Las celebraciones coloniales

Por: Dr. Pedro Reino Garcés

Historiador/ Cronista Oficial de Ambato

Todo lo que hemos argumentado antecedentemente vale para aclararnos sobre el criterio “oficialista” que se tiene para la rememoración de la época colonial diferida a la republicana, sobre todo en lo que tiene que ver con las fundaciones de pueblos. El caso es que queremos hablar sobre una especie de oficialismo que también se manejó en el Ambato colonial sobre las fiestas que debían ser celebradas, como obligatorias. Estos criterios vienen aclarados como respuesta a resistencias indígenas, a las imposiciones y a los costos que significaban realizar tales eventos. Si tomamos en cuenta las referencias de un índice de documentos del Archivo Nacional del Ecuador, en la Serie Indígenas, Boletín # 34, Quito, 2008, tenemos como muestreo los siguientes:

“Caja # 80, 1762-1763, expediente # 10, 26 de Febrero de 1763.- Contenido: Denuncia del cacique de Cusubamba, don Juan Ambumala, de los violentos procedimientos del cura del lugar con él y con su esposa, porque protestaron cuando el religioso procedió a cambiar la fecha de celebración del Corpus Cristi, fiesta que para los indios es muy importante y la festejan con mucha pompa e innumerables gatos” (p. 417)

“Caja # 96, 1775-1776, expediente # 15, 6 de Febrero de 1776.- Contenido: Exposición del protector general encargado sobre el priostazgo impuesto a don Julio Caizatoa en su parroquia de San Sebastián, en Latacunga; indica que el asunto perjudica en general a los indios además de ser prohibido nombrar priostes a los caciques”. (p. 482)

“Caja # 105, 1780, expediente # 10, 20 de abril de 1780.- Contenido Providencia dictada por el presidente Pizarro a fin de terminar con la práctica de los “danzantes de Corpus Cristi” que realizan cada año los indígenas, por los “desórdenes escandalosos, desgracias y fatales consecuencias que traen”, las que fomentan la embriaguez y les ocasiona crecidos gastos y graves endeudamientos a los indios.  El informe del fiscal es muy analítico y puntual”. (p. 517)

“Caja # 124, 1788, expediente # 4, 17 de Julio de 1788.- Contenido: Recurso de Fabián Tigmasa, indio de Izamba, para no hacer la fiesta de Corpus Cristi, pues su cacique le ha nombrado prioste en desacato del Auto acordado por el Gobierno que prohíbe estos gastos, los que sumen en mayor miseria a los indios.” (p. 613). En este mismo documento constan las reclamaciones de los indios de Quisapincha que se oponen a la designación de priostes.

Revisando el documento sobre Fabián Tigmasa que acabamos de citar, se dice  en la redacción orientada como disposición para indígenas: “en la visita que hizo el Sr. Dr. Dn Juan Joseph de Villa Lengua y Marfil del Consejo de Su Majestad su Fiscal Protector General que fue actual señor Presidente Regente Comandante General, que solo los obligue a cuatro festividades que son del Santísimo Sacramento, Nuestra Señora, Ánimas Benditas y Santo titular,” (documento de Fabián Tigmasa) Como las quejas eran de varios lados, lo que hacen desde Quito, es sacar testimonios: “Sacose dos testimonios de este auto y su proveído cada uno en fojas 7 y con cartas por secretaría se remitieron el uno al corregidor de Otavalo  y el otro al corregidor de Tacunga por el presente correo  hoy 18 de noviembre de 1788.- Villalengua”. Esto quiere decir que la disposición no solo es para Ambato, sino para la Sierra centro norte.

Santísimo Sacramento, Nuestra Señora, Ánimas Benditas y Santo titular

Sabemos que la fiesta del Santísimo Sacramento es la de Corpus Cristi, es la fiesta de la Eucaristía, la que constituye esencia del cristianismo: “Haced esto en memoria mía”. Es la Fiesta del Divino Sacrificio, la que encajó perfectamente en la vida colonial y la que había de ser transpirada por el sometimiento indígena. El Corpus Cristi, según la propia iglesia, debe celebrarse 60 días después del  Domingo de Resurrección. Según explicaciones astrales, “Específicamente, el Corpus Christi es el jueves que sigue al noveno domingo después de la primera luna llena de primavera del hemisferio norte.”(Wikipedia). En todo caso, el Jueves de Corpus fue mucho más “solemne” en épocas anteriores, lo que quiere decir que el festejo estaba ligado a la economía y a un sentido de “desprendimiento” en el prioste celebrante que era el inversionista en la fe y en el ansia de salvación.

En forma abreviada, en esta parte del comentario, las fiestas de Corpus, para los indígenas, se sincretizaron con las celebraciones al sol, o del Inti Raymi, que contenía el imaginario indígena, esto, creyendo que al decir indígenas, fuera como si constituyeran un solo grupo cultural. Una cosa es ser indios incas, y otra ser indios quitu pantaleos, como ejemplo. Estas fiestas se han popularizado bajo el fundamento y el argumento de religiosidad inca, lo cual también sería un elemento “extraño”  a las culturas vernáculas, por decir lo menos se trata de un primer sincretismo. Las fiestas de Corpus merecen investigación histórica, más que antropológica. No solo que hay que verlas bajo el criterio de la religiosidad del incario, sino sobre todo, desde las tradiciones pre incas, cuyos elementos se sumaron al cristianismo.  El elemento más contundente para esta afirmación está en la imposición de las lenguas generales en las llamadas ‘reducciones’ que se hicieron para adoctrinar indios. Con la lengua de poder se atrajo el imaginario simbólico, por cuya vía se introdujo el ritual.

Otro de los aspectos que ahora lo menciono luego de varios años de haber revisado archivos coloniales, y que lo considero importantísimo, es aquel de tener en cuenta que fueron, en primer lugar, los caciques, los llamados ‘priostes’ de Corpus. El prioste es un jerárquico y dinástico que cobra una importancia social con el aval de la iglesia. La clave está en haber descubierto que los caciques en muchos pueblos de Tungurahua, no fueron los jefes dinásticos de los pueblos nativos quitu-pantsaleos, que son pre incas; sino que son los jefes mandones que impuso el incario como caciques desplazados que provienen de las jerarquías dinásticas orejonas, sobre todo altoperuanas, que llegaron con su grupo de élite privilegiada a enseñorearse en nuestra tierra. Eran los quichua hablantes. Es a ellos a quienes les interesaba ser festejadores del Inti Raymi que en su lengua significa fiesta del sol. No tenemos referencias de nombres de festejos en lengua pre quichua.

Al tener caciques peruanos como principales priostes con su descendencia, tenemos como resultado que se ha asumido el Inti Raymi como ritualidad de todos los indígenas, quienes finalmente han quedado alienados, sincretizados en el intramestizaje aborigen, y se han convertido en co celebrantes de una tradición que les resultaba impuesta, y que ahora aparece hasta convertida en patrimonial del Estado, como en el caso de los Danzantes de Pujilí en Cotopaxi.

En el trabajo que estoy comentando, las protestas de ciertos caciques como los de Izamba y de Quisapincha para no celebrar ni ser danzantes de Corpus, habría que descubrir su etnicidad; y diré que si se tratara de nativos llagtayos o vernáculos, habrán tenido otro imaginario y serían quienes no querían acatar una celebración que les resultaba extraña, salvando algún otro caso en donde el razonamiento sea divergente.

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