La especie, estudiada desde hace décadas, emite un resplandor turquesa en la parte ventral y en los laterales, coincidiendo con la distribución de sus glándulas cutáneas y de sus secreciones venenosas. Los compuestos fluorescentes también están presentes en la sangre, un rasgo poco habitual que hasta ahora solo se había descrito en determinadas especies de ranas.

Un equipo internacional de investigación liderado por científicos del Museo de Ciencias Naturales de Barcelona y Instituto de Biología Evolutiva (IBE), entre otros centros, ha descubierto que la salamandra común (Salamandra salamandra) es biofluorescente. El trabajo, publicado en la revista Royal Society Open Science, revela que esta especie icónica emite luz turquesa cuando se la expone a radiación ultravioleta, un fenómeno que había pasado desapercibido hasta ahora a pesar de décadas de estudio.
La biofluorescencia está localizada en las glándulas de la piel y en las secreciones que estas producen, las cuales mantienen su capacidad fluorescente durante más de 24 horas después de ser liberadas.
El estudio revela que esta biofluorescencia se concentra principalmente en la zona amarillenta del vientre de la salamandra y en los laterales del cuerpo. Concretamente, está localizada en las glándulas de la piel y en las secreciones que estas producen, las cuales mantienen su capacidad fluorescente durante más de 24 horas después de ser liberadas.
Un anfibio que brilla por la noche
“Es fascinante que una especie tan estudiada aún contenga fenómenos desconocidos como este. Nos recuerda que incluso los organismos más familiares pueden esconder secretos que solo se revelan cuando se observan con nuevas herramientas”, comenta Bernat Burriel, investigador del Museo y primer autor del trabajo.

Es fascinante que una especie tan estudiada aún contenga fenómenos desconocidos como este

Cuando recibe luz ultravioleta, imperceptible para el ojo humano, las sustancias químicas presentes en la piel de la salamandra transforman la radiación y la vuelven a emitir en el espectro visible, en tonos verdes y azules. Este fenómeno, llamado biofluorescencia, se diferencia de la bioluminescencia porque depende de una fuente de luz externa. En cambio, los organismos como las luciérnagas generan su propia luz mediante reacciones químicas.
Durante muchos años, la biofluorescencia se consideró limitada a los entornos marinos, con la rara excepción de los escorpiones. Sin embargo, descubrimientos recientes han demostrado que también es común entre animales de ambientes terrestres, incluyendo reptiles, aves y anfibios.
La función de la biofluorescencia
La biofluorescencia puede tener funciones ecológicas relevantes. Por ejemplo, podría facilitar la comunicación entre individuos, influir en la selección de la pareja o reforzar las señales de alerta contra depredadores. Aun así, su papel exacto en las salamandras sigue planteando interrogantes.

La fluorescencia podría ayudar a las salamandras a detectarse mutuamente en contextos nocturnos o entornos muy densos

“La fluorescencia cumple varios criterios que sugieren una función comunicativa. Podría ayudar a las salamandras a detectarse mutuamente en contextos nocturnos o entornos muy densos”, dice Martin Kaltenpoth, director del Departamento de Simbiosis de Insectos del Instituto Max Planck de Ecología Química y coautor del estudio. El hecho de que se encuentre en secreciones tóxicas también apoya la hipótesis sobre su rol en las interacciones con otras especies.

El descubrimiento amplía el conocimiento sobre la biología de los anfibios. / Museo de Ciencias Naturales de Barcelona
Aunque los humanos solo pueden observar esta fluorescencia con la ayuda de una lámpara UV, algunos animales tienen una visión lo suficientemente sensible para percibirla incluso a bajas intensidades. De hecho, durante la noche, la única iluminación que llega al suelo de los bosques donde viven las salamandras proviene de las estrellas y la Luna. Esta luz contiene una proporción relativamente más alta de longitudes de onda UV que la luz diurna, lo que podría favorecer la percepción de esta fluorescencia y ayudar a las salamandras a reconocerse mejor entre ellas.
Señalización aposemática
La fluorescencia natural de la salamandra también podría formar parte de una estrategia de señalización aposemática, es decir, una estrategia basada en el uso de colores llamativos para disuadir a los depredadores y advertirles de su toxicidad.
En el caso de las salamandras, este vínculo ya se estableció hace más de un siglo con el descubrimiento de las samandarinas, un grupo de alcaloides esteroides altamente tóxicos derivados de precursores del colesterol. En este contexto, la fluorescencia podría reforzar la señal de advertencia ya producida por sus colores amarillo y negro.

El hallazgo de este fenómeno ha sido sorprendente, ya que las secreciones de las salamandras se han estudiado químicamente durante décadas

“El hallazgo de este fenómeno ha sido sorprendente, ya que las secreciones de las salamandras se han estudiado químicamente durante décadas y no había constancia de ningún informe publicado sobre fluorescencia”, explica Andrés Brunetti, del Instituto Max Planck de Ecología Química y coautor del estudio.
“Todavía no sabemos cuál es el compuesto responsable de esta fluorescencia, pero todo indica que es una molécula desconocida en esta especie. Identificarla será clave para entender su origen y función”, añade Salvador Carranza, director del IBE y también coautor del estudio. Por esta razón, los investigadores están actualmente en proceso de caracterizar químicamente los compuestos candidatos.

La fluorescencia podría reforzar la señal de advertencia ya producida por sus colores amarillo y negro. / Museo de Ciencias Naturales de Barcelona
Implicaciones para la conservación
El descubrimiento amplía el conocimiento sobre la biología de los anfibios, pone de manifiesto la importancia de estudiar los organismos desde nuevas perspectivas y puede tener implicaciones para su conservación, ya que una mejor comprensión de los mecanismos de comunicación y comportamiento puede ayudar a proteger a las especies vulnerables.
En el estudio también han participado investigadores del Instituto de Biología Evolutiva (IBE), un centro mixto del CSIC y la Universidad Pompeu Fabra, y el Instituto Max Planck de Ecología Química de Jena, Alemania, Instituto de Biología Subtropical y de la Sociedad Catalana de Herpetología.
Referencia:
Burriel-Carranza, B. et al. (2026). Glandular biofluorescence in fire salamanders (Salamandra salamandra): first evidence and ecological implications. Royal Society Open Science.
