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Foto: Wikipedia
Por: Dr. Pedro Arturo Reino Garcés, Cronista Oficial de Ambato
Conferencia en el Auditorio del H Gobierno Provincial de Tungurahua (10 hs. Lunes 30 de octubre 2023)
¿Malvados versus bondadosos?
Nuestra historia política desde la conquista española funciona con dos arquetipos o juicios a priori: los malvados imponiéndose a los ingenuos y seres bondadosos. Los perversos, los saqueadores, lo exterminadores genocidas son nuestros abuelos, incluidos de muchos indígenas; y con más razón de los mestizos o mulatos, desde cuya posición étnica hago este comentario. Los sometidos, los bondadosos, los generosos, los sometidos, los mansos (los cojudos) son también nuestros abuelos por línea materna. Así nos enseña la historia de la conquista de golpe y porrazo.
A estas horas de la historia, metidos en estas haciendas que se llaman repúblicas independientes de la monarquía española, ya no están los nobles y gachupines enrostrándonos sus linajes y limpieza de sangre (aunque queden rezagos de estos racismos); sino que quedamos mestizos y mulatos conviviendo con amerindios, que ya no son los mismos de hace 500 años, sino los descendientes de esa sociedad traumatizada que va dejando de ser ancestral primaria, y que ha trajinado por un largo camino que ellos mismo lo han recorrido entre luchas y derrotas, al que lo han llamado “resistencia”.
Preguntémonos desde la premisa que me piden hablar: la interculturalidad, la pluriculturalidad, la multiculturalidad: ¿todos los españoles fueron malvados? ¿Todos los indígenas fueron bondadosos y dóciles? ¿No habrían entre los amerindios gente perversa y con las mismas características de oportunismo, de maldad, de falta de conciencia, que avergüencen al género humano?
Respirando un poco y pensando en las individualidades creo que podemos decir que tanto entre los conquistadores como en los conquistados; tanto en los españoles como en los amerindios hay torturadores y torturados; y diciendo esto conviene inmediatamente preguntarnos por qué. Podemos decir que hay dos respuestas que bien se puede resumir en una: la lucha es por el poder y la riqueza, que vista y dicha en otras palabras, se resume en el poder, por el que luchan hasta la actualidad. Es más fácil volverse ricos aplicando métodos que desarrolla el poder en cualquier grupo cultural.
¿Qué significa ahora mismo la interculturalidad cuando los indígenas han llegado al poder político, como en el caso de Tungurahua en este 2023? Claro que significaría otra cosa si los llamados “blancos” o mestizos hubiesen ganado las elecciones. Ahí la interculturalidad tendría una significación de sometimiento o de rebeldía en los indotungurahuenses. Pero como la tortilla se ha dado la vuelta, la interculturalidad ha dejado al mestizo en la desventaja del poder.
Voy a respaldarme en un especialista externo, en un francés para exponer esta idea:
Me parece haber encontrado con una lectura adecuada:
“Después de estos 8 años de visitar la zona andina de Ecuador, Perú y Bolivia tengo la impresión de que están más enfermos los torturadores criollos y mestizos occidentales, que los torturados indígenas. Son los dos, el que somete y el sometido a la tortura, los que sufren un proceso activo-pasivo de deshumanización que tiene un propósito: Romper la identidad propia de la víctima, de modo tal de que se “auto-defina” o identifique eventualmente con el discurso o “idioma del torturador” y que se defina como “víctima” de este.
Una víctima que se define automáticamente por el “daño” o “pérdida” que se le ha ocasionado”.
Esto lo ha escrito Yves Guillemot al hacer el prólogo al libro Qhapac ñan: La ruta inca de sabiduría, escrito por Javier Lajo, un indígena peruano de la comunidad de Pocsi del pueblo puquina en las alturas de Arequipa, que ha estudiado Economía y Sociología en la Universidad de Santiago de Chile. El libro está publicado en Lima, 2005) y lo traje en mi maleta de viajero.
Que un líder indígena ande armado “con piedra en mano” para atacar a un mandatario es un temor primario que debe sentir un torturador que lo ha engañado con promesas vanas. Que un gobernador de provincia se haya parapetado dentro del edificio de piedra y haya puesto a la caballería a las puertas de entrada para defenderse de las hordas primarias de los “naturales” frente a la protesta que reclama diálogos confiables, demuestra las alucinaciones que tiene el poder que vive dándonos recetas paranoicas pensando que los enfermos son o somos sus gobernados.
Si analizamos los esquemas vistos por los medios de información, son espejismos de la vida colonial replicados y desvanecidos por la práctica, porque bien que se encontraron en las casas de gobierno, y hasta en el parque, en donde terminaron entre loas y abrazos de entendimientos a la manera de atahualpas y pizarros, negociantes de riquezas que no les pertenecían ni a las supuestas víctimas, peor a sus torturadores.
La teoría del prologuista nos puede servir de reflexión y vale la pena compartirla: “Hay características similares que diagnostican la tortura histórica, que puedo ver en la psique de los comuneros indígenas de los Andes. La gente que ha sido torturada, tiene un punto en común: desean ser cual ellos han sido antes de la tortura, dado que la tortura hará imposible que siga siendo aquella persona que era antes del terrible trauma.
Mi trabajo personal y cotidiano con víctimas de torturas, me ha enseñado que la primera terapia, es hacer que el torturado acepte lo que es ahora, y que desde el “ahora” mire hacia adelante, y que deje de definirse “como víctima” que esté deseando la reparación y la venganza. Porque esta impotencia le lleva al deseo implícito de “volver al pasado” y esto le solidifica como víctima.” (p.30).
Pero lo que estamos observando es una conducta dividida, ya que unos son los que desean la reivindicación superando el pasado traumático; y en otros se observa que se van acomodando a las trampas proponentes por el sistema opresor.