universal a la educación superior o se deja sin abordar, algunas poblaciones tendrán dificultades académicas o abandonarán los estudios, las lagunas de aprendizaje pueden agravarse o ampliarse con el tiempo, los estudiantes pueden graduarse sin estar preparados para matricularse y tener éxito en un programa de grado postsecundario, o los estudiantes pueden no poder participar en determinados cursos, programas escolares, actividades extracurriculares o deportes, entre otros resultados indeseables.
En el informe mencionado, se destaca que a partir de la última década del siglo XX, se ha hecho mayor hincapié en la importancia de la educación superior para el desarrollo sostenible (St. George, 2006). Las razones relacionadas con el desarrollo para ampliar el acceso a la educación superior se centran en el hecho de que la educación superior es crucial para el éxito en la economía mundial del conocimiento en lo que respecta a la empleabilidad a nivel individual; y en el desarrollo nacional y la competitividad internacional, a nivel macro. Se ha pasado ahora de la producción en fábricas a las industrias de alta tecnología e intensivas en conocimientos. La demanda de trabajadores altamente calificados ha aumentado, mientras que la demanda de trabajadores con menos educación y menos calificaciones ha disminuido. En este sentido, las instituciones de enseñanza superior apoyan las estrategias de crecimiento económico impulsadas por el conocimiento y la reducción de la pobreza mediante: a) la capacitación de una fuerza de trabajo calificada y adaptable, b) la generación de nuevos conocimientos y c) el fomento de la capacidad para acceder a las reservas existentes de conocimientos mundiales y adaptar esos conocimientos al uso local. Las instituciones de enseñanza superior son únicas en su capacidad de integrar y crear sinergia entre estas tres dimensiones.
Además, las normas, los valores, las actitudes, la ética y los conocimientos que las instituciones de enseñanza superior pueden impartir a los estudiantes constituyen el capital social necesario para construir sociedades civiles sanas y culturas socialmente cohesivas (Banco Mundial, 2002).
Además, la educación superior tiene un papel fundamental que desempeñar en el desarrollo y la participación de un país en la economía internacional. Más significante aún en los países de ingresos bajos y medianos que todavía están en el camino hacia la industrialización, la educación superior es importante ya que ofrece niveles más altos de ciencia, tecnología, innovación y, finalmente, capacidad de investigación, que son esenciales para el desarrollo industrial y la competitividad comercial. Los países en desarrollo quedan rezagados en un mercado global, si no se presta la atención adecuada a la «economía del conocimiento» de estos países (St. George, 2006). Sin embargo, a pesar de su importancia, como resultado de las limitaciones de recursos públicos, los sistemas de educación superior en contextos de bajos ingresos se han restringido tradicionalmente a una pequeña población élite (Schendel y McCowan, 2016). Esto recuerda la importancia de la expansión de la oferta de educación superior.
La discriminación en el acceso a la educación superior es notoria. Por ejemplo, las niñas pueden enfrentarse a barreras basadas en género, como el matrimonio infantil, el embarazo y la violencia de género, que a menudo les impiden ir o contribuyen a que abandonen la universidad (Wodon et al, 2017). Las personas con discapacidades a menudo enfrentan problemas materiales de accesibilidad, como la falta de rampas o transporte adecuado, lo que dificulta el acceso a las universidades, y es posible que los estudiantes ciegos no reciban pruebas o materiales impresos ampliados, y frecuentemente las personas con discapacidades auditivas no cuentan con instructores de lenguaje de señas. Los migrantes a menudo enfrentan barreras administrativas que les impiden matricularse, excluyéndolos efectivamente de los sistemas educativos (UNESCO, 2018a). Más aún, en algunos contextos, los recursos para las IES, como la financiación y los profesores, se asignan según el grupo de ingresos y las líneas étnicas. Estas cifras también refuerzan la importancia del acceso a las IES para todos.
Por último, los ODS reconocen que el acceso a la educación superior es vital para el aprendizaje permanente. El tercer objetivo del ODS 4 hace hincapié en que la educación superior debe ser de alta calidad y globalmente accesible para todos. Como tal, no se puede exagerar la importancia de la educación superior. Un mayor acceso a la educación superior permite a las personas maximizar su potencial y promover el desarrollo sostenible universal. La educación superior permite a las personas ampliar sus conocimientos y habilidades, expresar claramente sus pensamientos tanto oralmente como por escrito, captar conceptos y teorías abstractas y aumentar su comprensión del mundo y su comunidad. También se ha demostrado que mejora la calidad de vida de una persona, ya que los estudios muestran que, en comparación con los graduados de la escuela secundaria, los graduados universitarios tienen una esperanza de vida más larga, mejor acceso a la atención médica, mejores prácticas dietéticas y de salud, mayor estabilidad y seguridad económicas, empleo más estable y una mayor satisfacción en el trabajo, menos dependencia de la asistencia del gobierno, mayor comprensión del gobierno, mayor servicio comunitario y liderazgo, más confianza en sí mismos y menos actividad criminal y encarcelamiento. Además, los graduados universitarios
tienen mayores tasas de acceso a Internet, más tiempo para dedicar al ocio y actividades artísticas, y mayores tasas de votación (UK BIS, 2013).
Sin lugar a dudas, la educación superior debe verse como un facilitador del desarrollo humano y su funcionalidad para todos, independientemente de las barreras de cualquier tipo, físicas o de otro tipo. Por lo tanto, la discapacidad de cualquier tipo no puede ser considerada como aspecto descalificador. La inclusión, por lo tanto, implica adoptar una visión amplia de la Educación para Todos al abordar el espectro de necesidades de todos los educandos, incluidos aquellos que son vulnerables a la marginación y la exclusión (UNESCO, 2006a).
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