Por: Dr. César Montaño Galarza,
Rector de la Universidad Andina Simón Bolívar
El propósito de los procesos de integración entre estados se centra en lograr mejores condiciones económicas y sociales de sus habitantes. La integración subregional andina nació en 1969 con el Pacto Andino; este mayo cumple 57 años de andadura con altos y bajos, todos paradójicamente, derivados de decisiones políticas de los gobiernos de turno de Bolivia, Colombia, Ecuador y Perú -miembros de la Comunidad Andina (CAN), con más de 110 millones de habitantes-, unas decisiones que lo impulsan, otras que lo ralentizan, y algunas que lo frenan.
Con sus aciertos y errores, la Unión Europea, fraguada en sus orígenes en los años 50 del siglo pasado, como un mecanismo efectivo para elevar la cooperación entre los estados miembros conjurando cualquier atisbo de enfrentamiento o negación de la paz, ha sido una especie de espejo donde se ha mirado la integración andina. Así, la CAN se mantiene como el único proceso de integración comunitaria o integral en Sudamérica.
La integración potencia los esfuerzos que los estados antes hacían por separado para lograr el progreso sostenido de sus poblaciones; al efecto, se unen elementos políticos, institucionales, económicos, sociales y jurídicos; y, ocurre la fusión de los mercados nacionales en uno solo, para formar el mercado subregional andino -joya de la corona que debe ser precautelada a toda costa por los estados miembros-, esencial para incrementar el comercio, potenciar la empresa, la producción y el empleo, así como el posicionamiento del grupo frente al mundo.
La integración andina vincula políticas y normativas supranacionales y nacionales en ámbitos clave como, entre otros: aduanas, transporte, telecomunicaciones, energía, movilidad humana y libre establecimiento, servicios e inversiones, transformación productiva, sanidad agropecuaria, calidad, integración física, integración social -educación, salud, empleo-, medio ambiente y desarrollo sostenible, seguridad.
Objetivo estratégico de los estados miembros debe ser impulsar el proyecto integrador. Sin integrarnos será muy difícil hacer frente a los enormes retos de la globalización, la revolución tecnológica en marcha, las nuevas lógicas de poder de las grandes potencias, la delincuencia organizada transnacional y el narcotráfico. La integración andina es una vía potente que multiplica la capacidad de respuesta del grupo integrado para responder a los desafíos presentes. Desandar el camino de la integración no es buena opción.
