Consultorio ético, Javier Darío Restrepo (FNPI): Independencia al informar

Por:  Javier Darío Restrepo (FNPI)*

Mensaje

Nadie más que el reportero puede saber la solución del problema; y en esto nadie puede reemplazarlo. Por eso es conveniente tener claros estos principios antes de tomar una decisión:

1. Un periodista está al servicio, primordialmente, de los receptores de sus noticias y estos pertenecen a todos los partidos. La patria no es un grupo político, ni un funcionario, es toda la población y es deber patriótico darles a todos una información independiente, que puedan creer, y que les sirva para escoger libremente su candidato.

2. El periodista hace información, no propaganda. Cuando el periodista se vincula a un grupo o partido, fatalmente convierte la información en propaganda del grupo o partido en que se enlistó.

3. El periodismo, por definición, es universal, o sea abierto a todas las opiniones, grupos o partidos. Solo así puede hacer una información libre y merecer la credibilidad de todos los receptores de su información.

4. Un periodista debe tener una opción política personal, pero ésta no debe determinar la orientación de sus noticias, por tanto, debe mantenerse como asunto personal, no profesional.

Documentación

Idealmente el periodismo debe ser escéptico frente al poder y no ser crítico según el color político o ideológico de quien ostente el poder. Debe mostrar los datos de la realidad porque los gobiernos y los partidos tienden a producir y creer en sus realidades. Debe investigar los pliegues del gobierno, porque el poder invariablemente mantiene lugares oscuros. Debe poner la lupa sobre problemas que necesitan atención pública y no justificar la noticia según la razón partidaria.

Debe estimular a los ciudadanos a conocer lo que ignoran en vez de confirmar sus preocupaciones militantes. Debe incrementar las oportunidades para la expresión ciudadana y de las organizaciones civiles y no ser ventrílocuo de quienes están rodeados de micrófonos. Debe marcar los errores y olvidos de cualquier oficialismo y no ayudar a cubrirlos cualquiera sea la justificación. Como destacó Walter Lippmann ”sin periodismo crítico, confiable e inteligente, el gobierno no puede gobernar”. El mejor periodismo no es aquel que marcha encolumnado detrás de un partido o gobierno.

Que el periodismo mantenga distancia del poder no implica que jamás indique aciertos oficiales, o tenga convicciones y posiciones claras sobre determinados asuntos. La diferencia es informar sobre la base del compromiso con principios democráticos – igualdad de derechos, tolerancia a la diversidad, respeto a la diferencia de opiniones, acceso a oportunidades de expresión, rendición de cuentas, transparencia en el uso de los recursos públicos, participación amplia, o la adhesión a gobiernos de turno y plataforma partidarias.

Silvio Waisbord, “El error de la prensa militante”, La Nación de Costa Rica, 12-01-11

Responsabilidad social en la crónica judicial

Mensaje

El periodista es el administrador del poder informativo de un medio de comunicación. Si esto se tiene en cuenta, el su ejercicio profesional el periodista medirá las consecuencias de la publicación de un titular, de una foto, de una infografía, o de un texto informativo. En efecto, no hay comunicación sin efecto, y de hecho el efecto más inmediato es que lo publicado atraiga o no al lector y, por tanto, que el periódico sea leído o no. Este, desde luego, no es el único ni el más importante efecto. Si el periodista va más allá de los efectos comerciales, encontrará que la publicación de su noticia puede informar solamente, o puede transmitir conocimiento; puede responder a una curiosidad morbosa, o puede mover el interés de las personas para buscarles solución a los problemas sociales, puede producir saturación e indiferencia, o puede conmover, provocar solidaridad o estimularla participación en la vida pública. Es obvio que el buen periodismo es el que no se limita a entretener a los curiosos, sino el que crea las condiciones propicias para el desarrollo del potencial educativo que tiene toda noticia; por tanto, este es un periodismo que no cae en la vulgaridad de lo truculento y morboso sino que, pensando en el bien del receptor, escoge el género, los titulares, la edición de las fotografías y, si es el caso, los términos de la infografía que más convendrán al lector. Este periodista no ve al lector como un simple curioso, sino como el ciudadano que debe ser convocado por los hechos para ser una mejor persona y para contribuir a la formación de una mejor sociedad.

Documentación

The Washington Post, como diario, respeta el buen gusto y la decencia, al tiempo que comprende que los conceptos de la sociedad respecto del buen gusto y la decencia cambian permanentemente. Una palabra que resulta injuriosa para una generación puede hacer parte del lenguaje habitual de la próxima. Pero debemos evitar la procacidad. Evitaremos publicar palabras soeces y obscenidades a menos que su utilización sea tan esencial para una crónica significativa que su sentido se pierda en ellas. La frontera de la información aceptable sobre accidentes y desastres se sobrepasa cuando el sufrimiento de las víctimas y los sentimientos de sus familiares deja de ser respetado. Aquellos golpeados por la desgracia no deben convertirse en víctimas por segunda vez, debido a la cobertura sin tacto de los medios. ( Código Alemán) Clarín no publicará fotos sangrientas o escandalosas de muertos, mutilados, suicidios, desnudos, etc. Sin embargo, podrán publicarse, previo acuerdo con los editores, cuando su valor social, histórico o político, justifique la excepción. No se admiten registros fotográficos de gestos equívocos (tics, muecas, posturas, etc.) que por su ambigüedad den lugar a interpretaciones falsas y distorsionadas de un acontecimiento. La ética profesional exige tratar con imparcialidad y respeto a las personas e instituciones. (Manual de Estilo, p 121) Los periodistas con ética tratan a las fuentes, a los protagonistas de la noticia y a los colegas como seres humanos merecedores de respeto. Los periodistas deben:

• Compadecerse de los que puedan ser afectados adversamente por la cobertura noticiosa.. Mostrar una especial sensibilidad al tratar con niños y con personas sin experiencia ante la prensa.

• Mostrar sensibilidad al solicitar o utilizar entrevistas y fotos de personas afectadas por la tragedia o la desgracia.

• Reconocer que buscar o reportar información puede causar daño o malestar. La búsqueda de la noticia no da permiso para la arrogancia.

• Proceder con buen gusto. Evitar ceder a la curiosidad sensacionalista.

• Ser cautos en cuanto a identificar a sospechosos menores de edad o a víctimas de delitos sexuales.

• Ser juiciosos en cuanto a nombrar a los sospechosos de delitos antes de la formulación oficial de cargos.

• Contrapesar el derecho de un sospechoso de un delito a un juicio justo con el derecho del público a estar informado.

Del “Código de la sociedad de periodistas profesionales de Estados Unidos”, citado por Camilo Taufic en “La autorregulación del Periodismo”. Observatorio de Medios, Santiago de Chile, 2004.

Publicidad e independencia periodística

Mensaje

Crea un obstáculo para la información libre el hecho de que un periodista, cualquiera que él sea, se vea obligado a obtener pauta publicitaria.

En un correcto orden de cosas, el periodista trabaja en una empresa, o para una empresa que le paga por sus trabajos. Esas empresas son las que hacen el trabajo de obtener pautas y de pagar a sus periodistas, o los trabajos que les ofrecen los independientes.

Un periodista, en efecto, no tiene qué dividirse para desempeñar dos roles: el de periodista y el de vendedor de espacio para publicidad. La práctica del periodista vendedor de publicidad va en perjuicio de la dignidad profesional, d! e su independencia y de la calidad del producto informativo.

En un sano orden de cosas, la publicidad oficial no se le debe otorgar a cualquier medio, sino al medio que ofrece las condiciones técnicas y de acogida entre el público que garantice la eficacia publicitaria de los mensajes que difunde. En esas condiciones no es el periodista independiente quien debe tramitar publicidad, sino el medio para el que trabaja.

Alegar el derecho al trabajo supone que quien lo reclama hace, o pretende hacer, su trabajo específico. Como se ha explicado arriba, el trabajo concreto de un periodista es informar de modo independiente puesto que lo suyo no es el trabajo comercial o empresarial que limita su independencia e impide un trabajo informativo de calidad.

Documentación

No existe un derecho intrínseco a recibir recursos del Estado por publicidad. Solo cuando el Estado asigna esos recursos en forma discriminatoria se viola el derecho! fundamental a la libre expresión. Un Estado podría negar la publicidad a todos los medios de comunicación, pero no puede negarse ese ingreso solo a unos medios con base en criterios discriminatorios. Aunque los Estados pueden adoptar decisiones de asignar publicidad con base en el porcentaje de población que un determinado medio cubre, las decisiones de asignar o no publicidad que se basan en la cobertura de actos oficiales, en críticas a funcionarios públicos, o en cobertura que podría afectar a los contribuyentes financieros de esos funcionarios, equivale a penalizar a los medios por ejercer el derecho a la libertad de expresión. Es posible que la publicidad estatal sea tan fundamental para el funcionamiento de un medio de comunicación que la negativa a asignársela tenga un impacto tan adverso que equivalga a una multa o a una pena de cárcel. Como sus esperanzas de obtener ingresos de publicidad giran en torno a una asignación favorable de la publicidad estatal, los medios de comunicación se verán comprometidos y, en efecto, obligados a producir informes favorables a quienes toman las decisiones sobre asignación de publicidad estatal.

La obstrucción indirecta a través de la distribución de publicidad estatal actúa como un fuerte disuasivo de la libertad de expresión. Aunque la jurisprudencia en esta esfera es escasa en el sistema interamericano, la Convención Americana sobre Derechos Humanos ofrece un marco legal contra esas violaciones indirectas, al establecer que la asignación discriminatoria de publicidad estatal, con base en la información crítica de una publicación es violatoria del derecho a la libre expresión garantizado por la Convención.

“Libertad de expresión y Publicidad Oficial”, publicación de Medios y Sociedad, Montevideo, 2009.

Identidad periodística

Mensaje

Las nuevas tecnologías de la comunicación han creado una coyuntura favorable para que los periodistas definamos nuestra profesión.

Ser periodista, en efecto, es mucho más que ser periodista ciudadano; o dicho de otra manera, el periodista que limita su tarea a la que cumple con su computador, o con una cámara digital un periodista ciudadano, no está prestando el servicio profesional que se espera de un periodista.

En este sentido la emergencia de las nuevas tecnologías ha puesto en evidencia que existía una idea incompleta sobre la actividad del periodista y sobre su papel en la sociedad: contar los últimos sucesos, disponer de las imágenes de los hechos que están sucediendo o que acaban de suceder, expresar una reacción frente a los hechos con los 140 caracteres de un twitter, son actividades con las que no se satisfacen los requerimientos de la profesión. Un periodismo limitado a esas actividades es una profesión en vías de desaparición.

El periodismo que sobrevivirá es el que, mediante la información, convierte al lector, oyente o televidente, en conciencia de su historia. Este es el resultado de un periodismo que hace entender porque interpreta, contextualiza, da antecedentes y dirige la mirada hacia las consecuencias de lo que está sucediendo. Es un periodismo comprometido y comprometedor, digno y dignificador, que no se limita a ser un espectador distante de la historia de cada día.

Esta actividad supone una preparación académica severa, y sobre todo, es una manera de ser que, una conciencia ética forja en las personas. Esto, como se ve, establece la principal diferencia con el periodista improvisado.

Documentación

Cuando, como sucede hoy, las generosas y móviles fronteras del periodismo abarcan cada día más funciones, tareas y personas distintas, cuando el espectáculo, la opinión y la operación política se visten de información, cuando todo y nada es periodismo, la respuesta aparece clara: volver a las fuentes.

En otras palabras, redefinir qué es el periodismo, distinguir quiénes son periodistas y quiénes deben recibir otro nombre para calificar su actividad; cuál es la tarea específica que el periodismo cumple en una sociedad determinada y cuáles son sus principios básicos; pero sobre todo, construir una visión ética compartida sobre el ejercicio de la profesión, que conserve los estilos y la pluralidad como riqueza básica de la actividad periodística.

En la práctica cotidiana, sin apartarse de los avances tecnológicos ni volverse ciego a las innumerables transformaciones sociales y del mercado, se impone volver a las fuentes, lo que quiere decir regresar a las viejas prácticas de investigar, chequear, reconfirmar nuevamente antes de consignar y publicar los hechos. Aceptemos que la opinión es importante, pero más importante aún es la veracidad de lo que se cuenta y la forma como se lo hace.

En este camino se impone recuperar dos nociones básicas: la información entendida como bien público y una noción personal de la ética profesional.

El libre consenso que caracteriza a una sociedad democrática depende en gran medida del conocimiento suficiente de los bienes y de los valores en juego y en discusión. En la democracia la información correcta es conditio sine qua non para su supervivencia y prolongación en el tiempo, es la premisa para cualquier tipo de discusión y de decisión que resguarde el espacio público.

Más que un código deontológico general, más que una declaración de principios, los periodistas necesitamos hoy incorporar una conciencia ética y un convencimiento íntimo sobre las implicancia s que tiene la tarea de informar, que oriente el trabajo cotidiano y permita procesar las presiones a que la profesión está sometida.

Raquel San Martín, “La ética como identidad compartida”. En Sala de Prensa.

* Este artículo nos envió el CIESPAL

Compartir este artículo:

Otros artículos: