Por: César Hermida B. | cesarh@plusnet.ec

La promoción de la salud es el saber y actuar para mantenerla en el plano individual, grupal y social. Constituye un paradigma diferente al biomédico de la clínica en torno a la enfermedad, aprendido y enseñado durante quinientos años. La promoción es proactiva, para los estilos de vida individuales, la cultura grupal, y exige del Estado un comportamiento diferente, pues no se trata de un “servicio” sino de propiciar la atención necesaria para que cada uno, su comunidad y la sociedad entera, vivan cuidando la salud cotidiana. Corresponde al enfoque occidental del planteamiento colectivo del Sumak Kawsay: una óptima calidad de vida social, que exige modos y estilos de vida saludables.

Aunque Milton Terris asegura que el término lo utilizó por primera vez Henry Sigerist en 1945, la propuesta formal del concepto de promoción se inicia con el Informe Lalonde, en Canadá, en 1974, hablando de las “necesidades básicas” (de comer y arroparse) y de “satisfacer” las mismas, de los “estilos de vida” saludables, del “entorno”, de la “participación”, de la pobreza y de la “alienación” de las minorías. Inicialmente se pensó que fue una propuesta para los países “desarrollados”.

La OMS planteó en 1984 dicho concepto, que figuró en la Carta de Otawa para la Promoción de la Salud, de 1986: “La promoción de la salud consiste en proporcionar a los pueblos los medios necesarios para mejorar su salud y ejercer un mayor control sobre la misma. Para alcanzar un estado adecuado de bienestar físico, mental y social un individuo o grupo debe ser capaz de identificar y realizar sus aspiraciones, de satisfacer sus necesidades y de cambiar o adaptarse al medio ambiente. La salud se percibe pues, no como el objetivo, sino como la fuente de riqueza de la vida cotidiana. Se trata por tanto de un concepto positivo que acentúa los recursos sociales y personales así como las aptitudes físicas”.

La OMS, así mismo, reconoce cinco principios: el de la vida diaria, los determinantes, los enfoques distintos, la participación de la población y la necesidad de incluirla en la Atención Primaria de la Salud. El mensaje más claro y contundente es que “la salud no es una tarea médica sino un proyecto social ligado a las responsabilidades políticas”. Para 1986 se consideró a “la salud como parte de la vida diaria, una dimensión esencial de la calidad de vida”. La Carta señala que “Las condiciones y requisitos para la salud son: la paz, la educación, la vivienda, la alimentación, la renta, un ecosistema saludable, recursos sostenibles, justicia social y equidad”.

La participación de la población, en la sociedad occidental individualista, llevó al inicio a exagerar el concepto de “autocuidado”, ni se diga en tiempos del acceso electrónico a la información. Éste, como característica del “estilo de vida” individual, se constituyó en “un desafío para la dominación médica”, pero llevó a la “culpabilización del paciente”. Al autocuidado se lo trató como una dicotomía, cuando en realidad es una dualidad complementaria, entre él y el Sistema de Salud.

Con autorizaciónd el autor: Toamdo de: El Tiempo

Marzo 26 de 2012

 

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