
Por: Dr. César Ulloa Tapia
Vicerrector del Instituto de Altos Estudios Nacionales-IAEN-, la Universidad de Posgrado del Estado
Recorre por el país una sensación escalofriante de agobio como si todas las plagas juntas nos habrían caído: apagones, incendios, inseguridad, desempleo, disputas políticas, violencia y un largo etcétera. En este escenario, no es fácil levantar la cabeza y más aún si las condiciones del contexto empeoran. Parece que ya habríamos tocado fondo y luego viene algo mucho más fuerte. Probablemente nos estamos convirtiendo en indolentes o, acaso, somos demasiado resilientes. O, tal vez, empezamos a jugar al sálvese quien pueda y cómo se pueda.
Esta realidad no es coyuntural, es una consecuencia de un largo acumulado de errores, sobre todo en la conducción política de la cual somos responsables por votar equivocadamente varias veces. Entonces, no es mala suerte, el designio de los dioses o “la culpa es de la vaca”. Habría que comenzar por asumir responsabilidades y también plantearnos alternativas, porque lo contrario significa inmovilidad y un agotador conformismo. No obstante, salir del atolladero no es tarea para héroes que juegan a conseguir monumentos en su nombre, sino de sumar voluntades, recursos, ideas y también de renunciamientos. El camino es de construcción colectiva.
Entonces, qué más tendría que suceder para sacudirnos, pues la pandemia no fue suficiente, tampoco las masacres carcelarias, peor aún las distintas olas de desempleo, los incendios provocados, los casos de corrupción revelados por la Fiscalía, la presencia del crimen organizado y la mala calidad de la política. En contraste a todo pronóstico, el país sigue respirando. ¿A qué se debe este fenómeno? Nuestra población sigue siendo el motor del país, esa gran mayoría de personas que se gana la vida con honestidad, sacrificio, amor y esperanza. La primera conclusión es que no podemos perder el país por unos pocos que nos amedrentan, acorralan y que nos quieren llevar al abismo.
Las experiencias de muchos países nos advierten que de las peores crisis se puede resurgir y exitosamente. Sin embargo, también es un contrasentido llegar al abismo para despegar. Hay muchas cosas qué nos unen para proyectar a este país como el principal sentido de vida.