La masificación turística se ha extendido más allá de los destinos tradicionales hasta los rincones remotos, una sobreexplotación que conlleva una gran huella climática y una fuerte presión sobre el medio ambiente y las poblaciones locales. Ni siquiera el ecoturismo es garantía de bajo impacto. La industria turística se enfrenta a un reto vital para su futuro.

En abril de 2026 el mundo sufrió un convulso déjà vu de la pandemia de 2020, cuando en un crucero de lujo surgió un brote de hantavirus contagioso entre humanos. El barco neerlandés MV Hondius ofrece “expediciones ecológicas” en la Antártida, y lo llamativo es que una amenaza así pueda tener su origen en el ecoturismo, que presume de mínimo impacto.
Es una muestra del difícil reto de sostenibilidad al que se enfrenta el turismo: desde la huella ambiental, climática y sobre la población, al riesgo de enfermedades infecciosas emergentes, ¿es posible que la era del turismo de masas no destruya aquello de lo que vive?
Se publican listas de lugares a donde no viajar, para advertir sobre los destinos que están muriendo de éxito
Incluso se publican listas de lugares a donde no viajar: una de las más renombradas es la Fodor’s No List, que esta editorial de viajes publica cada año para advertir sobre los destinos que están muriendo de éxito, “donde el turismo está presionando de forma insostenible la tierra y las comunidades locales”. Y que, por cierto, en su edición de 2026 incluye a Canarias.
La masificación turística ha llegado a afectar incluso a lugares de accesibilidad limitada como la Antártida del MV Hondius o el Everest. El exceso de turistas es solo la manifestación más visible de un problema cuyos impactos son múltiples, y al que la industria no es ajena. Pero ¿pone remedio? Existe un término que se ha popularizado para designar el marketing verde cuando es un mero lavado de imagen, y que procede precisamente del sector turístico: greenwashing.
Lavado verde
Originalmente, ‘washing’, ‘lavar’, no era metafórico sino literal. En 1986 el estudiante y ecologista Jay Westerveld escribía que un resort playero aconsejaba a sus huéspedes reusar las toallas para reducir el impacto ambiental de los lavados.
El activista denunciaba la hipocresía de una medida cuyo fin real era ahorrar costes, “un método para aumentar beneficios en lugar de comprometerse genuinamente con actividades ambientalmente responsables”. De hecho, el resort estaba ampliando sus instalaciones sin importar los posibles daños al arrecife de coral.
Un resort playero aconsejaba a sus huéspedes reusar las toallas para reducir el impacto ambiental de los lavados, una medida cuyo fin real era ahorrar costes
Para afrontar este dilema se impulsa el turismo sostenible, definido por la Organización Mundial del Turismo (OMT) de Naciones Unidas como el que “tiene plenamente en cuenta las repercusiones actuales y futuras, económicas, sociales y medioambientales para satisfacer las necesidades de los visitantes, de la industria, del entorno y de las comunidades anfitrionas”.
Un concepto relacionado es el de ecoturismo, que The International Ecotourism Society (TIES) define como “el viaje responsable a áreas naturales que conserva el medio ambiente, sostiene el bienestar de la población local e implica interpretación y educación”. No todo el turismo sostenible es ecoturismo, pero todo ecoturismo debe ser sostenible. Más aún, según Naciones Unidas, el turismo está conectado con cada uno de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) para 2030, afectando al bienestar de las comunidades y a la protección de ecosistemas.
Impactos múltiples
Para fomentar el avance en este campo, la ONU declaró 2017 el Año Internacional del Turismo Sostenible para el Desarrollo. Investigaciones como las de Ahsan Akbar en la Universidad de Tecnología de la Ciudad de Guangzhou en China siguen el progreso de la sostenibilidad en el turismo a través de los estudios que se publican en las revistas académicas y científicas: “La cantidad de trabajos teóricos y empíricos sobre la relación entre el turismo y los ODS ha aumentado exponencialmente en los últimos años”, escribían Akbar y sus colaboradores.
El turismo global es responsable del 8,8 % de las emisiones de gases de efecto invernadero causantes del cambio climático
Este último es uno de los aspectos más evidentes: no hay turismo sin transporte, y esta es una de las grandes fuentes de emisiones de GEI causantes del cambio climático. Un estudio de 2018 publicado en Nature Climate Change estimó que en 2013 el turismo global era responsable del 8 % de las emisiones globales de GEI, con 4,5 gigatoneladas de dióxido de carbono equivalente (GtCO2e, la medida estándar utilizada).
En 2024 otro estudio en Nature Communications, liderado por la experta en turismo sostenible y huella ambiental de la Universidad de Queensland Ya-Yen Sun, también coautora del estudio de 2018, elevó las cifras para 2019 a 5,2 GtCO2e y un 8,8 %, un crecimiento alarmante.
Vergüenza de volar
Situando los datos en contexto, al transporte en general se le suele atribuir alrededor de un 15 % de las emisiones globales. Solo un 22 % de este total corresponde al turismo, pero a su vez esto representa en torno a un 75 % de las emisiones del turismo. Es decir, que si bien el CO2 debido al turismo es minoritario en el total del transporte mundial, la industria turística debe la gran mayoría de sus emisiones al desplazamiento de los viajeros.
La contribución de la aviación a las emisiones del turismo es de un 12 % en total, pero de un 52 % en emisiones directas
Pero este cómputo incluye no solo el CO2 que se vierte a la atmósfera durante el viaje, sino también la huella indirecta, como la debida a la alimentación, el alojamiento, las compras y la producción de estos bienes y servicios. En las emisiones directas, los aviones son responsables del 52 %.
“Tanto la aviación como los vehículos privados que usan combustible son contribuyentes principales a la huella de carbono total del turismo”, escribían Sun y sus colaboradores. Las emisiones no se distribuyen por igual en todo el mundo; 20 países producen las tres cuartas partes.
Los destinos turísticos apenas hablan del cambio climático en las redes sociales
Antes y después de la pandemia
Un problema adicional es que, según el estudio de Sun, la demanda empuja el crecimiento del turismo por encima de la economía, pero la mejora de la eficiencia no sigue el ritmo, lo que eleva las emisiones un 3,5 % cada año, el doble del aumento general. No parece que sea el camino hacia los objetivos de la Declaración de Glasgow sobre la Acción Climática en el Turismo, una iniciativa lanzada en 2021 durante la cumbre del clima COP26 y que pide reducir a la mitad las emisiones para 2030 y a un cero neto antes de 2050.
Las emisiones del turismo aumentan un 3,5 % cada año, el doble del aumento general
Investigadoras de la Universidad de Castilla-La Mancha estiman que si los turistas residentes en España y los que nos visitan desde países cercanos sustituyeran el avión por el tren, la huella de carbono del turismo en nuestro país se reduciría un 25 %. Y en recorridos cortos, la bicicleta es una opción perfecta para el turismo sostenible.
Sun explica a SINC que a todo lo anterior hay que añadir una nota al pie: los datos son anteriores a la pandemia. Con las restricciones de viajes y el miedo posterior, todo cambió: “El sector turístico y el comportamiento viajero global han cambiado”, dice.

El sector turístico y el comportamiento viajero global han cambiado desde la pandemia

Aún no se han publicado estudios comparativos con el mismo nivel de detalle, posteriores a la covid-19. La experta apunta que hasta 2023 la demanda global aún no se había recuperado, sobre todo en China, por lo que las emisiones deberían ser menores que en 2019; “pero dada la fuerte demanda en 2025 y 2026, la evolución posterior es más difícil de predecir”.
España sostenible
¿Qué hay de nuestro país? Un estudio de la Universidad de Cádiz expone que no estamos mal en comparación con nuestro entorno: en un ranking de sostenibilidad turística elaborado por los autores para los países de la Unión Europea, España ocupa el primer puesto en 2019, antes de la pandemia, y el segundo en 2022, con la reanudación del turismo global.
España ocupaba el primer puesto de la UE en sostenibilidad turística en 2019 y el segundo en 2022
Un equipo de la Universidad de Alcalá ha indagado en el perfil de la huella de carbono de los turistas españoles, encuestando a casi un millar de ellos sobre su viaje más caro en 2023 para estimar las emisiones del transporte, alojamiento, comida, compras y ocio. “En España no había ningún estudio tan exhaustivo con ese nivel de detalle”, destaca a SINC el primer autor, Mario Burgui.
Los resultados muestran que en casi una semana de viaje emitimos más que en cinco semanas en casa, o la décima parte del total anual. Un 48 % procede del transporte, un 33 % de compras, comida y ocio —la quinta parte se debe a lo que comemos y bebemos—, y cerca del 20 % restante corresponde al alojamiento. En los viajes al extranjero casi duplicamos las emisiones de los nacionales, y el volumen crece con el nivel de renta y del gasto en las vacaciones. Los turistas de grandes ciudades como Madrid y Barcelona generan más volumen de GEI.
Reparto de culpas
Los investigadores subrayan algo que otros estudios internacionales también han revelado, y que por otra parte no es sorprendente: un número relativamente pequeño de viajes de larga distancia concentra la mayor proporción de las emisiones. Una vez más, el avión es parcialmente responsable, pero no es el único. Y según lo mencionado, las elecciones de los turistas durante sus vacaciones en cuanto a consumo en general también condicionan su huella de carbono.
Fue una petrolera la que inventó el cálculo de la huella de carbono, una astuta campaña publicitaria para desviar la culpa del cambio climático al ciudadano
Es decir, que la idea y la calculadora de la huella de carbono personal no fueron otra cosa que greenwashing de una petrolera. Por ello, los científicos advierten contra las posibles tentaciones de la industria de quitarse la culpa de encima cargándola en exclusiva sobre el turista: “Hay que tener mucho cuidado, y nosotros no hemos expresado en ningún momento que el único responsable sea el turista”, dice Burgui.

La descarbonización del sector turístico tiene que pasar por varias cuestiones antes de exigirle al turista que reduzca su huella o que pague por compensar su huella

Gentrificación, sobreexplotación turística, vivienda escasa: ¿y si no todo fuera culpa de Airbnb?
El ecoturismo es un caso particular. Tanto los operadores que ofrecen estos viajes como los usuarios que los prefieren buscan minimizar no solo la huella de carbono, sino también el resto de impactos de su actividad turística. Para ello y entre otras medidas, se intenta evitar la masificación y suelen pagarse tasas de conservación.
Pero ¿es siempre el ecoturismo tan ‘eco’ como pretende? Numerosas investigaciones han evaluado casos concretos de cómo esta forma de turismo ha afectado a la conservación de ciertas especies o ecosistemas.
Las conclusiones del impacto del ecoturismo no son siempre favorables
Pero otros estudios muestran que la presencia humana perturba lugares de cría de animales como el león marino en Nueva Zelanda, y altera el comportamiento de especies como los elefantes, que se vuelven más agresivos y desconfiados. Otros animales, al contrario, se convierten en presas más fáciles debido a que el contacto con el ser humano les hace perder el miedo. Y queremos ver ballenas, pero el ruido de los barcos las afecta negativamente.
Una tarea compartida
Por supuesto, uno de los riesgos del ecoturismo es la transmisión de enfermedades, en ambos sentidos. El hantavirus del Hondius es un ejemplo de zoonosis, o transmisión de microorganismos patógenos de animales a humanos. Pero también los turistas pueden contagiar infecciones a la fauna, por ejemplo virus respiratorios a los primates.
Hoy hasta un 93 % de los viajeros manifiestan interés por viajar de forma más sostenible
En cuanto a la propia industria turística, y sin pasar por alto los intentos de greenwashing, los analistas valoran sus avances hacia la sostenibilidad: “Es, de hecho, uno de los sectores que más esfuerzos está haciendo por descarbonizarse”, afirma Burgui; “tiene claro que, si no es sostenible y con una huella de carbono baja, no va a poder sobrevivir”.



