Por: Rodrigo Murillo Carrión
Machala, Ecuador

.

Te busqué entre los rayos del sol;

entre la espesura de los bosques,

 húmedos y nublados;

te busqué desbrozando caminos

en la selva de mis fantasías y recuerdos;

te busqué en las noches sin luna

y entre los oleajes del mar

cuando se retira a esperar el nuevo día;

te  busqué,

invadiendo la telaraña de caminos

que se está borrando

por la falta de caminantes;

quise inventar un lenguaje

para indagar en el fondo de los mares

y en  la profundidad del firmamento;

me abrigué con el polvo de los caminos

 y abrí rutas nuevas

por los lugares  donde habría pasado tu sombra.

Y te pude encontrar,

cuando estuve atrapado  en un foso

que tenía como salidas

las catacumbas de un furioso laberinto.

El resplandor que me llevó a tu encuentro, alumbró  la densa

 y larga oscuridad de mi refugio.

Ahora que estás conmigo

sigo buscando mucho más:

las claves del secreto

que guarda las enseñanzas

para no perderte NUNCA.

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