Por: Rodolfo Bueno
Einstein: “La locura es seguir haciendo lo mismo y esperar resultados diferentes”.
Londres se ha convertido en el centro de atracción para ricos y pobres, en el refugio de los que huyen de la violencia que asola el planeta y, por poseer un régimen fiscal generoso, en el resguardo seguro para el dinero mal habido, entre ellos, una camada de mafiosos a los que la Fiscalía General de Rusia, vía INTERPOL, pide capturar. A este paraíso perdido arribaron multimillonarios con billones amañados en la época malhadada de las privatizaciones soviéticas. Las autoridades británicas les otorgaron el estatus de refugiados políticos luego de que perdieran la pelea contra Putin, pues dicho enfrentamiento lo interpretaron como una forma de persecución por parte del Estado Ruso, que los acusaba de haber saqueado los bienes de la sociedad.
Pocas ciudades del mundo son tan bellas y acogedoras como Londres, sus habitantes, policías y taxistas son incomparables, siempre prestan ayuda y le extienden la mano a uno para resolver cualquier problema. Por extensión, se espera que así sea todo el pueblo inglés, y tal vez lo sea. Por eso no deja de asombrar la facilidad con que los gobiernos ingleses se alocan y pierden los estribos cuando se trata de Rusia.
La inquina antirrusa es vieja e incompresible. ¿Por qué pretenden destruir a Rusia? ¿Sólo por sus riquezas? No se sabe, pero lo han intentado en numerosas ocasiones: en la Guerra de Crimea; al empujar a Napoleón hacía Moscú; al fomentar la Revolución Rusa; al negarle asilo político al zar Nicolas II, quien fue asesinado con toda su familia en la vorágine de la Revolución; al invadir con 40.000 soldados las regiones de Arcángel y Vladivostok, durante la Guerra Civil Rusa; al fomentar el ascenso del nazismo en Alemania; al facilitar la subida de Franco en España; al cruzarse de brazos cuando Mussolini invadió Etiopía; al entregar traicioneramente Austria y Checoslovaquia a Hitler y negarse a llegar a un acuerdo con Moscú para detener la agresión nazi; al declarar “la guerra boba” a Alemania con la esperanza de que Hitler se dirigiera a la URSS luego de invadir Polonia… Pero, tal vez, nada más espantoso que la “Operación Impensable”, cuando Churchill,durante la Conferencia de Yalta, intentó convencer a los estadounidenses de que, con el apoyo de las derrotadas fuerzas alemanas, se realizara un ataque contra el Ejército Soviético, para frenar su avance en el continente y evitar así que el “oso ruso” se aprovechara de la retirada del “elefante americano” luego de terminada la guerra.
Sin embargo, y aunque parezca mentira, lo de doña Tremebunda May, quien según Assange “es una idiota total”, supera con creces todas estas viejas tramoyas. El 4 de marzo del 2018, el exagente de inteligencia ruso, Serguéi Skripal, y su hija Yulia, fueron hallados inconscientes en un centro comercial de Salisbury, aparentemente habían sido envenenados con un químico neurotóxico. Debido a las “circunstancias extrañas” del hecho, el departamento antiterrorista de la Policía del Reino Unido se encargó de la investigación. De acuerdo a Scotland Yard, las víctimas sufrieron de “exposición a un agente nervioso”. Skripal fue coronel del Departamento General de Inteligencia de las Fuerzas Armadas de Rusia. En 1995, cuando era agregado militar en España, fue reclutado por los servicios de inteligencia del Reino Unido y les pasó secretos de Estado. Fue condenado el 2006 a trece años de prisión. El 2010, Dmitri Medvédev lo indultó. Luego, Skripal se refugió en el Reino Unido, que le concedió la ciudadanía británica. Hasta ahí los hechos.
Ese mismo día, Boris Johnson, Ministro de Exteriores del Reino Unido, prometió “dar una respuesta vigorosa” si Rusia estuviera involucrada y manifestó que Inglaterra podría reconsiderar su participación en la Copa del Mundo 2018, competencia que nada tiene que ver con estos tristes acontecimientos.
Theresa May, Primera Ministra del Reino Unido, sostuvo en el Parlamento Británico que la familia Skripal fue “envenenada con un agente nervioso… que desarrolla Rusia”, conocido como Novichok y que sólo Rusia posee la fórmula de este veneno. Falso. Inglaterra misma lo produce cerca de Salisbury y Vil Mirzayánov, creador de este tóxico, emigró hace 20 años a Estados Unidos, donde publicó “Secretos de Estado: una crónica desde adentro del programa ruso de armas químicas”, libro en el que se encuentran las fórmulas de este agente neurotóxico. El experto británico en armas químicas, Andrew Weber, indicó al diario The Telegraph que la sustancia tóxica se pudo producir fuera de Rusia. Por su parte,Vladímir Lutsenko antiguo jefe de la división antiterrorista del KGB, dijo a Business FM que los servicios especiales no se dedican a acciones de este tipo, que no tiene sentido eliminar a un antiguo desertor. Rusia, en la década de los 90 del siglo pasado, bajo la supervisión de observadores internacionales de la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPAQ), destruyó sus reservas de armas químicas.
Pese a ello, May dio por TV a Moscú un ultimátum de 24 horas para presentar una explicación oficial. ¡Increíble! Una potencia nuclear da un ultimátum a otra potencia nuclear. El 14 de marzo, anunció que funcionarios de alto rango y miembros de la familia real no viajarían al Mundial de fútbol de Rusia y la expulsión de 23 diplomáticos rusos; asimismo, que el Reino Unido congelaría los activos de Rusia y que, “tras este horrible acto… suspendemos todos los contactos bilaterales de alto nivel, en particular, revocamos la invitación al Ministro de Relaciones Exteriores, Serguéi Lavrov”. La portavoz del Ministerio de Exteriores de Rusia, María Zajárova, dijo: “Theresa May ‘retiró’ la invitación a Lavrov para visitar Reino Unido. Solo que él no la había aceptado”. Declaró, además: “… remitimos al Foreign Office… varias notas diplomáticas para iniciar el diálogo activo con Londres, pero los británicos se niegan a proporcionar datos concretos del caso”. Hizo énfasis en que al parecer “tienen algo que pulir… Es obvio que se está ocultando la verdad”. La pareja de Theresa May y Boris Johnson, que representan todo menos al pueblo inglés, dan un penoso espectáculo a nivel mundial, cuya finalidad es difícil concebir por ahora.
El parlamentario Jeremy Corbyn urgió a May a que base la respuesta del país contra Rusia en “pruebas claras… Debemos seguir buscando un diálogo robusto con Rusia… en lugar de cortar el contacto y dejar que las tensiones empeoren y puedan llegar a ser más peligrosas”. Para Corbyn, su país debe prestar especial atención a los oligarcas que saquearon Rusia “y que utilizaron a Londres para proteger sus riquezas”. Theresa May no le contestó nada, pese a ser el líder del Partido Laborista.
El Ministro de Relaciones Exteriores de Rusia, Serguéi Lavrov, ha subrayado: “Londres ha escogido la táctica ‘la acusación es la reina de las pruebas’… tendrán que responder por el intento claro de inducir a error a la comunidad internacional”. Considera estas acusaciones “absolutamente descaradas, infundadas y gratuitas”. Al mismo tiempo, ha precisado: “El Gobierno de Reino Unido se encuentra en un atolladero, más que nada porque no puede cumplir todas las promesas que dio a su población en relación con su salida de la UE”. Informó que la OPAQ, mecanismo internacional establecido para tratar estos asuntos, obliga al Reino Unido a entregar a Rusia los materiales de la investigación y todo detalle sobre el caso, proporcionarle acceso a las evidencias y demás materiales del caso, incluida la sustancia sospechosa, para que expertos rusos puedan analizarla por su cuenta, y esperar diez días para obtener una respuesta que satisfaga sus inquietudes. Pero nada se hizo así; es más, el ministro de Exteriores del Reino Unido declaró que no piensa hacerlo.
El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, afirmó que “Las acusaciones fueron hechas antes de que aparezca información alguna sobre la sustancia usada, lo que habla por si mismo de indicios de una provocación contra Rusia… defenderemos paciente y consecuentemente nuestra postura porque Rusia nada tiene que ver con el incidente ocurrido”. Asimismo, dijo que Vladímir Putin definirá la respuesta de Moscú a Londres, “escogerá sin duda la variante que más convenga a los intereses de la Federación Rusa”. Manifestó que May no ha presentado pruebas que sustenten sus acusaciones y que “no es asunto nuestro ofrecer versiones… ya que el Kremlin no investiga crímenes o incidentes, sobre todo cuando esos no tienen lugar en el territorio de nuestro país”.
Pese a que en el momento de su exposición, la Sra. May no conocía de qué veneno se trataba, acordó con Macron responder juntos al “comportamiento agresivo de Rusia”. Por su parte, el presidente de EEUU, Donald Trump, dijo: “Voy a hablar con Theresa May hoy (13 de marzo); me parece que toda la evidencia que tienen apunta a Rusia… Me parece que creen que fue Rusia… Tan pronto como conozcamos bien los hechos, si estamos de acuerdo en ello, condenaremos a Rusia o al que sea”. Estonia, Letonia, Lituania y Polonia apoyaron la posición del Reino Unido, enseguida Francia y Alemania también expresaron su apoyo. Finalmente, la portavoz de la Casa Blanca, Sarah Sanders, declaró que “EEUU comparte las estimaciones del Reino Unido de que Rusia es responsable por este ataque imprudente”. Por su parte, la representante de este país ante la ONU, Nikki Haley, aseveró que EEUU cree que “Rusia es responsable”. Además, añadió: “Cuando nuestros amigos de la Gran Bretaña se enfrentan con un desafío, EEUU siempre estará de su lado. Siempre”. Le faltó señalar el caso de la Guerra de las Malvinas. Vaticinó que “si no tomamos medidas concretas e inmediatas, se podrían emplear armas químicas en Nueva York o en otros países”. Se olvidó de que los terroristas, apoyados por EEUU, las han usado en Siria para después culpar al gobierno.
El embajador de Francia ante la ONU, François Delattre, expresó que su país “tiene plena confianza en la investigación británica” y comparte la opinión de Londres de que Rusia es responsable. Este 15 de marzo, el presidente de Francia, Emmanuel Macron, abordó el caso vía telefónica con Theresa May. “El presidente y la primera ministra condenan cualquier uso de armas químicas… y coinciden en la importancia de la unidad europea y transatlántica para responder a este incidente”. Y uno se pregunta: ¿les fue trasmitidas por teléfono las pruebas del caso?
Berlín, París, Washington y Londres, juntos como nunca, condenan la “violación a la soberanía” de Reino Unido por parte de Moscú, y hacen un llamado a Rusia para que responda a todas las preguntas relacionadas con el ataque en Salisbury. En particular, Rusia debe presentar en la OPAQ un informe completo sobre el programa Novichok, expresa un comunicado de los líderes de las cuatro naciones. ¡Pero si Rusia, bajo la supervisión de observadores internacionales de este organismo, destruyó sus reservas de armas químicas! Dios los cría y ellos se juntan.
María Zajárova ha calificado las acusaciones contra su país como “locas” y ha recordado que Londres en ningún momento entregó ninguna información, a pesar de que Moscú solicitó que lo hiciera. Vladímir Putin y el Consejo de Seguridad Nacional de Rusia expresaron su preocupación por la postura destructiva y provocativa del Reino Unido y declararon inadmisibles las acusaciones infundadas y los ultimátums, porque Moscú nada tiene que ver con con el caso de la familia Skripal, y expresó su disposición a colaborar con el Reino Unido.
María Zajárova declaró sobre este tema: “Ninguna situación similar concluyó con la verdad ni, por lo menos, con una respuesta a algunas de las preguntas hechas por todo el mundo, por los investigadores, la comunidad y Rusia”. Recordó que siguen sin respuesta los casos de Alexandr Perepelichni, fallecido el 2012 durante un recorrido matutino cerca de su casa en la ciudad británica de Weybridge; Alexandr Litvinenko, envenenado en un hotel en pleno centro de Londres; y Borís Berezovski, que murió misteriosamente y cuyo cuerpo fue encontrado en su mansión. Los resultados de la autopsia indicaron que pudo haber muerto por ahorcamiento. En cada uno de estos caso se lanzó al principio una gran campaña mediática y luego los tribunales tomaron decisiones confidenciales que siempre fueron “muy secretas”.
Se recuerda el caso de Litvinenko. El 21 de enero del 2016, Robert Owen, juez del Tribunal Superior del Reino Unido, publicó los resultados de la “audiencia pública” por el asesinato el 23 de noviembre del 2006 de Alexander Litvinenko, exoficial del Servicio Federal de Seguridad de Rusia y responsabilizó a este país por su muerte. Previamente, informó que la investigación se hizo a puerta cerrada, lo que permitió estudiar de mejor manera la responsabilidad de Rusia, de acuerdo al material entregado por el servicio secreto inglés. Así, el culpable fue señalado de antemano, luego de lo cual se hizo necesario hacer secreto el material antes mencionado. Según indica en su informe final, “el Gobierno ruso es responsable de la muerte de Litvinenko… el asesinato de Litvinenko fue probablemente aprobado por el señor Pátrushev y por el Presidente Putin… Estoy seguro que Lugovoi y Kovtún añadieron polonio 210 a la tetera del Pine Bar en el hotel Millenium; además, estoy seguro de que hicieron esto con la intención de envenenar a Litvinenko”. Lo que no pudo explicar es cómo así hubo rastros de polonio 210 en Litvinenko y en los lugares que éste asistió antes de dicho encuentro ni cómo así Lugavoi ni sus hijos no se envenenaron, pese a que estuvieron en esa reunión y tomaron té de la misma tetera.
Owen no excluye que el polonio 210 en cuestión esté vinculado con la planta nuclear rusa Avangard, lo dice a pesar de que el polonio 210 puede ser adquirido en el mercado negro y puede ser conseguido en cantidades pequeñas vía internet; incluso, los agentes del FBI no han podido detener el comercio de isótopos radiactivos, porque esta actividad es absolutamente legal.
Owen no revela en qué basa la investigación sobre el caso, porque “los materiales del gobierno son tan sensibles que no podían concederse a ningún tipo de audiencias públicas o privadas”. Asevera además que en “estos documentos se da una razón legalmente suficiente (prima facie) para creer que Rusia es la responsable de la muerte de Litvinenko.” Llegó adonde iba.
Los acusados directos, Lugovoi y Kovtún, declararon: “Tal y como lo esperábamos, no hubo sorpresa. Los resultados de la investigación publicados hoy muestran otra vez más la postura antirrusa de Londres y la falta de deseo de los británicos de determinar la verdadera causa de la muerte de Litvinenko”; lamentaron que todos sus intentos de prestar declaraciones exhaustivas fueran rechazadas por la parte británica, por lo que, finalmente, no participaron en el proceso. Indicaron que previamente un equipo de expertos les realizó la prueba del polígrafo con la conclusión de que no estaban implicados en el caso.
María Zajárova recordó la misteriosa muerte de Borís Berezovski y del empresario británico Dave West. “Los dos testigos fueron asesinados. Ni Agatha Christie pudo imaginarlo”. Incógnitas que Owen no considera para nada. Se refiere a que en el club Abracadabra, perteneciente a lord Dave West, y al que habían asistido dos días antes del encuentro de Lugovoi y Kovtún con Litvinenko, aparecieron rastros de polonio 210, gran misterio sobre el cual el juez inglés guarda silencio. El asesinato de Berezovski sucedió luego de que pidiera al Presidente Putin ser indultado y la autorización para retornar a Rusia; se sobreentiende que Berezovski tenía bastante información no sólo sobre la muerte del exagente ruso sino sobre las mafias rusas en el Reino Unido.
Todo esta especulación y habladuría se da en diez días. Eso de que “tenemos pruebas”, dicho por la Sra. May, es muy parecido al argumento de Donald Rumsfeld y Colin Powell sobre las armas de destrucción masiva en Irak. Cómo creerle a esta gente que no tuvo el mínimo empacho en asesinar a cientos de miles de personas de Afganistán, Irak, Libia y Siria, en guerras realizadas para enriquecer a los fabricantes de armas, y que ahora derraman lágrimas de cocodrilo por un asesinato a lo mejor cometido por ellos.