Una investigación basada en datos de más de 33 000 estudiantes en España relaciona este comportamiento con el uso problemático de internet, el consumo de sustancias, el conflicto familiar y algunas conductas sexuales de riesgo. El sexo de quien consume es la variable con más peso.
Un estudio de la Universitat Rovira i Virgili (URV) ha analizado qué factores están más asociados al uso de pornografía durante la adolescencia. Los resultados muestran que el sexo es la variable con mayor capacidad predictiva, seguida del uso problemático de Internet, el consumo de cannabis y alcohol, el conflicto familiar y algunas conductas sexuales de riesgo.
El objetivo era determinar qué variables personales, familiares, digitales y conductuales contribuyen más a predecir si un adolescente declara haber visto o utilizado pornografía
“Nuestro objetivo no era señalar a adolescentes individualmente, sino entender mejor qué factores tienden a aparecer asociados a este comportamiento”, explica Jorge de Andrés-Sánchez, investigador del Social and Business Research Laboratory de la URV y coautor del artículo.
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Inteligencia artificial para detectar patrones
El estudio combina la regresión logística, una técnica estadística convencional, con tres modelos de aprendizaje automático —XGBoost, LightGBM y CatBoost— y técnicas de inteligencia artificial explicable. Estas herramientas permiten detectar relaciones complejas entre variables y conocer qué peso tiene cada una en las predicciones.
Las herramientas usadas permiten detectar relaciones complejas entre variables y conocer qué peso tiene cada una en las predicciones
“La inteligencia artificial nos ayuda a ver que este comportamiento no aparece de manera aislada, sino dentro de un perfil más amplio de factores digitales, familiares y conductuales”, señalan los autores.
El sexo, uno de los factores con mayor peso
El sexo es, con diferencia, la variable que más pesa en las predicciones, con una probabilidad de uso de pornografía más elevada entre los chicos. La edad también está asociada, pero tiene una importancia predictiva menor.
También tienen un peso menor algunas conductas sexuales de riesgo, como haber mantenido relaciones sin preservativo
A continuación aparecen el consumo de cannabis y alcohol y el conflicto familiar. También tienen un peso menor algunas conductas sexuales de riesgo, como haber mantenido relaciones sin preservativo o haber tenido una relación sexual de la que el adolescente se arrepintiera al día siguiente. En cambio, el control parental muestra una contribución mucho más limitada cuando todas las variables se analizan conjuntamente.
El estudio también detecta diferencias entre chicos y chicas. Entre los chicos, el consumo de alcohol es el predictor más importante una vez excluido el sexo del análisis, mientras que entre las chicas lo es el uso problemático de Internet. También varía el peso del conflicto familiar. Las diferencias según la edad, en cambio, son más reducidas.
Una prevención más global
El equipo investigador insiste en que los resultados muestran asociaciones y patrones predictivos, pero no permiten establecer relaciones de causa y efecto. Por ello, los modelos no deben utilizarse para diagnosticar, etiquetar o sancionar a adolescentes concretos, sino para entender mejor el fenómeno y orientar políticas educativas y preventivas.
Las conclusiones apuntan hacia programas que combinen educación afectivo-sexual, alfabetización digital, reflexión crítica sobre los contenidos pornográficos
“La pornografía no debería abordarse como un fenómeno desconectado del resto de dimensiones de la vida adolescente. Forma parte de un ecosistema más amplio de prácticas digitales, relaciones familiares, consumo de sustancias y educación sexual”, resumen los autores.
Referencia:
De Andrés-Sánchez J, Belzunegui-Eraso Á, Pastor-Gosálbez I y Sánchez-Aragón A. (2026). Predicting Pornography Use Among Adolescents in Spain: Findings from Ensemble Tree Models and Explainable Machine Learning. Computation (2026).

