Las horas bajas de la ONU: el multilateralismo y su salto al vacío

Por Suhelis Tejero Puntes

 

Las acusaciones sobre su irrelevancia ante la invasión rusa de Ucrania y su incapacidad ante la insostenible situación humanitaria en Gaza son los ejemplos más recientes de una organización que desde hace décadas pierde relevancia como gestora de la diplomacia multilateral. Por eso, esta semana, la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) comienza sus sesiones en Nueva York en medio de un ambiente cargado de cuestionamientos y con dudas sobre si será capaz de sostenerse como el principal foro de cooperación internacional y de resolución de conflictos.

No hay misterios detrás de esta crisis. El multilateralismo, piedra angular del esfuerzo por mantener el orden global tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, se debilita a gran velocidad. El propio secretario general de la ONU, Antonio Guterres, advirtió hace poco que hay un patrón “demasiado familiar” al respecto: “se sigue la Carta (de la ONU) cuando conviene y se ignora cuando no. La Carta de las Naciones Unidas no es opcional. No es un menú a la carta, es la piedra angular de las relaciones internacionales”, dijo en junio pasado, al celebrar el aniversario número 80 de la firma del documento fundacional de la organización.

Solo habían pasado dos meses desde estas duras palabras, cuando el gobierno de Donald Trump le dio un nuevo golpe a la Asamblea al anunciar que no permitirá el ingreso al país  al presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abbas, y su delegación de 80 personas. La decisión de la Casa Blanca revela justo lo que dijo Guterres sobre cómo algunos estados violan a su conveniencia los compromisos más básicos de la organización. Cuando en 1947 se acordó que Nueva York tendría la sede principal, Estados Unidos asumió unas responsabilidades como anfitrión de la Asamblea General, como la obligación de otorgar visados a las delegaciones de los estados miembros y de los observadores (como Palestina).  En otra ocasión, cuando en 1988 el gobierno de Ronald Reagan hizo lo mismo contra el entonces líder de la Organización para la Liberación de Palestina, Yasser Arafat, la Asamblea mudó sus sesiones a Ginebra, Suiza. Pero este año, en una muestra más de decadencia de la cohesión internacional, no ocurrió lo mismo.

Es que los tiempos han cambiado. Como señala Daniel Forti, analista senior sobre la ONU en el International Crisis Group, una organización no gubernamental dedicada a la resolución y prevención de conflictos armados, hoy se presenta una “combinación de varios factores. El más apremiante es la situación geopolítica en todo el mundo, ya sea por las tensiones entre grandes potencias o por la creciente dificultad en torno a los conflictos armados. Hoy, por muchos factores, la ONU es vista como un actor menos relevante en muchas situaciones y esto es especialmente notable en las guerras de Gaza y Ucrania”.

Si bien la llegada de Trump al poder representa un profundo revés para el multilateralismo, el declive se ha acumulado por años. En los últimos tiempos ha quedado bien retratada la incapacidad del Consejo de Seguridad para actuar frente a las guerras en Ucrania y Gaza. Las grandes potencias usan en forma cada vez más caprichosa el derecho al veto, lo que ha frenado la capacidad para intervenir en crisis tan profundas como las actuales.

Pero Trump representa el punto más bajo. Durante su segundo mandato no ha escondido sus intenciones de abandonar la agenda multilateralista que ha sostenido la coexistencia global durante décadas, para enfocarse exclusivamente en defender los intereses de la Casa Blanca. En febrero llegó a decir que la ONU no estaba a la altura de su potencial y, desde entonces, ha recortado los aportes financieros de Estados Unidos a las instituciones clave del sistema multilateral, como la Organización Mundial de la Salud, la Organización Internacional del Trabajo y la propia ONU, así como otros compromisos, como los ambientales. “Antes había una actitud más ambivalente, mientras que ahora esta administración rechaza abiertamente muchos de los principios fundamentales del sistema multilateral actual”, explica Forti.

Y en ese punto descansa el gran reto del mundo actual: ¿cómo salvar un multilateralismo cada vez más herido? Célia Belin y Anthony Dworkin, expertos del European Council on Foreign Relations, lo señalaron en el documento Multilateralismo con menos Estados Unidos: el plan de Trump para las organizaciones internacionales.  Para ellos, la responsabilidad recae actualmente en Europa, que debería crear alianzas alternativas entre estados democráticos. “Los países europeos necesitarán construir un marco multilateral en las áreas que Estados Unidos está abandonando. Esto implica invertir en coaliciones alternativas, comenzando con un núcleo de democracias afines y expandiéndose hacia agrupaciones más amplias, como el grupo invitado por Canadá en la reciente cumbre del G7, o iniciativas como el Pacto por la Prosperidad, las Personas y el Planeta (4P) del presidente francés Emmanuel Macron”.

Pero ese Estados Unidos ensimismado también ha provocado un desequilibrio en Europa por el menor aporte financiero de la Casa Blanca a planes comunes de la agenda global o regional, como la OTAN, que ha sido un actor principal en la resistencia de Ucrania contra la invasión rusa. Con las demandas de Trump para que Europa dedique más  dinero a apoyar la resistencia ucraniana, ahora esos gobiernos están enfocados en incrementar el gasto militar en lugar de tejer hilos que mantengan la agenda multilateralista por medio de instituciones como la ONU.

Un impacto cercano

En América Latina el declive del multilateralismo también se percibe con fuerza, particularmente en contextos de crisis regionales como las que viven Cuba, Nicaragua, Venezuela y Haití. Este último ilustra de manera particular la situación. Durante años, la ONU ha intentado estabilizar al país caribeño por medio de misiones de paz, criticadas por sus abusos con la población, cuya versión más reciente es el despliegue de una fuerza policial de Kenia que ha sido incapaz de frenar a las pandillas locales.

La ONU no parece capaz de articular una respuesta coordinada y eficaz en Haití, y ha dejado el liderazgo en manos de Estados Unidos y de actores no estatales que operan con intereses a veces contrapuestos. Justamente, el politólogo Louis Jean-Pierre Loriston señala que la influencia de la Casa Blanca en la crisis haitiana ha llevado a intentar soluciones que luego solo agravan los problemas de la nación caribeña. “La ONU en Haití es un fracaso e, incluso, puede llegar a empeorar las cosas. (…) Cuando un países como Estados Unidos, Canadá y Francia tienen intereses aquí, cualquier resolución va a estar sesgada a lo que ellos quieren”, resalta Loriston.

Pero el recorte del financiamiento estadounidense a la ONU promete debilitar todavía más el rol de la organización en Latam. Trump ha reducido los aportes a agencias claves, como el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios y la Organización Panamericana de la Salud, lo que tendrá un impacto directo en la capacidad operativa del organismo en América Latina. En un subcontinente marcado por una desigualdad estructural e instituciones débiles, el repliegue financiero de Estados Unidos puede dejar a millones de personas sin acceso a programas humanitarios, de vacunación o de desarrollo y de derechos humanos. Más que una cuestión de diplomacia, el futuro del multilateralismo en el hemisferio depende de recursos concretos cada vez más escasos.

“Muchos países dependen de este tipo de sistemas de cooperación de la ONU, ya sea en campañas de vacunación, apoyo a migración y refugiados, o en programas educativos. Los recortes de Washington han golpeado prácticamente todo el trabajo humanitario y de desarrollo de la ONU, y ahora la organización debe decidir cómo priorizar sus limitados recursos en el presente y el futuro. No hay una forma fácil de hacerlo sin que la ONU termine entregando menos ayuda a quienes la necesitan”, enfatiza Forti.

Así que Naciones Unidas, nacida para evitar más guerras y promover el desarrollo, transita una etapa de crisis existencial. Atrapada en las circunstancias imperantes en su creación tras el final de la Segunda Guerra Mundial, se debate entre los intereses de las grandes potencias, una menor cohesión global y la falta de recursos. La idea de una comunidad internacional basada en objetivos comunes parece dar paso al regreso de siglos anteriores, en los que imperaba la ley del más fuerte y el derecho internacional era un sueño teórico.  Es decir, de no reaccionar a tiempo para salvar el sistema multilateral, el mundo se asomará al abismo.


Publicado el 10 de septiembre de 2025

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