Por: Fernando Naranjo-Villacís

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El 5 de enero recordamos el Día del Periodismo Ecuatoriano, vocación sublime que tiene tradición, patriótica y hasta heroica en el pensamiento nacional. Desde Eugenio Espejo, con Juan Montalvo y Vicente Rocafuerte, por mencionar unos pocos de tantos beneméritos talentos que han contribuido con su ilustrado criterio y su pluma, a frenar y reprimir el veneno de la corrupción y el avance del mal.

Es el periodismo una tarea noble y competitiva, encaminada primordialmente al mantenimiento del bien común y de gran ayuda para reflexionar ante los infortunios presentes. Es vivificante su contacto con los lectores para informar los acontecimientos comunitarios y estimular el recto juicio y la justa interpretación de los hechos.

Requiere de colaboradores dotados de honestidad y cordura natural para actuar en defensa de la moral pública y social, frente a la creciente marea de escándalos que, en estos tiempos amenaza sumergir a la sociedad.

Debe ser, íntegramente leal a la veracidad. Referir con fidelidad los acontecimientos, como realmente han sucedido. La verdad es desapasionada y serenamente imparcial; objetiva y no fantástica. No tiene miedo a ser conocida; presentada con responsabilidad, sin tintes de prejuicios y conjeturas. La verdad, contribuye a afinar las inteligencias.

Es imprescindible para el periodismo actual, adaptarse rápida y creativamente a las expectativas de las nuevas generaciones. Los niños y jóvenes de hoy, tienen nuevos códigos de vida que es preciso conocer y estudiar para incorporarlos al pensum de la nueva educación comunicacional que ellos requieren para crecer y desarrollarse en este mundo alucinante.

La nueva generación tiene especiales motivaciones educativas fundamentadas en: la informática, la robótica, la genética y las bellas artes. Hay jóvenes talentos que se pierden por falta de oportunidades y los medios de comunicación deben ser facilitadores de adecuados espacios informativos para estimular su intelecto.

El periodista en la dilatada experiencia de su apostolado, llega a tener sentido de la realidad y el engaño; de lo noble y lo vulgar; de lo estético y lo grotesco; de lo justo y lo deshonesto. Es el periodismo libre y responsable, instrumento del conocimiento y fundamento substancial para la paz e integración humana.

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