Por: Dr. Mario Jaramillo.
Ex-Rector de la Universidad del Azuay
Hay varios campos en los cuales la universidad ha contribuido al desarrollo y a la democratización, es decir a la igualdad de oportunidades. Uno fundamental es haber contribuido a desarmar la segregación. La Universidad ecuatoriana ha contribuido significativamente a desarmar la segregación racial así como la de género, aportando con ello al desarrollo del país, pues un país avanza cuando –entre otras causas- existe igualdad de oportunidades.
Hasta 1867- fecha de la creación de la Universidad de Cuenca- existía únicamente la Universidad Central de Quito y un siglo después – para 1950- existían universidades solamente en Quito, Cuenca, Guayaquil y Loja. Esa limitación era una forma de segregar. Quienes vivían en otras ciudades tenían que emigrar para estudiar. Había una sola Universidad particular- la Católica de Quito creada en 1946- con la que sumaban cinco. En la segunda mitad del siglo pasado empezaron a surgir nuevas universidades hasta que en la actualidad suman setenta y cuatro y funcionan en casi todas las provincias.
Pero volviendo a la lucha contra la segregación y a favor de la igualdad de oportunidades, las aulas universitarias estuvieron largo tiempo reservadas casi exclusivamente para mestizos y blancos. Hoy no solamente existen universidades propias de los pueblos indígenas – lo cual ciertamente es discutible al igual que si se crearan otras solamente para blancos o negros- si no que a ningún centro superior serio se le ocurre discriminar por su origen a los aspirantes.
Pero, la universidad ecuatoriana ha sido también fundamental para desarmar la segregación por género. Para inicios de la segunda mitad del siglo pasado, eran pocas las mujeres que estudiaban universidad. Hoy constituyen más de la mitad de la población estudiantil universitaria y- generalmente- son mejores estudiantes que los hombres. De la universidad han pasado a ocupar funciones en el sector público y privado en donde su presencia es cada vez más vigorosa.
Las universidades- con un vicio muy latino- somos todavía bastante machistas hasta el punto que solamente hay cinco mujeres rectoras y todas ellas en universidades particulares. En las funciones de dirigencia universitaria subsiste todavía la segregación, pero ésta irá desapareciendo poco a poco para dar paso a los méritos, que es lo que debería contar en una sociedad justa.
La Universidad ha contribuido al desarrollo del Ecuador y a la gran tarea de desarmar esas segregaciones, lo cual es parte del desarrollo, es decir de lograr mejores condiciones de vida para la gente.
* Extracto de una brillante conferencia que el Dr. Mario Jaramillo Paredes, rector de la Universidad del Azuay, dio hace algunos años en el Congreso Internacional sobre Universidad y Desarrollo, que con notable éxito se llevó a cabo en Cuenca, con la iniciativa de la Universidad Politécnica Salesiana y el apoyo de otros centros de educación superior.