POR: LOLO ECHEVERRÍA

La batalla entre funciones del Estado se prolonga sin que ninguna consiga la victoria. Las democracias solían morir por golpes militares, pero ya no son aceptables para nuestra civilización, ahora hay otras formas de ponerlas en riesgo: golpes blandos, parlamentarios, judiciales o populares.
El Poder Ejecutivo acusa de golpista a la mayoría legislativa, negando con ello la posibilidad de acuerdos o de racionalidad. El Poder Legislativo se divide en facciones, una ataca al Ejecutivo y otra se somete al Ejecutivo. Los órganos de la Función Judicial luchan a muerte entre ellos, dizque con la espada de la ley en la mano; mientras tanto, tinterillos desalmados que los hay por cientos en el país, dispuestos a vender amparos a quien los solicite, hacen mofa de la justicia. Los órganos de control esperan a ver quién gana la batalla para entregarse al ganador.
En estas condiciones está el país, así todo queda supeditado, todo adquiere el carácter de provisorio, nadie sabe a la espera de qué. La democracia no depende solo de las leyes, de la Constitución y de las instituciones, depende de la tolerancia y del juego limpio.
Hemos llegado a grados extremos de polarización que despedazan las normas democráticas como advierten Levitsky y Ziblatt al describir cómo mueren las democracias. No tenemos capacidad de integración ni nacional ni regional. La integración solo ha funcionado con el narcotráfico, el contrabando y la religión, solo entre predicadores y delincuentes. ¿Qué esperanza tenemos? ¿Otra vez la muerte cruzada, una consulta popular o el acuerdo inevitable que llevamos evitando un año?
FUENTE: EL COMERCIO
Junio 04 de 2022