Por Bernarda TomaselliPara Boris Salinas Ochoa, un hogar es la expresión máxima del amor. La casa que hoy habita empezó siendo un cuarto pequeño y una cocinita. Los seis hermanos dormían en una misma cama. Su madre, María Luisa Ochoa, era comerciante y generaba gran parte del dinero que se utilizó para ampliar la casa, pero la labor era cara y exhaustiva. Ante esta realidad, Boris y su hermano Aquiles decidieron hacer mejoras al inmueble, mientras María Luisa trabajaba, para que cada vez que regresara al hogar encontrara algo mejor. Las muestras del amor que la sorprendían y alegraban se expandieron en la propiedad y tomaron la forma de un jardín lleno de flores y cactus que es visitado hoy por gran cantidad de aves; paredes llenas de mosaicos multicolores elaborados con pedazos de cerámica redondeada que ha sido suavizada por el torrente del Zamora; talleres de artes plásticas y espacios amplios para el desarrollo de actividades culturales y una colección de arte local, que son parte de Ñaño Casa Museo.

Boris y su familia se describen como “Artivistas”. Usan el arte como una herramienta del activismo político, bajo la premisa de que la transformación del mundo es posible y la clave es la reducción del consumo; es por esto que la austeridad es uno de los principios más importantes de su accionar. Los eventos que desarrolla Ñaño Casa Museo se han gestionado siempre desde la 8 solidaridad, la sustentabilidad y la generosidad. Casi todos son gratuitos y tienen un fuerte componente social. Durante el mes de noviembre, con motivo del Evento Madre Tierra, Boris recibió a setenta artistas y más de doscientas personas en Ñaño Casa Museo, que con actividades musicales, pintura, danza y escultura abrieron un espacio de diálogo sobre la importancia de las acciones conjuntas y comunitarias para enfrentar el cambio climático y el deterioro de nuestro planeta.

En el taller de escultura, un albañil de arcilla mira con la frente en alto el azul añil de las paredes. La obra mira a la obra. Boris no puede definir en qué habitación se encuentra el corazón de su casa, porque todo se ha hecho con cariño paciencia y tiempo. Recuerda que de chicos todos trabajaban en la calle para poder aportar a las mejoras del hogar y que cada cuarto terminado los llenaba de ilusión, por eso es imposible definir dónde está el corazón. En todo caso, se podía decir, que la casa está llena de corazones. La presencia de Ángel Vidal Salinas, el padre de Boris, vibra en cada ladrillo del hogar. La familia recuerda al patriarca como un intelectual alegre a tiempo completo. Compartía sus conocimientos de medicina con la gente más pobre de la provincia. Además, fue un activista político incansable que permaneció firme a sus convicciones aún en los momentos más oscuros. En los ojos de Boris y de su hijo crecen las semillas de rebeldía que Ángel plantó con su caminar coherente por la tierra, como las margaritas florecen en una llanta lisa pintada de colores que es ahora una hermosa maceta en la entrada de la casa.

A pesar de que Boris es reconocido como un talentoso escultor en la ciudad de Loja, huye de los encasillamientos y prefiere definirse como un buscador del alma de las cosas. “La arquitectura y la ingeniería a veces no tienen alma, son construcciones muy prácticas, muy frías. Nosotros ahora hacemos intervenciones artísticas en las viviendas y ponemos alma a las construcciones con pintura y materiales que reciclamos y elaboramos en el taller”, comenta.

Hay que tener visión para resignificar las cosas, para poder mirar lo que hay detrás de un plato roto o una taza con óxido o una llanta vieja. Casi todos los materiales que Boris utiliza para crear sus obras los encuentra en sus largas caminatas. Le llaman la atención los objetos con cicatriz, que tienen muestras de haber sido amasados por el tiempo.

Mientras caminamos por la casa, Boris cuenta que su museo no aparece en ninguna guía turística de la ciudad, porque se rehusó a hacer los cambios que le pedían los inspectores de la municipalidad y que alteraban el concepto que había construido y el propósito de Ñaño Casa Museo. “Mediante este espacio, nosotros subvencionamos a la cultura, porque brindamos una alternativa diversa de lo que se espera de la gestión cultural y principalmente porque amamos a nuestra tierra y creemos que otro mundo es posible”. Con estas palabras nos despedimos de Boris en Ñaño Casa Museo, mientras pensamos en lo distinto que sería el mundo si nuestras acciones estuvieran guiadas por la solidaridad, la generosidad y la austeridad.

Compartir este artículo:

Otros artículos: