Por: Dr. César Montaño Galarza
Rector de la Universidad Andina Simón Bolívar
ra una audiencia arbitral hace poco más de dos décadas, bajo reglas de la Comisión de las Naciones Unidas para el Derecho Mercantil Internacional, por una demanda de una empresa petrolera contra Ecuador. La audiencia se suspendió para dar paso a un corto receso. Previo a dirigirme al espacio asignado y sumarme al equipo de defensa del país para afinar detalles antes de seguir, al tiempo que me hacía de un café espresso, abordé al presidente del tribunal para plantearle una inquietud que había rondado mi cabeza varios días. Escuchó interesado. Era un hombre alto y fornido, cincuentón, académico de una universidad australiana. Pregunté: “¿Por qué razón es muy frecuente que las audiencias de los casos de demandas arbitrales se lleven a cabo en ciudades capitales de los países más desarrollados del mundo, sin considerar, por ejemplo, a Bogotá, Buenos Aires, La Paz, Lima, México, Quito, Santiago?
Las sedes europeas como Londres, París o Ginebra, o las estadounidenses como Nueva York o Miami son sedes (seats) globales frecuentes por neutralidad, predictibilidad, experiencia y facilidades de diverso tipo. Otras ciudades suelen ser Singapur, Hong Kong, Viena, Dubái, Estocolmo, Zúrich, Madrid, Toronto, Sao Paulo. No suele haber una lista de ciudades elegibles, pero las sedes más usadas coinciden con los nodos (hubs) internacionales principales de arbitraje, según encuestas de prestigiosas universidades y firmas de asesoría legal. Pero más allá de estos detalles importantes, mi inquietud era, por decirlo de alguna manera, muy académica, puesto que siempre me ha inquietado la dinámica público-privada internacional y el papel del Derecho en ese ámbito.
Con autoridad y evidente seguridad el árbitro respondió: es sencillo, si un laudo arbitral se adopta en una de las ciudades que usted señala, y el mismo no se cumple, ustedes no tienen mecanismos para hacerlo cumplir, mientras que si el laudo se dicta aquí -estábamos en Reino Unido-, y no lo cumplen, nosotros sabemos cómo hacerlo cumplir. Respuesta a todas luces contundente, limpia y directa; se confirmaba que los países capitalistas, más ricos y evolucionados, tienen la sartén por el mango, y que ven a los nuestros como de segundo o tercer orden, faltos de institucionalidad y poco confiables. Una mancha más al tigre: Imaginemos ahora cómo mira el mundo a América Latina a raíz de los vergonzosos sucesos ocurridos con ocasión del reciente partido mundialista entre Ecuador y México.
