
Desde el punto de vista geográfico, los artículos de este número se centran en Indonesia (dos veces: una de forma más general y la segunda enfocándose en las provincias indonesias de Papúa), Uganda, Pakistán y Estados Unidos, mientras otros adoptan una perspectiva más amplia. Dos artículos investigan el papel de los educadores como posibles agentes de cambio para la sostenibilidad y la acción climática, y otro examina el potencial que tiene el aprendizaje a lo largo de la vida en las iniciativas impulsadas por la sostenibilidad. Un cuarto artículo analiza la contribución del aprendizaje a lo largo de la vida a los esfuerzos nacionales para promover la pesca sostenible. Los tres últimos artículos exploran, respectivamente, el aprendizaje móvil, la inclusión de los estudiantes indígenas y el acceso a la educación postsecundaria para los adultos que trabajan.
En su introducción al número, el editor Paul Stanistreet señala que, con el «fin de la Agenda 2030 […] ya a la vista, los avances en la mayoría de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y sus metas [son] hasta ahora insuficientes». Sin un multilateralismo renovado, escribe, «pareciera que el mundo no alcanzará sus compromisos en una serie de frentes críticos, desde la igualdad de género (ODS 5) hasta la acción por el clima (ODS 13)».
También menciona el «hito» del Acuerdo de París, diez años después de su adopción, en el contexto de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP30) celebrada en Belém, Brasil, en noviembre de 2025. También en este caso, a pesar de algunos avances, hasta ahora no se han alcanzado los principales objetivos, mientras el mundo espera «a que los países que más combustibles fósiles queman vean las ventajas económicas de la transición».
«Las acciones colectivas y el activismo de las personas y las comunidades [son] más importantes que nunca en un contexto en el que la hoja de ruta para la eliminación gradual de los combustibles fósiles sigue siendo voluntaria e imprecisa». Según él, aquí es donde la educación «tiene un papel fundamental que desempeñar». Más allá de «preparar a las personas para los nuevos puestos de trabajo que surgirán con la transición ecológica prevista» y «animarlas a comportarse de forma responsable para minimizar su huella de carbono», la educación tiene el potencial de empoderar a las personas «para exigir y llevar a cabo cambios en sus comunidades, ya sea de forma individual o como parte de movimientos más amplios de cambio social».
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