La disposición de las momias en una tumba tebana en Luxor muestra cómo las prácticas funerarias y sus implicaciones simbólicas cambiaron con el tiempo, según una nueva investigación con participación española.

La Necrópolis de Tebas, frente a Luxor, consta de más de 400 tumbas. En un estudio publicado en Frontiers in Environmental Archaeology, investigadores españoles examinaron con mayor detalle una parte de una de estas tumbas -la cámara tres de la tumba TT 209- para reconstruir cómo se utilizó y reutilizó este espacio funerario entre su construcción durante la XXV Dinastía (754-656 a. C.) y el período ptolemaico (305-30 a. C.), cuando fue abandonado.

Existía una lógica espacial en la que cada nuevo depósito se adaptaba a la presencia de cuerpos anteriores: una especie de memoria funeraria en los procesos de reutilización

«Teníamos la suerte de contar con una secuencia arqueológica muy bien documentada y con una cronología bastante clara, en buena medida gracias al estudio de la cerámica realizado por nuestra compañera María González. Ya durante la excavación veíamos que había una evolución en la forma de utilizar la cámara, y precisamente los cuerpos, su posición y las relaciones que establecen entre ellos nos permiten reconstruir cómo fue cambiando esa lógica funeraria a lo largo de varios siglos», dice a SINC Jared Carballo-Pérez, primer autor del estudio e investigador de la Universidad de La Laguna.
“Encontramos un total de 16 individuos humanos momificados, un perro momificado y un depósito alterado que contenía los restos de al menos cuatro individuos”, añade.
“El estudio detallado de los cuerpos no indica ni una acumulación caótica ni una pérdida del ritual original con el paso del tiempo. Más bien, existía una lógica espacial en la que cada nuevo depósito se adaptaba a la presencia de cuerpos anteriores: una especie de memoria funeraria en los procesos de reutilización”.
“Tenemos pocos detalles sobre cómo se comportaban las personas que entraban en las tumbas, cuáles eran sus motivaciones en cada período histórico y cómo reconfiguraban conceptualmente el espacio preexistente”, añade Miguel Ángel Molinero Polo, autor principal y profesor de Egiptología en la Universidad de La Laguna.
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A través del tiempo
Para comprender mejor la disposición de los cuerpos y la transformación del espacio funerario, el equipo excavó la cámara, fotografió las momias y elaboró bocetos y descripciones de su posición, orientación y relación con las estructuras de la tumba.
La cámara contiene nueve depósitos funerarios, que incluyen entierros individuales y múltiples, así como objetos funerarios asociados. En los depósitos más antiguos, el equipo observó enterramientos relativamente separados donde los cuerpos fueron colocados en ataúdes.

Individuos momificados de la cámara lateral 3 de la tumba tebana 209, que muestran variaciones en la orientación del cuerpo y la posición de los brazos. / Jared Carballo-Pérez
“Los primeros individuos enterrados aquí parecen haber pertenecido a un alto estatus social, ya que fueron sepultados en ataúdes, con redes funerarias y amuletos, y con un conjunto que contenía objetos costosos, como el contenido de ánforas fenicias, un gran número de las cuales fueron encontradas junto a ellos”, afirma Molinero Polo.
Durante el período persa, el equipo observó un cambio de los depósitos individuales a una disposición vertical de los cuerpos
Por ejemplo, un brazo doblado, mientras que en los entierros anteriores los brazos solían estar extendidos. También durante el período persa, el equipo observó un cambio de los depósitos individuales a una disposición vertical de los cuerpos. Se encontró superposición de cuerpos en dos tercios de los entierros de la cámara.
Reconstrucción de prácticas funerarias
En la sección sureste de la cámara, cuatro momias y un perro momificado están enterrados unos encima de otros, en el período ptolemaico.
“Los cuerpos enterrados en superposición vertical no tenían ataúdes, sino que fueron cuidadosamente momificados. También pueden asociarse con vasijas verticales que apuntan a un ritual específico que no se encuentra en las fases anteriores del uso de la tumba”, explica Molinero Polo.

Evidencia de perturbación y desplazamiento que afecta a dos individuos momificados en la cámara lateral 3. / Jared Carballo-Pérez
“Un detalle que me parece muy bello es la presencia de un perro momificado colocado directamente encima de las momias de un hombre y una mujer”, explica Carballo-Pérez. “Esto podría indicar una estrecha relación entre estos individuos humanos y el animal, una idea con la que creo que es bastante fácil empatizar”.

También podría reflejar un cambio más en la práctica ritual, en el que un animal asume el papel de psicopompo, un ayudante simbólico en el viaje al más allá

“También podría reflejar un cambio más en la práctica ritual, en el que un animal asume el papel de psicopompo, un ayudante simbólico en el viaje al más allá”, añade Molinero Polo.
«Podríamos estar ante una relación cercana entre determinados individuos y el animal, pero también ante una función específicamente ritual; ambas posibilidades incluso podrían no ser excluyentes. Lo interesante es que, hasta donde hemos podido comprobar, la colocación de un perro momificado directamente sobre dos cuerpos humanos de esta manera es un caso realmente excepcional en Egipto», apunta Carballo-Pérez.
Precisamente el perro fue uno de los hallazgos que más lo sorprendió personalmente. Los científicos documentado restos de perros en otros espacios de la tumba y conocen otros ejemplos en contextos funerarios egipcios, pero encontrar un animal momificado colocado directamente sobre un hombre y una mujer genera una relación espacial muy particular. «Es uno de esos hallazgos en los que la arqueología te permite acercarte a comportamientos que, más de dos mil años después, resultan muy sugerentes», asegura.
Esto, junto con ciertos cambios en la disposición de los cuerpos -por ejemplo, en los últimos entierros, los individuos fueron enterrados con ambos brazos cruzados sobre el pecho, en lo que los egiptólogos denominan la posición osiriana-, sugiere que la tumba no se desordenó ni perdió su estructura, ni que se extraviaron los ritos culturales.
Espacios reconfigurados
En cambio, la cámara debe considerarse un espacio reactivado repetidamente, reconfigurado por nuevos entierros que transformaron la organización y el significado del espacio mismo sin borrar el pasado.
En algunos depósitos funerarios, resulta difícil identificar la secuencia exacta de las deposiciones y reconstruir la intencionalidad precisa que las motivó, señala el equipo. Esto se debe a un uso prolongado durante siglos, periodo en el que la cámara se inundó en repetidas ocasiones, además de incendios y reingresos humanos que transportaron escombros al interior de la tumba.
«El siguiente paso es acercarnos mucho más a las propias personas enterradas allí. Desde la bioarqueología estamos estudiando qué pueden contarnos sus huesos sobre salud, actividad física y condiciones de vida cotidiana, y cómo estas variables pudieron cambiar entre los distintos momentos de utilización de la tumba. Es una línea que ya tenemos en fase de estudio y cuyos resultados esperamos poder publicar próximamente”, concluye Carballo-Pérez.
Referencia:
Carballo-Pérez, J. et al. (2026). “From individualized mummies to collective accumulations: an archaeothanatological analysis of funerary reuse in Theban Tomb 209 (Twenty-Fifth Dynasty–Ptolemaic Egypt)”. Frontiers in Environmental Archaeology.
