Un amplio análisis de casi 15 000 personas en Suecia muestra que el impacto de algunos de estos fármacos en las bacterias intestinales puede persistir mucho más tiempo de lo que se pensaba. Incluso un único ciclo de tratamiento es capaz de dejar efectos detectables durante años.

En un momento en que la resistencia a los antibióticos es ya una de las principales amenazas para la salud global, los investigadores también están prestando atención a otros posibles efectos a largo plazo de estos fármacos, como su impacto duradero sobre el microbioma humano.
Los tratamientos con antibióticos pueden alterar durante mucho tiempo la composición de la comunidad de bacterias que habita en el intestino, conocida como microbioma intestinal.
Un equipo internacional liderado por investigadores de la Uppsala University ha analizado la relación entre el historial de uso de estos medicamentos y la composición del microbioma intestinal en casi 15 000 adultos. El trabajo muestra que ciertos tipos de antibióticos se asocian con cambios en el microbioma incluso entre cuatro y ocho años después del tratamiento. Los resultados se publican en la revista Nature Medicine.
Se sabe que los antibióticos tienen un gran impacto a corto plazo en el microbioma intestinal, pero hasta ahora no estaba claro cuánto tiempo podían persistir estos cambios
Se sabe que los antibióticos tienen un gran impacto a corto plazo en el microbioma intestinal, pero hasta ahora no estaba claro cuánto tiempo podían persistir estos cambios.
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Incluso con un solo tratamiento
Los autores han encontrado fuertes asociaciones entre el historial de uso de antibióticos de una persona y la composición actual de su microbioma intestinal, incluida la diversidad de especies bacterianas.
“Podemos ver que el uso de antibióticos de hace entre cuatro y ocho años está relacionado con la composición del microbioma intestinal actual de una persona. Incluso un único tratamiento con ciertos tipos de antibióticos deja huella”, afirma Gabriel Baldanzi, primer autor del estudio y antiguo doctorando en la universidad sueca.
El investigador subraya que estos resultados no deberían cambiar el principio básico de la prescripción de antibióticos. “La elección del antibiótico para tratar una infección se basa sobre todo en qué bacterias es más probable que la causen y en sus perfiles de resistencia”, comenta a SINC. “Estos factores siguen siendo los determinantes más importantes”.
Cuando dos antibióticos son igual de eficaces podría considerarse un tercer elemento: sus efectos colaterales
Prescripción responsable
“En Suecia el uso de antibióticos se toma muy en serio y el país ya cuenta con políticas estrictas de prescripción responsable”, añade Baldanzi. “La gente debe seguir siempre las recomendaciones de su médico. Dicho esto, nuestros resultados arrojan luz sobre otras consecuencias a largo plazo de los antibióticos que rara vez se tienen en cuenta”.
El trabajo fue posible gracias al exhaustivo registro sueco de medicamentos prescritos, que contiene información sobre todos los antibióticos dispensados en farmacias
El trabajo fue posible gracias al exhaustivo registro sueco de medicamentos prescritos, que contiene información sobre todos los antibióticos dispensados en farmacias. Los autores pudieron vincular estos datos con biobancos suecos de la Uppsala University y la Lund University que contienen información sobre el microbioma intestinal.
Mayor asociación con ciertos antibióticos
Los resultados variaron considerablemente según el tipo de antibiótico utilizado. Las asociaciones más fuertes se observaron con clindamicina, fluoroquinolonas y flucloxacilina.
Según Baldanzi, esto puede deberse a dos factores principales. “El primero es el espectro de actividad, es decir, qué bacterias puede eliminar cada antibiótico. Algunos son especialmente eficaces contra bacterias que viven en el intestino, en particular bacterias anaerobias”, explica a SINC.
“El segundo tiene que ver con cómo se elimina el antibiótico del organismo”, añade. Mientras muchos se absorben en la primera parte del intestino y se eliminan por la orina, otros pasan por un proceso llamado circulación enterohepática: se absorben, llegan al hígado y vuelven a secretarse al intestino. “Esto hace que algunos antibióticos alcancen concentraciones muy altas en el colon, donde se encuentra la mayor parte del microbioma intestinal”, señala.

Mientras muchos antibióticos se absorben en la primera parte del intestino y se eliminan por la orina, otros regresan al intestino tras pasar por el hígado. Esto puede hacer que alcancen concentraciones muy altas en el colon, donde vive la mayor parte del microbioma intestinal

En cambio, la penicilina V, el antibiótico más recetado para tratar infecciones fuera del hospital en Suecia, se asoció con cambios más pequeños y de menor duración en el microbioma.
“La fuerte relación entre la flucloxacilina —un antibiótico de espectro estrecho— y el microbioma intestinal fue inesperada, y nos gustaría que este hallazgo se confirmara en otros estudios”, explica Tove Fall, profesora de epidemiología molecular en Uppsala y autora principal del trabajo.
“Creemos que nuestros resultados pueden ayudar a orientar futuras recomendaciones sobre el uso de antibióticos, especialmente cuando haya que elegir entre dos tratamientos igual de eficaces y uno de ellos tenga un impacto menor sobre el microbioma”, añade.
Los resultados también podrían ayudar a comprender mejor algunas asociaciones observadas en estudios previos entre el uso de antibióticos y enfermedades metabólicas. “Nuestros hallazgos no son la respuesta final, pero sí aportan piezas importantes al puzle”, señala Baldanzi a SINC.
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“De hecho, pueden durar hasta ocho años —posiblemente más—, lo que podría ser relevante para el desarrollo de enfermedades crónicas como la obesidad o la diabetes tipo 2”, afirma Baldanzi.
Nuevas muestras para el seguimiento
Los investigadores señalan que el estudio solo abarcó las prescripciones de antibióticos de los ocho años anteriores, por lo que un seguimiento durante un periodo más largo podría aportar información adicional. Además, el microbioma intestinal se analizó solo una vez por participante.
“Actualmente estamos recogiendo una segunda muestra de casi la mitad de los participantes”, explica Fall. “Esto nos permitirá comprender mejor el tiempo de recuperación del microbioma e identificar qué microbiomas son más susceptibles a alterarse tras un tratamiento con antibióticos”.
Referencia:
Gabriel Baldanzi, Tove Fall et al. “Antibiotic use and gut microbiome composition links from individual-level prescription data of 14,979 individuals”. Nature Medicine, 2026.


