
Sara Serrano Albuja
En el edificio Aranjuez, en Quito, está lo que queda de la colección de la Galería Postal y el Archivo Histórico Postal. Hay buzones traídos del extranjero, sellos de tinta que datan de hace un siglo y estos sellos postales que se usaban para enviar cartas y que hoy hacen parte de la colección declarada como patrimonio nacional.
Miles de objetos se perdieron en tres traspasos que se hicieron desde el 2013 hasta el 2022 entre el Ministerio de Cultura y la empresa Correos del Ecuador, hoy en liquidación. Ecuavisa menciona un informe de Contraloría que denuncia la “imposibilidad de encontrar 1.319 sellos y 148 objetos de interés filatélico que fueron declarados en 2011 como patrimoniales”. La nota informa que hubo tres actas de entrega-recepción que se hicieron antes de la llegada de estos bienes filatélicos al edificio Aranjuez. Es decir, sí hubo un listado previo; entonces: ¿Por qué no se resguardaron esos bienes culturales y se reconfirmó su inventario y catalogación?
La cultura, la identidad y las raíces son bienes sagrados que debemos proteger y cuidar con responsabilidad. Lamentablemente, y es vox populi entre escritores, pintores y todo tipo de artistas e intelectuales que, en materia de institucionalidad cultural, muchos funcionarios adquirieron cargos no por méritos y trayectoria cultural sino por populismo y corruptelas que aún se mantienen.
Quedan interrogantes sobre este ataque: ¿por qué, a propósito de una crisis (forjada o real) o a propósito de cualquier pretexto se pide mover de aquí para allá los bienes patrimoniales sin gente proba? ¿Por qué estos deleznables ataques ocurren en las propias instituciones llamadas a cuidar el patrimonio de Quito, Ecuador y la humanidad?
A nombre de discursos irresponsables, inclusivos en apariencia, pero más bien clientelares y demagógicos, hemos visto cómo se desplaza a profesionales que optan por la defensa del patrimonio. Se han dado empleos en instituciones culturales en las que abundan clientelismos y corruptelas. Importante es que los organismos de control pongan el dedo en la llaga sobre los delitos y los llamados “hampones culturales”, como los denomina el jurista Simón Zavala, especialista en derecho intelectual y reconocido escritor.
Cada ciudadano debe asumir con amor la defensa del patrimonio cultural de su ciudad y país. Umberto Eco escribió: “El límite no solo protege a la comunidad de un ataque de los de afuera, sino también de su mirada”. Reforcemos el sentido de custodia, amor y defensa de nuestro patrimonio.
FUENTE: Diario La Hora
1 de diciembre de 2024