
“Para poder llamarse “universidad” debe contar con la infraestructura mínima, que no sea universidad de garage ni patio interno. Si vamos a ofrecer una carrera tiene que haber un laboratorio y conexión a Internet”, indicó el Ceaaces en su oportunidad.
La disposición transitoria quinta de esta normativa establece que el Ceaaces, en el plazo de 18 meses contados desde su instalación, realizará una depuración de sedes, extensiones, programas, paralelos y otras modalidades de similares características que mantengan las instituciones de educación superior fuera de su sede.
Para autorizar su funcionamiento, el Consejo emitirá las normas necesarias que tomarán en cuenta el tiempo de funcionamiento, infraestructura, necesidad local, disponibilidad de personal académico y existencia de otros centros de educación superior en la localidad.
Cuando se evaluó a las extensiones universitarias se dijo que la carrera de mayor oferta en estas extensiones era educación. Cerca de 13.000 estudiantes eran los que cursaban carreras de educación. Por lo que se exigía que sean duros y tener mano firme en el momento de evaluar estos lugares.
Para los directivos del Ceaaces, el problema de estas extensiones surgió de una herencia del neoliberalismo. “Hubo una época en la que creamos muchas carreras, sin un asevero académico, para seducir al estudiante, quien no era percibido como sujeto de derecho, sino como un cliente, para seducirlo con nombres de carreras extravagantes”, se afirmó.
No estamos en contra de ampliar la oferta. Al contrario, ojalá podamos incrementar la matrícula y tener cada vez más estudiantes en las universidades. Pero si creamos ofertas irresponsables de mala calidad, lo único que estamos haciendo es reproducir las discriminaciones históricas que han existido en el país.
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