La Escuela Democrática Miguel de Santiago: La valoración de lo propio y el surgimiento de una generación estelar de la pintura quiteña

El antecedente inmediato de esta Escuela es la fundación, en 1849, del Liceo de Pintura, dirigido por el pintor francés Ernesto Charton y subvencionado por el filántropo Ángel Ubillús. La Escuela Democrática Miguel de Santiago, que tomó el nombre del mayor pintor colonial, se constituyó el 31 de enero de 1852 con un doble objetivo: propiciar el cultivo del arte e impulsar la vigencia de la democracia.

Evidentemente, la sociedad tenía también un propósito político: oponerse al gobierno autoritario del general Juan José Flores. A su fundación –realizada en el coliseo de Quito- concurrieron 92 socios, entre pintores, escritores, músicos y artesanos. Los directivos de la sociedad fueron: Javier Endara, protector; Ramón Vargas, presidente y Juan Agustín Guerrero, vicepresidente.

En el campo de las Bellas Artes, la Escuela Democrática Miguel de Santiago cumplió una función cardinal: reunir a un importante grupo de pintores, que habría de transformar completamente el modo de comprender y ejercer el arte pictórico. Rafael Salas, Luis Cadena, Juan Manosalvas y Joaquín Pinto son los protagonistas de un momento estelar de pintura ecuatoriana, durante el que se renovaron tanto las técnicas como los temas. Los cuatro artistas introdujeron el paisaje ecuatoriano como motivo pictórico. Luis Cadena puso mayor énfasis en el retrato, en el que adquirió una expresividad y un magisterio técnico inigualable. Joaquín Pinto fue el primer pintor que incorporó la representación del indio y de las costumbres populares como temas insoslayables de la plástica nacional. Estos cuatro artistas crearon un nuevo lenguaje pictórico como una manera privilegiada de apropiarse del paisaje, los tipos humanos y las costumbres del país.

La Escuela Democrática Miguel de Santiago no sólo que impulsó la enseñanza de las artes, sino que se convirtió en un lugar de reflexión sobre la orientación que debía tomar el arte ecuatoriano. Durante la sesión solemne realizada el 6 de marzo de 1852, en celebración del séptimo aniversario de la caída de Flores, Francisco Gómez de la Torre se refirió, en su discurso, a las tareas pendientes del arte ecuatoriano: “… la pintura entre nosotros se ha mantenido campeando en el teatro servil de la imitación. Pero ahora ella se lanza en pos de la invención y la originalidad para tomar un carácter nacional. La literatura, la música y la pintura, representadas por las sociedades Ilustración, Filarmónica y Escuela Democrática, empiezan a conquistar su independencia y nacionalidad para no mendigar la ciencia y la inspiración en las naciones que llevan la vanguardia de la civilización”.

(…) Otras de las virtudes de la Escuela fue su capacidad de captar la atención y el interés de los poderes públicos, de manera que el Congreso Nacional de 1854 asignó 6.000 pesos para pagar el viaje y la estadía en Europa de dos jóvenes artistas para que se especializaran en pintura. Los elegidos fueron Rafael Salas y Luis Cadena, ellos fueron los primeros de un grupo de artistas que fueron a perfeccionarse a Europa, en demostración de un claro interés del Estado por patrocinar la evolución de las artes…

Tomado del libro “ 200 años de pintura quiteña” editado por Xavier Michelena

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