Hemos fijado como fecha matriz del periodismo ecuatoriano el 5 de enero, en rememoración del aparecimiento de las Primicias de la Cultura de Quito que publicara Eugenio Espejo un 5 de enero de 1792. Y la “Cultura de Quito”, en la concepción de Espejo, propone “hacer uso del talento de observación… sobre costumbres, usos, afectos, inclinaciones, pasiones, vicios y virtudes, que correspondan a cierta edad…”.
Con la figura de Espejo, bautizado el 21 de febrero de 1.747 también se ha fijado esta fecha en su memoria, como Día del Bibliotecario, sabiendo que este personaje primeramente reunía en su apreciable biblioteca, a los interesados en comentar los libros de la ilustración de la época que podía disponer a su alcance.
Pero no hay periodismo sin imprenta; y no hay periódicos sin periodistas; y no hay bibliotecas sin libros. En las mismas palabras de Espejo, hablar de los hombres ilustrados y amantes de la libertad es pensar en “el hombre público que sin duda lo es, el que sacrifica sus luces y su pluma al servicio de la Patria; y que debe observar qué género de voz, de gesto, de acción, de habla, de intereses y de asunto conviene, y se adapta al niño, al joven, al varón y al anciano”. Todos estos tópicos hoy la semiótica inculca metodológicamente a los periodistas. Pero debemos decir que ya Espejo los apuntaló desde su primer periódico hace exactamente 223 años.
Bien podemos decir que el periodismo en nuestro medio tiene como antecedente mestizo al pregonero que de viva voz iba gritando en las plazas públicas, en las puertas de las iglesias, en los cementerios, en las doctrinas y cuantos sitios de congregaciones existieron; los anuncios de leyes, decretos reales, ejecutorias, reales provisiones, autos, etc. que le ordenaban los superiores.
Pero resulta que es importante volver sobre la primea imprenta para decir por dónde nace realmente el periodismo y los periodistas. Gracias a la imprenta la expansión del conocimiento, de la ciencia y de la cultura por el orbe, representa una revolución de dimensiones universales.
En lo que hoy es el Ecuador, los jesuitas introdujeron la imprenta a Ambato en 1755 y estuvo en manos del primer tipógrafo, el alemán coadjutor Juan Adán Schuartz. Se imprimió la Piissima Devoción a la Virgen y pocos textos religiosos más. En 1759 la imprenta fue trasladada a Quito.
En 1767, cuando los jesuitas fueron expulsados de todas las casas de la jurisdicción de la Real Audiencia de Quito, por la Pragmática Sanción de Carlos III, Raimundo Salazar y Ramos tomó a cargo la confiscada imprenta y Mauricio de los Reyes pasó a desempeñar la regencia de la imprenta, declarada “Imprenta de la Real Audiencia de Quito” o simplemente “Imprenta de Gobierno”. En ella se imprimió “Primicias de la Cultura de Quito”.
A todos los periodistas y bibliotecarios ecuatorianos les deseamos !UN FELIZ DÍA!