Por: Fernando Naranjo-Villacís
fnaranjo@gye.satnet.net

Con entusiasmo y confianza, ha recibido la grey católica guayasense a su quinto arzobispo, Mons. LUIS GERARDO CABRERA HERRERA. Nacido en Azogues, 60 años de edad. Es doctor en teología y filosofía, pertenece a la orden franciscana, tiene 32 años de servicio religioso. Fue Arzobispo de Cuenca y es el segundo franciscano después del cardenal Bernardino Echeverría y el tercero nacido en el Ecuador; los dos últimos: Juan Larrea Holguín, argentino y Antonio Arregui Yarza, español.

En su mensaje inicial nos refiere algo muy importante que debemos poner en práctica, pues estamos viviendo tiempos difíciles para la humana convivencia; dijo: “La sanación de la mente, de la conciencia y del corazón comienza por el perdón. El perdón nos libera de una serie de tensiones y conflictos internos que nos quitan la paz y la alegría de vivir. Sin perdón, poco a poco se acumulan en el alma sentimientos negativos, como el rencor y la amargura, frutos de alguna ofensa recibida de fuera o de nosotros mismos. En este proceso de sanación descubrimos que es necesario saber perdonarnos a nosotros mismos, perdonar a los demás y de esta manera, alcanzar el perdón de Dios.

Muchas veces nos sentimos desilusionados de nosotros mismos, quizás por algunos hechos o actitudes que nos avergüenzan. Para ello es necesario tomar conciencia de que no somos perfectos y que, por lo mismo, nos podemos fallar, pero que tampoco vale la pena pasarnos la vida reprochándonos o lamentándonos por lo sucedido. Lo realmente sabio es reconocer nuestros errores, -por grandes que sean- perdonarnos y aprender valiosas lecciones para seguir adelante, sin desfallecer.

Perdonarse a sí mismo es un acto de humildad y también de valentía. La humildad nos ayuda a no ocultar nuestros errores, sino a asumirlos con serenidad, sinceridad y realismo; y la valentía nos ayuda a mirar de frente las cosas y a retomar el camino sin ser acusados ni menospreciados. Perdonar y pedir perdón son dos claves esenciales para alcanzar la madurez cristiana que todos estamos llamados a conseguirla”.

Con su característico sentido del humor, recordaba que, durante su cargo anterior, los cuencanos decían, que la suya es una ciudad tan rebelde que tiene un “cabrera” en la Alcaldía y otro en la Curia. Ambos comparten apellido pero no lazos sanguíneos. El quinto arzobispo de Guayaquil, tendrá a su cargo cerca de cuatro millones de habitantes repartidos en 237 parroquias.

Damos la bienvenida a Mons. Cabrera. Que su misión fortalezca el bien espiritual que tanto necesitamos en esta civilización en crisis. Es nuestra esperanza mayor.

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