¿Resistencia o entreguismo indígena?

Por: Dr. Pedro Reino Garcés
Historiador/Cronista Oficial de Ambato

Este tema lo focalizo desde mi perspectiva de mestizo, si se me aplica criterio étnico. El debate, en mi opinión, mejor si lo asumen los propios descendientes más directos de las etnoculturas sometidas a la conquista hispana. Desde un punto de vista de reflexión crítica y apoyándome en los datos de la historia hasta ahora leídos, quiero comentarles y argumentar sobre estos dos conceptos: resistencia y entreguismo que se puede ver claramente en el proceso histórico.

Premisa: ¿En qué nivel de evolución política se encontraban los diversos pueblos al momento de la llegada de los invasores peninsulares? El Caribe ofrece historiográficamente más datos de resistencia frente a los intrusos. Caso similar se da en Chile con los araucanos. ¿Por qué? Seguramente porque fueron sociedades menos jerarquizadas. Su nivel de mandones dinásticos no son comparables con los que existían en los grandes imperios como el mexica o el inca. Quien sabe los Chibchas hayan tenido menor desnivel jerárquico, como acaso lo tuvieron las sociedades pre incas en la zona andina del actual Ecuador que no fueron ni se las califica como imperios.

¿Qué pasaba con los aztecas y los incas?

Cortés llega a las costas de México en 1519 con unos 450 soldados. Se encuentra con un imperio beligerante que imponía su poder sobre los pueblos mesoamericanos “El sometimiento de los mexicas o aztecas no se dio por un poderoso ejército español, sino por cerca de 9.500 soldados indígenas que se aliaron a los españoles, y estos aliados fueron precisamente los totonacas de Cempoala, los tlaxcaltecas y los habitantes de Cholula… Los pueblos vencidos tenían que dar esclavos jóvenes para que fueran sacrificados a sus dioses en Tenochtitlán” (Wikipedia). Pregunta: ¿Por qué no resistieron como indígenas unitarios frente a los españoles? Ya tenemos la respuesta. Cada cultura tiene sus déspotas.

Pasemos al incario. Pizarro ataca a Atahualpa en Cajamarca el 16 de noviembre de 1532, con 106 soldados, más 62 de a caballo, 4 cañones y 12 arcabuces. El ejército inca, según apreciación antigua tenía entre 30 y 40 mil soldados. La estimación moderna dice que serían entre 6.000 a 10.000 indígenas. Datos que todos pueden leer en Wikipedia. ¿Pizarro tuvo aliados indígenas para atacar a Atahualpa? Desde luego que sí. Fueron los de las etnias Chachapoyas, cañaris y huancas. Las últimas investigaciones dan a luz datos de una planificación que se apoyaba en la experiencia de Cortés. El imperio inca estaba en guerra fratricida. Se estaban disputando el poder del Tahuantinsuyo los Huascaristas y los Atahualpistas. Si los vemos como bandos políticos, eran los de las cúpulas de mandones interesados en el poder, procedentes de madres diferentes.
Frente a estos guerreadores hermanos, los verdaderos resentidos por los atropellos del incario, eran los pueblos que habían sido sometidos y que todavía mantenían su orgullo étnico pre inca, entre ellos están los que se unieron a Pizarro, creyendo que podrían zafarse de la tiranía inca. En este aspecto hay muchos otros pueblos que tenían conciencia de libertad, entre ellos, muchos de la región andina de Quito. Si todos los indígenas hubieran enfrentado a los intrusos blancos, la conquista hubiera sido más difícil, como en el caso de Chile, aunque a la postre se hubiera impuesto.

La llegada de Pizarro por la costa ecuatoriana y peruana fue un proceso paulatino de buscar adeptos para ir contra los incas. Pizarro y su hueste demoraron meses por Jama, Coaque y la Puná, hasta realizar las primeras fundiciones de oro. Se ha estudiado que, por ejemplo, el Cacique Tumbalá de la isla Puná era atahualpista, enemigo del cacique de Túmbez, Quilimaza, que en cambio era huascarista. Estudiados los casos de estos dos líderes, vemos que ofrecieron auténtica resistencia a los españoles, pero vanamente.

La gran pregunta de la historia es ¿por qué los diez mil indígenas que estuvieron en Cajamarca se dejaron vencer en una sola batalla, por los intrusos? ¿Por qué Rumiñahui, a quien nosotros declaramos héroe nacional, no fue capaz de unificar la resistencia de todo el norte del Tahuantinsuyo? Aquí la palabra resistencia se vuelve un arma de doble filo. Los indígenas, al estar divididos, no ofrecieron la debida consistencia para la resistencia a los invasores. Más bien demostraron la indiferencia, a defender a los incas y al propio Atahualpa. Los líderes de la llamada “resistencia”, según la historia, son líderes incas o al mando de incas, que con idea de sostenimiento de su poder que se les estaba arrebatando, se propusieron luchar por el poder. Por su poder. No luchaban por su libertad frente al extraño blanco. Cayeron en el engaño fabricado por los traductores, de sumarse al triunfalismo hispano, ilusionándose que su suerte cambiaría si destronaban al incario.

Un dato importante constituye el escenario o lugar en donde se dio el encuentro entre Atahualpa y Pizarro. Creo que no se puede decir que fue el lugar donde se encontraron españoles frente a indígenas. Pizarro entró en Cajamarca, sitio que fue el escenario del resentimiento. Ahí estuvo un Atahualpa triunfante pero con una población que había sentido repudio por el atropello y la fastidiosa presencia de los quiteños, aborrecidos por todos los argumentos que podemos intuir de una soldadesca que habría actuado con la soberbia del vencedor foráneo.

Recuérdese también que la región de Cajamarca era parte de las dinastías del Señor de Zipán, de los Mochicas, poderosos tenedores del oro de sus minas, a quien los incas habían esclavizado previamente. Es por esto que la apatía de la comarca en contra de Atahualpa resultó un beneficio bien calculado y bien informado por los indios tallanes a las huestes de Pizarro. No se vaya a creer en el providencialismo ciego, que es porque Taita Dios y la Virgen les ayudaron en la conquista. Pizarro y su hueste hizo las cosas de tal modo, porque estuvo bien asesorado por quienes están invisibilizados por la historia: estos son los espías y traductores que los puso bajo su control desde La Puná, Túmbez y otros lugares del entorno a Cajamarca.

Visto así el proceso conquistador, la llamada resistencia indígena resulta un invento de un supuesto enfrentamiento etno cultural, hablando de los dos imperios más desarrollados: el azteca y el inca. La conquista castellana se da como resultado de un catalizador o elemento “químico” extraño que tomó ventaja para desarticular y pulverizar los átomos de los elementos “químicamente amerindios”, que soportaban los atropellos dinásticos vehiculados por los ejércitos y la religión vernáculos, que conjuntamente, imprimían sus crueldades sobre las poblaciones de los vencidos.

Otra cosa que conviene aclarar, a propósito de la aludida “resistencia indígena”, es que alude a una resistencia cultural, más que a una resistencia militar. América latina ha resistido culturalmente más que bélicamente. Se entiende que el poder que maneja al militarismo en cualquier estado, si no está identificado con las bases populares, lo único que hace es resistir en un ámbito en donde obedece a órdenes de algún superior. La soldadesca y los cuarteles con sus armamentos obedecen a un jerárquico, que hasta puede estar respaldado por algunas leyes. En cambio, si en las bases populares se genera alguna unidad de criterio “opositor” a una amenaza externa a los intereses de su grupo, que no puede coincidir con sus propios ejércitos, estaremos hablando de una resistencia poblacional de criterio popular.

Según esto, ¿Rumiñahui tuvo una resistencia de apoyo popular o solo de los vinculados a sus ejércitos? Si Rumiñahui hubiese tenido poder de convocatoria popular para ir contra los invasores peninsulares, otra cosa estaríamos contando. Rumiñahui también era un orejón visto con resentimiento por los grupos sometidos al incario, y también pudo haber tenido el rechazo de elementos de sus propios conciudadanos atahualpistas ajenos a los intereses del poder.

Lo subsiguiente sería de ablandar en el raciocinio, puesto que he propuesto como contrapartida el entreguismo. Creo que hay que distinguir otra vez a la clase de población indígena. Hay dominados y dominadores; esclavizados y mandones indígenas. Los sometidos no son los entreguistas, sino sus dirigentes, sus caudillos, sus curacas, sus caciques, quienes hicieron los pactos para enrolarse en el poder colonial, y de alguna manera, fueron los que sostuvieron los esquemas imperiales. Esto lo vemos con más claridad gracias al comportamiento contemporáneo de las organizaciones indígenas. Cuando los directivos de las agrupaciones “se comprometen” frente al poder del Estado, rompiendo las aspiraciones de su gente de base, y de objetivos constitutivos organizacionales, estamos halando de entreguismo; caso contrario entra en juego la «resistencia” y la lucha contra el poder estatuido. Entreguistas fueron los caciques indígenas de la colonia que sometían a sus propios hermanos de etnias para beneficiarse de migajas del poder.

Los hispanos, por sí solos, no hubieran podido sostener las insurrecciones de los que en realidad sí “resistían” frente a los atropellos. Mucho más peligrosos resultaron los entreguistas de las cúpulas, (salvado los casos heroicos), quienes se connaturalizaron, con el mestizaje de por medio, para oprimir a sus propios congéneres. Para sostener mi afirmación, me apoyo en el documento sobre disposición que solicitaron los caciques de Portoviejo, Saquisilí y otros sitios del Perú, de que sean reconocidos sus derechos para ser tenidos con las mismas categorías de hijos dalgos y de nobleza, del mismo modo que lo tienen los nobles españoles. Esta petición se dio por 1691, y se tramitaba hasta 1728. El Rey otorgó la disposición en 2 de marzo de 1697 mediante una Real Cédula.

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