La tríada de eclipses de Sol que nos visita entre 2026 y 2028 marcará el 250 aniversario de un precedente histórico: en 1778 el marino y científico Antonio de Ulloa contempló un ocultamiento total desde un navío en alta mar, observando curiosos fenómenos solares y lunares nunca antes descritos, lo que marcó un hito para la ciencia española de la Ilustración.

Más allá del espectáculo que ofrece un eclipse de Sol, estos fenómenos han servido durante largo tiempo al avance del conocimiento científico. Un ejemplo brillante para la ciencia española tuvo lugar en 1778, cuando el sevillano Antonio de Ulloa tuvo la rara suerte de observar un eclipse total durante una travesía en alta mar. Su estudio logró resonancia internacional para quien hoy es recordado por el hallazgo del platino; un hito que merece conmemorarse con ocasión de los tres eclipses solares que nos visitan en el trienio 2026-2028.
Como antaño era frecuente en las familias de buena posición, la numerosa prole de Bernardo de Ulloa y Josefa de la Torre Guiral debía repartir sus destinos preferentemente entre las funciones públicas, la Iglesia y la carrera militar. Al segundo de los hijos, Antonio (12 de enero de 1716 – 5 de julio de 1795), le correspondió incorporarse a la Armada en la Academia de Guardiamarinas de Cádiz. Pero al no cumplir los requisitos, quedó relegado a lo que entonces se denominaba aventurero, y que hoy entenderíamos como un becario sin sueldo.
A los 14 años Antonio de Ulloa se embarcó en su primer viaje a través del Atlántico
La misión geodésica y el platino
Pero lo que distingue a Antonio de Ulloa de tantas otras figuras históricas destacadas en las armas y en la política comenzó a incubarse en él desde niño: sin otra formación reglada específica que la recibida en la infancia, el interés científico guio buena parte de sus actividades y escritos. Su debut en este campo llegó pronto: antes de cumplir los 19 se le ascendió directamente de guardiamarina a teniente de navío, junto al alicantino Jorge Juan, para que ambos participaran en la misión geodésica de la Academia de Ciencias de Francia.
La expedición tenía como objetivo medir la distancia de un grado del meridiano terrestre en el ecuador y compararla con la registrada por otro equipo en el círculo polar ártico para dilucidar si la Tierra estaba achatada por los polos como una calabaza, la hipótesis newtoniana, o por la cintura ecuatorial como un melón, según Descartes y Cassini. Los resultados, junto con otros estudios, confirmaron la forma que proponía Isaac Newton y que hoy conocemos.
En 1748 publicaba sus resultados anunciando el hallazgo del nuevo metal
En 1748 publicaba sus resultados anunciando el hallazgo del nuevo metal, que años después otros identificarían como el elemento 78 de la tabla periódica, y que recibiría como definitiva su denominación original: platino, un diminutivo de “plata”.
Casualidades inesperadas y afortunadas
En su obra científica, a menudo en colaboración con Jorge Juan, figuran estudios sobre magnetismo y electricidad, la circulación de la sangre en peces e insectos, la flora y fauna de América, o la geografía lunar observada a través de un pequeño telescopio. Le debemos la fundación del Gabinete de Historia Natural, precedente del Museo Nacional de Ciencias Naturales, y el impulso en la creación del Real Jardín Botánico y el Observatorio Astronómico de Cádiz. Fue miembro de instituciones científicas europeas, incluyendo la Royal Society de Londres, ciudad a la que llegó apresado por un bajel inglés durante una travesía.
Vientos adversos desviaron los barcos alargando la expedición, de modo que la flota se encontró en la franja de totalidad en el momento preciso
Y por mera coincidencia, Ulloa estaba allí. Él mismo escribiría que concurrieron “muchas casualidades inesperadas”. La flota de Indias viajaba de regreso desde La Habana, capitaneada por la nave El España bajo el mando de Ulloa. Cumpliéndose lo planeado, el viaje habría concluido antes del eclipse. Pero vientos adversos desviaron los barcos a las islas Canarias, alargando la expedición, de modo que en el trayecto de Tenerife a Cádiz la flota se encontró en la franja de totalidad en el momento preciso. Gracias a aquel azar, la de Ulloa fue la única observación científica del eclipse total.
Los eclipses que nos dieron la velocidad de la luz
La corona solar
“Ulloa fue un observador nato”, comenta a SINC José Manuel Vaquero, catedrático de Física de la Tierra de la Universidad de Extremadura que ha investigado eclipses históricos en España. “Con un instrumental muy básico, pues al ser una casualidad no había nada preparado, consiguió hacer observaciones de gran interés”.
Lo que se temía como un fracaso se convirtió en un éxito rotundo gracias a ese talento observador
El sevillano pretendía refinar el cálculo, pero era difícil tomar datos precisos a bordo de un barco en movimiento, en especial con instrumentos precarios que ni siquiera incluían un reloj con segundero en funcionamiento.
Por ello, Ulloa no logró su objetivo. Pero lo que se temía como un fracaso se convirtió en un éxito rotundo gracias a ese talento observador: el marino describió la corona solar, la capa más externa del Sol que solo se aprecia durante un eclipse total, como una especie de aura luminosa.

En esta época muy pocas descripciones de la corona solar estaban disponibles en la literatura científica

“Ahora nos podría parecer poco relevante, pero en esta época muy pocas descripciones de la corona solar estaban disponibles en la literatura científica”, dice Vaquero. De hecho, ni siquiera la corona recibiría tal denominación hasta el siglo XIX.
La caverna luminosa lunar
Pero además, el comandante de la última flota de Nueva España descubrió algo más insólito: un punto luminoso en el disco oscuro de la Luna cuando bloqueaba el Sol. Según Vaquero, era un descubrimiento “espectacular y poco esperado”; tan misterioso que Ulloa ideó una hipótesis extremadamente audaz: una “caverna luminosa lunar”, escribió, que atravesaba la Luna de lado a lado y a través de la cual, con la alineación correcta, podía verse la luz del Sol durante el eclipse.
Otros fenómenos lunares transitorios se han observado con frecuencia después de aquella observación pionera de Ulloa
Las observaciones de Ulloa se publicaron en dos trabajos en 1778 y 1779, el segundo más extenso y que desgranaba sus propias interpretaciones y conclusiones sobre el eclipse de Sol, “el anillo refractario de sus rayos” y “la luz de este astro, vista a través del cuerpo de la Luna”.
A pesar de sus errores, la repercusión fue formidable: “La comunidad científica de la época acogió estas observaciones con un enorme interés, en parte porque eran inesperadas”, apunta Vaquero; “fueron discutidas en las principales academias científicas de Europa”. Incluso la revista Philosophical Transactions de la Royal Society comentó el trabajo.

La comunidad científica de la época acogió estas observaciones con un enorme interés

Antonio de Ulloa siempre será recordado como el hombre que nos trajo el platino; ¿qué puede rivalizar con el hallazgo de un nuevo metal precioso? Habrá quienes destaquen de él su carrera naval y política. Pero fueron aquellos cuatro minutos de eclipse total en aguas del Atlántico, a las 3:44 de la tarde del 24 de junio de 1778, los que sellaron su posteridad como uno de los brillantes científicos de la Ilustración española.


