
Mayo 2021-mayo 2022 ha sido un año muy duro para la economía ecuatoriana, especialmente para los sectores populares de bajos ingresos. Todos los indicadores económicos lo demuestran. La calidad de vida de nuestro pueblo ha desmejorado notablemente y continuará en los próximo meses por el proceso inflacionario. Nadie controla los precios: ni el Gobierno, ni los gobernadores, ni los intendentes.
La pandemia, el desempleo, la inseguridad, el proceso inflacionario y un gobierno que carece de rumbo político así como el balance negativo de la Asamblea Nacional ha erosionado la capacidad adquisitiva real de los sueldos y salarios y ha tornado muy dura la vida de nuestro pueblo. Esto ha ocurrido por los consecutivos errores del Gobierno y de quienes fungen como asambleístas que no han sabido responder a las aspiraciones del pueblo. La Asamblea Nacional lleva una vida lánguida, cansina, aburrida, alterada de cuando en cuando por acontecimientos inusuales.Ha perdido el tiempo en bizantinas discusiones sobre cuestiones baladíes.
A esto hay que sumar la crisis mundial por la pandemia y por la guerra de Ucrania.
El Gobierno ha hecho el milagro de las bodas de Canán, pero al revés: ha multiplicado los comensales y ha disminuido el número de los panes y de los peces.
La vida política del país refleja inevitablemente la crisis económica. Se ha hecho una política sin metas ni objetivos nacionales. Esto debe cambiar. Hay que rescatar la seriedad y la responsabilidad en la acción política, y esto se refiere tanto al Gobierno como a las fuerzas de la oposición. A partir de hoy debe iniciarse un proceso regenerativo de la política nacional.
No puede seguir haciéndose una política iracunda. Gritos por aquí, insultos por allá, confusión por todas partes. La ira parece haber sustituido a la energía. De este modo, para decirlo con palabras del escritor Raúl Andrade, “nuestra vida política conserva su estilo y olor, que son estilo y olor de letrina, de caballeriza, de cuarto de mozo de cuadras”.
Ecuador Universitario