Por: Pablo Lucio Paredes
pabloluc@uio.satnet.net
Un amigo economista al que aprecio me decía que está muy entusiasmado, y otro me dijo que aplaudía lo anunciado. Ambos respecto a la eliminación del subsidio a los combustibles. Sin duda, requería valor eliminarlo y es muy positivo (es un subsidio malo: contrabando, malgasto, corrupción, apoyo a gente de altos recursos, impacto en medioambiente, ahora tendremos un mejor mercado energético). Pero en el conjunto de medidas, yo ni aplaudo ni me entusiasmo, solo me parece razonable. ¿La razón? Creo que los dos problemas más graves son el enorme gasto corriente estatal improductivo y el mercado laboral. Los combustibles estaban terceros en la lista.
En definitiva, daremos más dinero al Gobierno ($ 1.500 millones de combustibles) y se seguirá alimentando la burocracia. No entiendo la lógica: pago más para mantener gastos improductivos, cuando el dinero en nuestras manos estaba mejor utilizado. No se quiere entender la lógica perversa del empleo estatal improductivo; alguien en su empresa solo tiene el número de empleados necesario y útiles, no tiene más porque le cuesta, y cuando se trata del Estado la lógica no debería cambiar simplemente porque no pagamos directamente esos empleos sino indirectamente vía impuestos. Son gastos que igual nos cuestan. Gastos improductivos (hay productivos también por supuesto) que son un lastre en la economía.
¿Y el mercado laboral? Básicamente no se propone casi nada. Un contrato laboral con 3 años de prueba solo para emprendedores pequeños y nuevos. Por ahí un contrato de un año fijo. Por ahí la disminución del costo de los trabajos temporales. Muy poco. En Ecuador seguirá siendo costoso contratar, complicado trabajar y demasiado costoso despedir. Me parece que no se considera en la reforma que se pueda repartir la jornada semanal en seis días sin costo extra. Y hay el tema de la jubilación patronal para nuevos contratos, habrá que pagar el 2% del sueldo para un fondo personal, es obvio esto debió esperar una reforma integral del sistema de jubilación. Aunque en general en el ámbito laboral habrá que ver qué mismo va a la Asamblea.
Hay otras cosas positivas, por ejemplo, la eliminación del anticipo de impuesto a la renta (muy importante), financiamiento de vivienda, devolución simplificada de tributos a los exportadores (anunciado por enésima vez), RISE ampliado para más empresas pequeñas (esperemos reglamentos), cero aranceles para tecnología, menor impuesto a la renta para bananeros, eliminación de ISD y baja de aranceles para algunas actividades incluyendo aerolíneas y mercado bursátil. Algunas malas, como nada para reactivar el sector petrolero (la salida de la OPEP es un pequeño paso), ninguna venta o concesión de empresas del Estado, además de impuestos adicionales como a las plataformas tecnológicas.
Es un paquete interesante, aunque le falta lo esencial. Ojalá me equivoque y sea bastante mejor de lo que pienso. Ojalá permita realmente en el mediano plazo reactivar la economía de manera sostenible y crear suficientes empleos. Mi impresión es que nos quedaremos a medio camino, igual que las medidas. Aunque es quizás políticamente lo mejor que se podía hacer y es sano luego de diez años tan dañinos del correísmo.
FUENTE: EL UNIVERSO
5 de Octubre, 2019 –