
Proclamado por la UNESCO en 2019 para impulsar el desarrollo, promoción y la difusión de las expresiones artísticas, el Día Mundial del Arte nos recuerda cada 15 de abril que las expresiones artísticas no solo enriquecen culturalmente, sino que también fortalecen el diálogo, la diversidad e inspiran sociedades más justas.
En esta línea, reforzar la educación artística se vuelve una necesidad para iniciar a los estudiantes de todas las edades en el arte, pero también, para contribuir al bienestar de las comunidades y al desarrollo sostenible. Bien lo sabe Nicolás Abarca Díaz, cofundador y director académico de la Fundación CreAprende, quien, junto a su socia, Victoria Paz, en 2021 transformó años de trabajo en talleres de música y artes en comunidades vulnerables en un proyecto más estructurado.
Mientras ambos observaban que las horas para las expresiones artísticas eran limitadas el sistema educativo, las brechas de acceso —especialmente en zonas rurales de la Región Metropolitana— se hacían más evidentes. Por ello, la fundación comenzó a realizar más de 65 talleres en comunas rurales de la región, como Peñaflor, Talagante, Calera de Tango y Padre Hurtado, acumulando más de 1.200 horas de formación académica en disciplinas que como la composición e interpretación musical, hasta el cómic y el reciclaje creativo.
Con motivo del Día Mundial del Arte, la UNESCO entrevistó al gestor y educador cultural Nicolás Abarca, cofundador de una de las fundaciones que realizaron actividades en el marco de la Semana de la Educación Artística (SEA) que impulsó la organización.
¿Cómo describirías el papel que cumple la educación artística en el desarrollo integral de niños, niñas y jóvenes hoy en Chile?
La educación artística es un puente entre múltiples dimensiones del conocimiento y del desarrollo humano. Promueve la sensibilidad, el goce estético, el compañerismo, la autoconfianza, la empatía, el pensamiento crítico y la creatividad, además de fortalecer la conciencia del valor de la cultura como un derecho humano esencial. Cuando un o una estudiante canta, no solo emite un sonido: proyecta una historia, expresa emociones y comparte su visión de mundo.
A través de la expresión artística se fortalecen habilidades sociales y se promueve la cohesión social, impactando tanto en el desarrollo individual como en su entorno. En un contexto donde la inteligencia artificial avanza rápidamente, relevar la creatividad y la expresión humana se vuelve aún más fundamental. Promover la creación, la interpretación y la cultura no es solo deseable, sino esencial para el desarrollo de sociedades más humanas, conscientes y conectadas.
¿Por qué son tan importantes los espacios para la creación en entornos rurales, particularmente aquellos en contextos de vulnerabilidad?
Los contextos rurales han estado históricamente desprovistos de infraestructura cultural especializada para el desarrollo de las artes. Si incorporamos además factores de vulnerabilidad —reflejados en el índice de prioridad social (IPS) o el índice de vulnerabilidad escolar (IVE)— se evidencian brechas importantes: menor acceso a espacios culturales, menor inversión en cultura y una priorización de medidas de contención por sobre el desarrollo integral. Sin embargo, los espacios de creación artística tienen un enorme potencial transformador. Cuando son sostenidos en el tiempo y diseñados de manera pertinente, se convierten en espacios de protección social, disminuyen factores de riesgo y amplían el acceso a la cultura en territorios históricamente excluidos.
El Marco de Educación y Cultura de la UNESCO y la celebración de la Semana de la Educación Artística relevan la creatividad, la identidad y el patrimonio como ejes clave. ¿Cómo se integran estos elementos en sus proyectos y metodologías?
A través de nuestros programas formativos y de extensión cultural, fomentamos el sentido de pertenencia, el desarrollo de proyectos y productos artísticos que impactan tanto en comunidades educativas, como en el entorno social más amplio. Contribuimos al fortalecimiento de las industrias creativas, la protección del patrimonio y la promoción de la creatividad como una experiencia transformadora. Estos elementos se integran mediante actividades colaborativas donde las y los estudiantes trabajan por objetivos comunes: interpretar una pieza musical, crear un lienzo colaborativo en arteterapia, crear carteles artísticos de cuidado medioambiental, aprender sobre el trabajo en equipo para la producción de eventos musicales, etcétera.
Actualmente, ¿Cuáles son los desafíos para incorporar de manera más sistemática las artes y la cultura en los procesos educativos formales e informales?
Uno de los principales desafíos es posicionar el arte y la cultura como herramientas esenciales para el desarrollo humano, generando conciencia a nivel multisectorial. Esto implica enfrentar limitaciones de recursos y baja priorización de estas áreas en muchas agendas institucionales. Es clave fortalecer la colaboración entre el Estado, la sociedad civil, las empresas, las instituciones educativas y las familias para desarrollar proyectos sostenibles en el tiempo.
¿Qué proyecto de su fundación refleja el impacto positivo de la educación artística en estudiantes o comunidades con las que trabajan?
El programa “Abanico CreAprende” es una de nuestras iniciativas más representativas. Incluye cursos de arteterapia, cómic e ilustración, arte astronómico, reciclaje creativo, conjunto instrumental, coro, canto, composición, teoría musical y formación de bandas juveniles, destacando el programa “Rock Ground”.
“Abanico CreAprende” funciona como un espacio de protección, expresión y trabajo colaborativo para niños, niñas y jóvenes. Su éxito radica en un diseño contextualizado y adaptado a la realidad rural, incorporando actividades alineadas con el concepto de ciudadanía global. El impacto deseado de Abanico CreAprende busca que niños, niñas y jóvenes puedan tener las capacidades instaladas para continuar a futuro promoviendo la importancia del arte y la cultura, tanto para sus propias vidas como para quienes los rodean.
¿Qué oportunidades ven para fortalecer la relación entre cultura y educación en Chile en un futuro, y qué papel deberían jugar organizaciones como Creaprende en ese camino?
La relación entre cultura y educación en Chile es clave para el desarrollo de habilidades para la vida. El arte ha demostrado ser un polo de desarrollo que va desde lo humano hasta incluso lo económico, a través del fortalecimiento de las industrias creativas, el aporte concreto al PIB de un país, a la promoción del trabajo cultural y la formación de nuevos públicos. Una gran oportunidad es integrar las artes como prioridad en los planes curriculares y en los proyectos educativos institucionales, asegurando recursos sostenibles en distintos contextos culturales. Esto contribuirá al desarrollo de habilidades sociales y a la formación de ciudadanos globales.
Para avanzar en este camino, es fundamental la incidencia pública, el desarrollo de marcos normativos y la colaboración entre el sector público y privado. En este proceso, organizaciones como la nuestra pueden aportar articulando actores, fortaleciendo el sentido de pertenencia y desarrollando habilidades artísticas y socioemocionales. Porque cuando un niño o una niña canta, toca un instrumento, pinta un lienzo, crea un cómic, está dejando una huella en el planeta, está movilizando una historia y un patrimonio que debe, necesariamente, conducir a un mundo mejor.