La técnica permite observar directamente cómo las células tumorales reescriben sus instrucciones genéticas, un proceso clave para su crecimiento y supervivencia. El método ha permitido detectar patrones comunes de edición celular en múltiples tumores e identificar más de un centenar de posibles dianas terapéuticas.

El cáncer está causado por genes defectuosos, pero el comportamiento de una célula cancerosa también depende de cómo se recortan y reorganizan las instrucciones de esos genes antes de convertirse en proteínas.
Un estudio liderado por el Centro de Regulación Genómica (CRG) de Barcelona describe una nueva forma de medir directamente ese proceso de edición, conocido como splicing. Es la primera vez que se obtiene una visión clara de cómo los tumores reconfiguran sistemáticamente sus instrucciones genéticas para favorecer su crecimiento y supervivencia, lo que podría abrir nuevas vías para controlar la enfermedad. Los resultados del trabajo se han publicado en en Nature Communications.
El método se aplicó a biopsias de tumores sólidos e identificó unas 120 posibles dianas terapéuticas que podrían modularse para restablecer el equilibrio en la maquinaria de edición celular
“En lugar de contar piezas, nuestro enfoque ha consistido en comprender comportamientos, lo que nos ha permitido disponer de una nueva forma de orientarse en la biología caótica de un tumor. Es pronto, pero nos ofrece un mapa mucho más claro de dónde buscar nuevas maneras de atacar la enfermedad”, afirma Miquel Anglada Girotto, primer autor del estudio e investigador posdoctoral en el CRG.
Medir las ediciones en vez de los editores
En el interior de cada célula, las instrucciones genéticas se copian primero en mensajes temporales. Antes de que esos mensajes se utilicen, algunos fragmentos se eliminan y el resto se vuelve a ensamblar. Este paso de edición permite que un único gen genere distintos mensajes capaces de producir proteínas diferentes, una característica esencial para la vida compleja.
Casi todos los cánceres secuestran el splicing celular, alterando la forma en que esos mensajes se cortan y se pegan. De este modo producen variantes de proteínas que les ayudan a crecer más rápido, ocultarse del sistema inmunitario o resistir los tratamientos.
Adaptaron la tecnología VIPER para analizar qué fragmentos de los mensajes genéticos se conservan o se eliminan, un patrón que permite identificar qué fuerzas de edición celular están realmente activas
El equipò del CRG, junto a investigadores de la Universidad de Columbia (EE UU) abordó el problema invirtiendo el enfoque: en lugar de medir los editores, midieron directamente las ediciones.
Patrones como huellas dactilares
Los investigadores adaptaron una tecnología existente llamada VIPER para analizar qué fragmentos del mensaje de un gen se conservan y cuáles se eliminan. Estos patrones funcionan como huellas dactilares en los mensajes genéticos y permiten deducir qué fuerzas de edición estaban realmente activas, con independencia de cómo estén regulados los editores.
La técnica puede aplicarse sobre datos de secuenciación de ARN, ampliamente disponibles, lo que permite analizar miles de muestras ya existentes sin necesidad de realizar nuevos experimentos.
La técnica puede aplicarse sobre datos de secuenciación de ARN, ampliamente disponibles, lo que permite analizar miles de muestras ya existentes sin necesidad de realizar nuevos experimentos
El análisis reveló dos grandes programas de edición celular que aparecen repetidamente en todos los tipos de cáncer estudiados. Uno de ellos actúa como un acelerador: aumenta su actividad en los tumores y se asocia a peores resultados clínicos. El otro funciona como un freno: pierde fuerza en las células cancerosas y se vincula a una mayor supervivencia.
Pese a su diversidad, los distintos cánceres comparten estrategias comunes de edición celular que habían pasado desapercibidas en investigaciones centradas únicamente en los genes
Al analizar qué características biológicas podían inclinar el equilibrio de edición de una célula hacia el cáncer, los investigadores identificaron alrededor de un centenar de candidatos. Entre los más destacados figura el gen FUS, más conocido por su papel en trastornos neurológicos. Aunque apenas se ha estudiado en investigación oncológica, su fuerte señal predictiva sugiere que podría merecer mucha más atención.
La técnica podría aplicarse a otras enfermedades en las que las células alteran la forma en que ensamblan sus instrucciones
“Empezamos con el cáncer porque los datos estaban disponibles, pero el enfoque podría funcionar para cualquier enfermedad en la que las células cambien la manera en que editan sus mensajes, incluidos los trastornos neurológicos o las enfermedades inmunitarias”, concluye Anglada Girotto.
Referencia:
Anglada et al. “Exon inclusion signatures enable accurate estimation of splicing factor activity”. Nature Communications, 2026.
