El cuerpo de Ötzi, el Hombre de Hielo, sigue teniendo actividad microbiana 5 300 años después

Ötzi, la momia humana natural de la Edad de Cobre encontrada en 1991 en los Alpes, lleva milenios albergando levaduras adaptadas al frío extremo y aún activas, según un nuevo estudio. El trabajo también revela la composición de su flora intestinal, con bacterias extremadamente raras en el mundo industrializado actual.

momia

La momia del Hombre de Hielo se conserva en una cámara frigorífica a una temperatura constante de -6 °C y una humedad relativa del 99 %, y se rocía regularmente con agua para evitar la pérdida de humedad. / Museo Arqueológico del Tirol del Sur | Eurac Research | Marion Lafogler

El 19 de septiembre de 1991, dos alpinistas alemanes que se encontraban en los Alpes de Ötztal, encontraron un misterioso cadáver en un glaciar cerca de Hauslabjoch, en la frontera de Austria e Italia.

Por su excepcional estado de conservación, al principio se pensó que era el cuerpo de un alpinista moderno. Pero un análisis reveló algo extraordinario: se trataba de un hombre de 5 300 años de antigüedad, lo que le convirtió en la momia humana natural más antigua de Europa. Le llamaron Ötzi, el Hombre de Hielo.

Ötzi, el Hombre de Hielo, es la momia humana natural más antigua de Europa

Desde entonces, este ejemplar se convirtió en la oportunidad perfecta para saber cómo eran los europeos en la Edad de Cobre. Y los análisis continúan a día de hoy.

Un nuevo estudio liderado por el centro italiano Eurac Research muestra una imagen detallada de la comunidad microbiana asociada a esta momia natural, desde su flora intestinal hasta levaduras adaptadas al frío que le han acompañado durante milenios. Los detalles del trabajo se publican en la revista Microbiome.

Ralentización de la actividad microbiana

Mohamed Sabry Sarhan es el investigador líder del equipo de microbiología que ha estudiado a Ötzi, y explica a SINC cómo es posible encontrar microorganismos en un cuerpo que ha estado durante milenios a temperaturas bajo cero.

El hombre de hielo Ötzi era calvo, de piel oscura y con ascendencia anatolia

El hombre de hielo Ötzi era calvo, de piel oscura y con ascendencia anatolia

“La excepcional conservación del cuerpo se debe principalmente al entorno glaciar en el que permaneció durante más de 5 000 años. La combinación de temperaturas bajo cero y bajos niveles de oxígeno frenó de manera eficaz la mayor parte de la descomposición microbiana. Sin embargo, esto no significa que la actividad de los microorganismos fuera nula”, dice Sarhan.

Es decir, lo que hizo el glaciar fue ralentizar drásticamente el proceso, gracias a las condiciones en las que ciertos microorganismos adaptados al frío podían persistir en un estado metabólico latente o muy lento, en lugar de descomponer activamente el cuerpo. “Debemos pensar en ello no tanto como una pausa biológica completa, sino más bien como una cámara lenta extrema”, añade.

El investigador Mohamad Sarhan en el laboratorio analizando muestras de Ötzi. /Eurac Research/Andrea De Giovanni

A la izquierda, una recreación artística de Ötzi. A la derecha, el cuerpo momificado y conservado a -6ºC. / Museo Arqueológico del Tirol del Sur/Eurac Research/Marion Lafogler

Una foto del intestino en la Edad de Cobre

Durante la investigación, el equipo analizó las bacterias y hongos que se encontraban en hisopos de piel, fragmentos de tejido y muestras de agua interna descongelada de los restos momificados.

En las muestras de tejido interno, identificaron antiguas bacterias de la flora intestinal de Ötzi. “Estas bacterias son extremadamente raras en las personas que llevan hoy en día un estilo de vida moderno e industrializado, aunque todavía se pueden encontrar en personas con modos de vida tradicionales”, subraya a SINC Maixner Frank, otro de los autores del estudio, también del centro de investigación italiano.

“Al final, estos microbios nos ofrecen una instantánea única y valiosa de cómo era el intestino humano en la Edad de Cobre, antes de que la industrialización transformara nuestro microbioma”, explica.

Estos microbios nos ofrecen una instantánea única y valiosa de cómo era el intestino humano en la Edad de Cobre, antes de que la industrialización transformara nuestro microbioma

Maixner Frank, Eurac Research

Pero eso no fue todo. Según los investigadores, el hallazgo más sorprendente fue que en el cuerpo del Hombre de Hielo encontraron especies de levaduras adaptadas al frío, probablemente originarias del entorno glaciar, y que han persistido en el cuerpo de Ötzi hasta la actualidad.

“Estas levaduras, amantes del frío, parecen haber sobrevivido durante miles de años y siguen siendo biológicamente activas hoy en día”, apunta Sarhan. Para Maixner, esto demuestra que la momia “no es una reliquia estática, sino un sistema biológico dinámico”.

Los autores también recalcan que el hecho que estas levaduras sean capaces de funcionar a temperaturas tan extremadamente bajas las hace interesantes por su posible aplicación industrial en la producción de alimentos o en la biotecnología.

Distinguir los microbios antiguos de los modernos

Por supuesto, una de las grandes preocupaciones del equipo es la posible contaminación y degradación de la momia natural, dado que también encontraron microbios modernos en la superficie. Además, el análisis reveló que las medidas de conservación aplicadas desde su descubrimiento podrían haber favorecido involuntariamente a ciertos microorganismos.

Así, tres de las cuatro especies de levaduras encontradas poseen la capacidad genética de descomponer el fenol —un ingrediente activo utilizado para eliminar el crecimiento fúngico de la superficie de la momia—, y que las levaduras podrían haber utilizado como fuente de alimento.

Una de las grandes preocupaciones del equipo es la posible contaminación y degradación de la momia natural, dado que encontraron microbios modernos en la superficie

“Esta es una cuestión muy importante y nos la tomamos muy en serio. Distinguir los microbios antiguos y genuinos de los contaminantes modernos es uno de los retos centrales de nuestro trabajo”, dice Sarhan.

Para ello, analizaron los patrones de daño del ADN antiguo, un método muy establecido en el campo. “El ADN que es antiguo presenta firmas químicas características de daño que se acumulan a lo largo de miles de años. Las bacterias intestinales que identificamos mostraban perfiles de daño claros y significativos, lo que confirmaba su origen previo a la muerte de Ötzi”, continúa.

“Las levaduras vivas, por el contrario, mostraban señales de daño mucho menores, compatibles con una actividad biológica reciente o en curso”, añade el autor. Esto sugiere que las levaduras colonizaron el cuerpo una vez muerto, en el entorno del glaciar.

El investigador Mohamad Sarhan en el laboratorio analizando muestras de Ötzi. /Eurac Research/Andrea De Giovanni

Claves de la conservación

El equipo también incluyó amplios controles ambientales (muestras de la cámara de conservación de la momia, agua pulverizada, aire circundante e incluso suelo del yacimiento original de 1991) para identificar todas las posibles fuentes de contaminación moderna.

Los análisis mostraron que algunos microbios modernos habían llegado a la superficie de la momia. Sin embargo, los autores también resaltan que no han detectado un daño significativo, ni por los microbios modernos ni por la actividad de los antiguos.

“Nuestro análisis genómico reveló que varios de los microbios presentes —incluidas algunas levaduras adaptadas al frío y ciertas bacterias— portan genes que codifican enzimas capaces de descomponer proteínas, grasas e incluso colágeno, que es un componente estructural clave de la piel y el tejido conectivo. Esto significa que existe un riesgo biológico latente para la integridad a largo plazo de la momia”, señala Sarhan.

Nuestro análisis genómico reveló que varios de los microbios presentes portan genes que codifican enzimas capaces de descomponer proteínas, grasas e incluso colágeno

Mohamad Sarhan, Eurac Research

“Sin embargo, queremos dejar claro que no hemos observado una descomposición activa y rápida”, continúa. Así, los autores subrayan que las condiciones actuales de almacenamiento a seis grados bajo cero inhiben la mayor parte de la actividad microbiana.

“Las condiciones de conservación de la momia son muy estables en la actualidad”, comenta en un comunicado Elisabeth Vallazza, directora del Museo Arqueológico del Tirol del Sur, que supervisa la conservación de la momia. “Un estrecho seguimiento microbiológico garantiza que la momia no sufra ningún daño. Pero sin duda se necesitan más investigación y esfuerzos de conservación exhaustivos para preservarla para muchas generaciones más”.

Por su parte, Sarhan señala que los hallazgos demuestran que “el riesgo no es nulo” y puede estar aumentando a medida que ciertos organismos adaptados al frío se afianzan. “Precisamente por eso defendemos que la conservación debe ir más allá de la refrigeración pasiva y avanzar hacia una monitorización activa basada en la genómica, de modo que cualquier transición de la latencia a la actividad pueda detectarse y abordarse antes de que cause daños irreversibles”, reclama.

Referencia:

Mohamed S. Sarhan, Marco Samadelli, Albert Zink, and Frank Maixner. The Iceman’s microbiome: unveiling millennia of microbial diversity and continuity. Microbiome (2026).

Fuente: SINC
Derechos: Creative Commons.
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