Un informe publicado por Naciones Unidas muestra que 733 millones de personas, equivalentes al 9,1 % de la población mundial, están afectadas. Aunque esta cifra se ha mantenido estable en los últimos tres años, sigue por encima de la registrada antes de la pandemia y representa un aumento de 152 millones desde 2019.

El número de personas que sufren hambre en el mundo es de 733 millones, lo que representa el 9,1 % de la población mundial, según el informe El Estado de la Seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo publicado por Naciones Unidas. Este número se ha mantenido constante en los últimos tres años, pero aún supera las cifras anteriores a la pandemia por covid.
Desde 2019, el número de personas que padecen hambre ha aumentado en 152 millones. Este año, África reemplazará a Asia como la región con más de la mitad de las personas desnutridas del mundo. De hecho, el hambre en el continente africano crece a un ritmo alarmante y actualmente afecta a una de cada cinco personas.
Desde 2019 el número de personas que padecen hambre ha aumentado en 152 millones
Una cuestión social
“El hambre es una crisis provocada por personas y la solución también puede venir de la mano de las personas. No hemos avanzado lo suficiente debido a la crisis climática, la desigualdad crónica y los conflictos, que siguen causando inseguridad alimentaria y falta de acceso a una alimentación adecuada en muchas partes del mundo”, señala Amador Gómez, director de investigación e innovación de Acción Contra el Hambre.
“Debemos redoblar nuestros esfuerzos en la prevención, fortaleciendo sistemas alimentarios sostenibles, reduciendo la desigualdad y mejorando el acceso humanitario a las comunidades afectadas por conflictos”, añade el experto de la ONG.

El hambre es una crisis humanitaria y la solución también puede venir de la mano de las personas

“Es fundamental prevenir el hambre abordando los factores políticos que la impulsan, incluidos los conflictos, el cambio climático y la desigualdad de género. Necesitamos fortalecer la producción local de alimentos y abordar las consecuencias de la volatilidad de los mercados, para garantizar el acceso a los insumos agrícolas y a los alimentos nutritivos”, destaca Manuel Sánchez-Montero, director de Incidencia y Relaciones Institucionales de la organización.
“Es necesario acelerar la acción climática, garantizando que las comunidades menos responsables de esta crisis reciban los fondos para adaptarse. También debemos cambiar las normas sociales y leyes que hacen que mujeres y niñas sean las últimas en comer y las que menos reciben. Los gobiernos deben implementar políticas y asignar presupuestos para lograrlo”, continúa Sánchez-Montero.
Necesidad de financiamiento
El tema del informe SOFI de este año, también elaborado por Naciones Unidas, Financiación para acabar con el hambre, la inseguridad alimentaria y la malnutrición en todas sus formas, pone de relieve la importante insuficiencia de los fondos aportados por la comunidad internacional para la lucha contra el hambre.
De los fondos públicos que se dirigen a cooperación al desarrollo, menos de una cuarta parte van a seguridad alimentaria y nutrición. El déficit de financiación para acabar con el hambre podría ascender a varios billones de euros.
El informe de este año pone de relieve la importante insuficiencia de los fondos aportados para la lucha contra el hambre
“Por ello, es crucial que los gobiernos y los donantes prioricen estrategias que refuercen los sistemas locales y que aseguren un apoyo financiero que sea tanto flexible como duradero”, concluye.