Lejos de ser meros adornos de mapas medievales y renacentistas, las sirenas, los leones acuáticos y otras criaturas fantásticas revelan cómo Europa imaginó el océano cuando aún era una frontera desconocida y temible. Así lo afirma este investigador, quien revela cómo el temor a los seres de las profundidades persiste hasta hoy bajo nuevas formas.

En 2009, Chet Van Duzer ingresó a la Biblioteca Nacional de España, en Madrid, lleno de preguntas y salió con una obsesión. “Fui a ver un manuscrito de la Geografía de Ptolomeo de mediados del siglo XV”, cuenta a SINC este historiador de la cartografía. “Cuando lo abrí, vi que los mapas estaban completamente llenos de monstruos marinos, bellamente dibujados, algo que no sucede en las otras 57 copias conocidas y que no aparecía mencionado en ninguno de los trabajos que había consultado. Me parecieron fascinantes”.
¿Por qué estaban allí? ¿Qué función cumplían aquellas sirenas, leones acuáticos, cerdos marinos y tritones? ¿Quiénes habían dibujado aquellas criaturas que aparecen nadando ágilmente, retozando entre las olas o atacando barcos? Este investigador estadounidense se propuso averiguarlo. Exploró cientos de mapas, cartas náuticas, manuscritos, globos terráqueos. Recorrió decenas de bibliotecas.
El resultado lo plasmó en un libro magnífico, Sea Monsters on Medieval and Renaissance Maps, recientemente traducido al español como Monstruos marinos en mapas medievales y renacentistas por la Editorial Universidad del Rosario. Allí Van Duzer advierte: el miedo a estas criaturas de las profundidades aún ronda la imaginación moderna.
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¿Qué tipo de monstruos marinos encontró en los mapas que estudió?
Los más comunes son las sirenas, los tritones y las criaturas parecidas a ballenas. Una forma habitual de crear monstruos consistía en combinar partes de distintos animales para dar lugar a algo imposible o inusual. Muchos de los monstruos marinos que aparecen en los mapas medievales son híbridos: el perro marino, el león marino, el cerdo marino, caballos marinos. Hay que entender que, en aquella época, se creía que cada criatura terrestre tenía su equivalente en el mar.
¿Y cuáles eran los menos frecuentes?
El pulpo gigante, que pese a ocupar un lugar tan importante en nuestra imaginación actual, aparece muy rara vez en los mapas antiguos. También me sorprendió que el tiburón no tuviera en el pensamiento de la Edad Moderna temprana la prominencia que tiene hoy como criatura peligrosa.
¿Qué fue lo que más le llamó la atención cuando empezó a explorar este tema?
Que casi nadie hubiera estudiado estas atractivas representaciones gráficas. Parece el tema más obvio del mundo, así que me sentí increíblemente afortunado de encontrarlo casi inexplorado.
Para mí, es la mejor puerta de entrada para despertar el interés por los mapas: los monstruos marinos son imágenes muy cautivadoras. El tema es importante no solo para la historia de la cartografía y del arte, o para la ilustración zoológica, sino también para la geografía de lo maravilloso y para comprender las concepciones occidentales del océano.

Para mí, es la mejor puerta de entrada para despertar el interés por los mapas: los monstruos marinos son imágenes muy cautivadoras

¿Cumplían alguna función estos monstruos marinos o eran simples elementos decorativos?
Para los observadores medievales y renacentistas, los monstruos marinos en los mapas europeos funcionaban como señales visuales de peligro. Muchos provenían de fuentes consideradas entonces autorizadas: las historias de Plinio el Viejo, los bestiarios, las enciclopedias o los relatos de marinos.
También podían desalentar los viajes por mar y ayudar a ahuyentar a pescadores de otras naciones. Al mismo tiempo, cumplían una función ornamental: embellecían los mapas y los volvían visualmente más ricos. En algunos contratos de encargo cartográfico que se conservan, incluso se especifica que se pagaba por cada decoración adicional.

Los monstruos marinos en los mapas medievales funcionaban como señales visuales de peligro, cuenta el historiador cartográfico Chet Van Duzer. / Gentileza Chet Van Duzer.
Cuando se piensa en monstruos marinos en mapas, suele aparecer la frase en latín “Hic sunt dragones” (“Aquí hay dragones”) para señalar territorios desconocidos, peligrosos o no explorados. Pero usted señala que no es tan habitual. ¿Por qué?
A pesar de la creencia popular de que se trata de una frase común en los mapas antiguos, en realidad es extraordinariamente rara. Solo se ha encontrado en tres objetos cartográficos, entre mapas y globos terráqueos. Aparece, por ejemplo, en un manuscrito de Fleur des histoires, de 1480, donde un dragón alado está acompañado por esa leyenda; y en el globo terráqueo de Hunt-Lenox, de 1510: allí aparece la inscripción “hic svnt dracones” en la costa sudeste de Asia. La frase se utilizó para transmitir una sensación de autoridad y precisión, y para convertir el océano en un espacio plagado de terror, en contraste con la seguridad del mundo habitado.
¿Qué dicen estos monstruos sobre la mentalidad cultural de la época?
Cuando analizamos los intentos de representar lo desconocido -y el océano lo era en la antigüedad y la Edad Media-, lo que vemos es más un reflejo de las personas que creaban estas imágenes y de sus miedos que de la realidad. Los océanos eran una frontera llena de misterios e incertidumbres.
Un ejemplo claro es el techo de una iglesia del siglo XII en Zillis, Suiza, que muestra una imagen del mundo rodeada de monstruos feroces: allí, el miedo a lo desconocido funciona como motivación evidente. Durante el Renacimiento, en cambio, los monstruos marinos de los mapas reflejan y expresan un interés creciente por las maravillas del mundo.

Cuando analizamos los intentos de representar lo desconocido -y el océano lo era en la antigüedad y la Edad Media-, lo que vemos es más un reflejo de las personas que creaban estas imágenes y de sus miedos que de la realidad

¿La tradición de incluir monstruos marinos en los mapas medievales fue exclusivamente occidental?
Sí, principalmente. Existe un mapa chino muy antiguo que incluye algunos monstruos, sobre todo dragones, que en la concepción china son criaturas acuáticas. También hay algunos mapas islámicos con monstruos marinos bastante interesantes, pero, en su mayoría, se trata de una tradición occidental.
¿La persona que dibujaba los monstruos era la misma que trazaba las islas o se trataba de alguien diferente?
Usualmente era una persona diferente. Había una división del trabajo donde el cartógrafo dibujaba la geografía y las líneas de costa, y luego se contrataba a un artista especializado para pintar estas criaturas, como peces con un solo ojo, tortugas voladoras o delfines con rostros humanos. Eran especialistas en monstruos marinos, lo cual no era un mal trabajo.
¿Había diferencias entre los monstruos del Viejo Mundo y los del Nuevo Mundo?
Muchos de los monstruos terrestres europeos simplemente ‘migraron’ al Nuevo Mundo en la imaginación de la gente, como si esas mismas criaturas también debieran existir allí. Lo mismo ocurrió con los monstruos marinos, aunque algunos fueron descritos como nativos del Nuevo Mundo por autores como el explorador francés André Thevet. Sin embargo, la variedad de monstruos marinos asociados al Nuevo Mundo no fue tan amplia como la del Viejo Mundo.

La variedad de monstruos marinos asociados al Nuevo Mundo no fue tan amplia como la del Viejo Mundo

¿Cuál era el público de estos mapas?
Una élite de académicos y nobles que los coleccionaban, los estudiaban y también los exhibían en palacios como símbolos de poder. Es irónico, pero las cartas náuticas que se usaban realmente para navegar solían ser muy sencillas y carecían de decoraciones, debido al uso intenso y al efecto corrosivo del aire salino.

Los monstruos marinos en los mapas medievales funcionaban como señales visuales de peligro, cuenta el historiador cartográfico Chet Van Duzer. / Gentileza Chet Van Duzer.
¿Podemos ver en estas representaciones una forma temprana de zoología?
Creo que sí, sobre todo cuando la imagen aparece acompañada de un texto descriptivo que menciona características o hábitos de la criatura. Eso le otorga un valor más científico. La creatividad era increíble: en el manuscrito de Ptolomeo de Madrid hay muchísimos tipos de sirenas, con una cola o con dos, con o sin ropa europea, portando espejos o peinándose.
¿Cuándo empezaron a desaparecer los monstruos marinos de los mapas?
A finales del siglo XVI. No fue un proceso repentino. También influyó el paso de los mapas manuscritos a los mapas impresos. Con la llegada de la imprenta, la audiencia se amplió ligeramente. Los cartógrafos empezaron a incluir monstruos marinos no solo por encargo, sino también como una estrategia comercial: hacían que los mapas fueran más llamativos, suntuosos y atractivos para el público que podía costearlos.
Con el tiempo, los monstruos se volvieron menos elaborados y cada vez más decorativos. A medida que los mapas adquirieron un carácter más matemático y científico, esas figuras pasaron a considerarse opcionales y, finalmente, fueron omitidas. En el siglo XX reaparecieron en mapas pictóricos, aunque de forma irónica o caricaturesca. También influyó un cambio en la percepción del océano.
¿Cómo?
Dejó de ser un lugar de peligro desconocido para convertirse en un espacio de oportunidad económica y control humano, una nueva ruta de comercio y exploración.

A medida que los mapas adquirieron un carácter más matemático y científico, esas figuras pasaron a considerarse opcionales y, finalmente, fueron omitidas

Usted menciona que solo sobrevive un pequeño porcentaje del corpus original de mapas medievales. ¿Tiene esperanza de que aparezca alguno nuevo en una colección privada?
Soy optimista y creo que es posible. Un ejemplo es el mapa del siglo XV del cartógrafo alemán Henricus Martellus Germanus, que apareció inesperadamente a finales de los años cincuenta y contiene descripciones fascinantes de monstruos. Podrían surgir otros que nos permitan aprender más sobre estas historias.
¿Qué le gustaría saber que no sabe?
Me encantaría tener más registros sobre las reacciones de la gente ante los mapas y los monstruos marinos en el siglo XVI. Es difícil para nosotros hoy en día ver esos mapas con la mentalidad de alguien que vivió en aquella época.
Últimamente, las transmisiones en vivo del lecho marino, como las campañas científicas organizadas por el Instituto Oceánico Schmidt, volvieron a despertar el interés por los océanos y por su fauna asombrosa y desconocida. ¿Cree que la idea de los monstruos marinos se desvaneció del todo?
Creo que sigue viva. El miedo a los monstruos marinos persiste en cierta medida, aunque también se ha desplazado hacia la curiosidad. Ver una imagen en una pantalla es seguro; encontrarse con la criatura en persona sería otra cosa. La idea de ‘monstruo’, entendida como algo extraño que despierta a la vez curiosidad y temor, todavía sigue ahí. El temor no ha muerto.

