Un estudio analiza el impacto de varias sustancias empleadas para aportar flexibilidad, resistencia y estabilidad a los envases plásticos y demuestra la migración de cuatro familias de compuestos químicos al pescado en condiciones reales de almacenamiento en frío.

Un estudio del Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua (IDAEA-CSIC) ha demostrado que distintos aditivos plásticos presentes en envases alimentarios comunes pueden migrar al pescado durante su almacenamiento doméstico en la nevera y el congelador. La investigación, publicada en Environment International, evaluó por primera vez esta transferencia bajo condiciones reales de conservación en frío y constató que la migración aumenta con el tiempo de almacenamiento.
El trabajo analizó la migración de los ftalatos, los ésteres organofosforados, los bisfenoles y los plastificantes alternativos a los ftalatos desde envases utilizados habitualmente para la conservación de pescado fresco. Se trata de sustancias químicas empleadas para aportar flexibilidad, resistencia y estabilidad a los plásticos.
Los aditivos plásticos pueden migrar al pescado durante su almacenamiento doméstico en la nevera y el congelador
Altas tasas de migración
“Hasta ahora, la mayoría de los estudios evaluaban la presencia de estos contaminantes en el alimento tras su compra. Para este trabajo queríamos aproximarnos a una situación más realista e investigar qué ocurre cuando el consumidor guarda el pescado en casa durante varios días o semanas en condiciones de frío, antes de ser consumido”, explica Maria Vittoria Barbieri, investigadora del IDAEA-CSIC y autora principal del estudio.
“Además, los trabajos relacionados con la posible migración de aditivos del envase al alimento se centraban en evaluar el efecto del calor como variable que acelera dicha migración; sin embargo, no existen estudios que evalúen este proceso en condiciones de frío”.
Los compuestos más lipofílicos migraron con mayor facilidad hacia pescados grasos como el salmón
De los 49 contaminantes estudiados, se observaron tasas de migración de hasta el 100 % para determinados compuestos, como los bisfenoles. Algunas sustancias como el di(2-etilhexil) adipato (DEHA), utilizado como plastificante alternativo, mostraron tasas de migración muy elevadas en todos los pescados analizados y hasta más del 95 % en salmón.
El comportamiento de los contaminantes varió según las características del pescado. Los compuestos más lipofílicos (solubles en grasa) migraron con mayor facilidad hacia pescados grasos como el salmón, mientras que otros compuestos, como algunos bisfenoles, mostraron una mayor transferencia en especies con más contenido en agua, como la merluza.
Evaluación de la exposición humana
Diversos estudios han demostrado que algunos aditivos plásticos presentan efectos toxicológicos para la salud, como disrupción endocrina y potencial carcinogénico.
Las investigadoras combinaron los datos de concentración de cada sustancia detectada en el pescado con datos oficiales de consumo de pescado fresco en España
El estudio incorpora una evaluación de la exposición a estos aditivos por ingesta para adultos, niños y bebés. Para estimar cuántos aditivos plásticos ingiere cada grupo de población a través del pescado, las investigadoras combinaron los datos de concentración de cada sustancia detectada en el pescado con datos oficiales de consumo de pescado fresco en España.
Posteriormente, dividieron el resultado entre el peso corporal medio de cada grupo: 5 kg para bebés de 6-12 meses, 12 kg para niños de 1-3 años, y 70 kg para adultos. De este modo, obtuvieron una ingesta diaria estimada por kilogramo de peso corporal para estos tres perfiles de consumidor. Por último, se calculó el riesgo mediante comparación con los valores de referencia establecidos por autoridades internacionales como la EFSA.
Mayor transferencia en alimentos envasados
Los resultados indican que el pescado conservado en envases plásticos presenta niveles de exposición superiores al pescado fresco recién comprado. Las estimaciones más elevadas de riesgo se observaron en el caso de la merluza congelada durante 30 días en bandeja compostable. En cambio, los escenarios de menor riesgo fueron por refrigeración dentro de bolsas de plástico.
En prácticamente la mitad de los escenarios analizados se superó el umbral de riesgo establecido. Esta superación estuvo determinada principalmente por la presencia de bisfenol A, responsable de casi el 100 % del índice de riesgo. En cambio, la contribución del resto de contaminantes detectados fue mínima.
Las estimaciones más elevadas de riesgo se observaron en el caso de la merluza congelada
“El estudio pone de manifiesto que las condiciones reales de almacenamiento doméstico deberían tenerse más en cuenta en las evaluaciones de seguridad alimentaria y en el diseño de materiales en contacto con alimentos, prestando especial atención a compuestos como el bisfenol A y algunos plastificantes alternativos como el DEHA, que han mostrado elevadas tasas de transferencia hacia los alimentos”, añade Eljarrat. Además, “urge disponer de datos toxicológicos para los nuevos aditivos que se están introduciendo en el mercado, y así poder evaluar también su impacto en la salud”.
En este contexto, la Unión Europea aprobó en 2024 una nueva regulación para restringir progresivamente el uso de bisfenoles, entre ellos el bisfenol A, en materiales en contacto con alimentos, una medida que entró en vigor en enero de 2025 y que concede un período de transición de treinta y seis meses para su aplicación definitiva. Las autoras subrayan la importancia de continuar avanzando en la sustitución de estos compuestos y en la evaluación de los nuevos compuestos alternativos.
Referencia:
Sforzi, L. et al. Storage-driven migration of plastic additives from packaging to fish: influencing factors and human exposure assessment. Environment International, 2026.

