Chile conmemora los 80 años del Premio Nobel de Gabriela Mistral

 

Lucila de María Godoy Alcayaga, nacida en Vicuña  el  7 de abril de 1889, ​ conocida como Gabriela Mistral, fue una poetisadiplomáticaprofesora y pedagoga chilena. Por su trabajo poético, recibió el Premio Nobel de Literatura en 1945,​ cuando se convirtió en la primera mujer iberoamericana​ y la segunda persona latinoamericana​ en recibir un Premio Nobel.

La postulación de Mistral al Premio Nobel fue promovida en 1939 por la escritora ecuatoriana Adelaida Velasco Galdós, idea que fue apoyada por el presidente de Chile Pedro Aguirre Cerda y por la primera dama Juana Aguirre Luco. A pesar de la reticencia de la poeta, la campaña recibió el patrocinio de distintos medios de prensa del continente y de las Academias de Letras, incluida la española.​ El secretario de la Academia SuecaHjalmar Gullberg, tradujo y publicó una antología de sus poemas en 1941.

La noticia de que había ganado el Nobel la recibió en 1945 en Petrópolis, la ciudad brasileña donde desempeñaba la labor de cónsul desde 1941 y donde en 1943, a los 18 años, se había suicidado Yin Yin (Juan Miguel Godoy Mendoza, su sobrino según la documentación oficial, pero que dijo a Doris Dana, ya muy disminuida en sus días finales, que era su hijo carnal, al que, con su amiga y confidente Palma Guillén, «había adoptado» y con el que vivía por los menos desde que este tenía cuatro años).

Placa en memoria de la visita de Mistral a Suecia, en el edificio de Nils Hedberg, donde la poeta chilena ofreció una rueda de prensa el 8 de diciembre de 1945, tras su llegada al puerto de Gotemburgo.

La motivación para entregarle esta distinción fue «su obra lírica que, inspirada en poderosas emociones, ha convertido su nombre en un símbolo de las aspiraciones idealistas de todo el mundo iberoamericano».​ Recibió el Premio Nobel, que otorga la Academia Sueca, el 10 de diciembre de 1945, en un discurso en que manifestó: «Por una venturanza que me sobrepasa, soy en este momento la voz directa de los poetas de mi raza y la indirecta de las muy nobles lenguas española y portuguesa. Ambas se alegran de haber sido invitadas al convivio de la vida nórdica, toda ella asistida por su folklore y su poesía milenarias».

En el comienzo de 1946 regresó a Estados Unidos por cuarta vez, entonces como cónsul en Los Ángeles y, con el dinero ganado con el premio, se compró una casa en Santa Bárbara.​ Allí, al año siguiente, escribió gran parte de Lagar I, en muchos de cuyos poemas se observa la huella de la Segunda Guerra Mundial, que sería publicado en Chile en 1954.

En 1946, conoció a Doris Dana, una escritora estadounidense con quien estableció una relación y de quien no se separaría hasta su muerte en Nueva York.

Nacida en una familia de recursos modestos, se desempeñó como profesora en diversas escuelas, se convirtió en una importante pensadora respecto al papel de la educación pública y llegó a participar en la reforma del sistema educacional mexicano.[5]​ A partir de la década de 1920, Mistral tuvo una vida itinerante al desempeñarse como cónsul y representante en organismos internacionales en América y Europa.

Como poeta, es una de las figuras más relevantes de la literatura chilena y literatura iberoamericana. Entre sus obras destacan DesolaciónTala y Lagar.

Viaje y estancia en México

Fue contratada por el gobierno de México a petición del ministro de educación José Vasconcelos, quien había desatado sobre el país una especie de movilización general en favor de la enseñanza rural. Gabriela Mistral viajó a México en junio de 1922; trabajó para el gobierno mexicano en la conformación de su nuevo sistema educativo, modelo que se mantiene casi en su esencia, pues solo se le han hecho algunas reformas.​En el momento en que toca suelo mexicano, la impresiona la amplitud del movimiento en que de pronto se encuentra inmersa. Ella, que proviene de un país de lentos cambios sociales, de pronto se halla en el epicentro de un gran tornado. La reforma de la escuela campesina tocaba sus fibras íntimas: lo rural, lo campesino, lo popular, la lectura como medio preferencial, la creación de bibliotecas.  Es decir, justo el revés de la pedagogía gris y vituperada de su propio terruño.

Mistral sabía la importancia de la misión que le había sido encomendada; es decir, alcanzaba a prever las características de aquella “cruzada”. Se trataba de una innovación que bien podría denominarse reforma y en muchos aspectos revolución.  Su cometido inicial era simple: llegar a México para dar a conocer la literatura chilena; al poco tiempo, Vasconcelos le pide que prepare un libro de lectura para mujeres y la enrola en los trabajos de enseñanza rural e indígena, donde la importancia de la lectura tanto en su modalidad silenciosa en la biblioteca, como en su modalidad colectiva en la aldea son destacados aportes introducidos por Mistral. En ambos casos se trata de una fiesta, semejante a la del teatro y a las fiestas religiosas. Su vida se mueve entre los pueblos indígenas y los altos niveles de la intelectualidad y del gobierno. Mistral se siente mucho mejor con los primeros. La distancia y el nuevo trabajo están puliendo sus puntos de vista.

Los registros tanto suyos como de otras fuentes indican que Gabriela Mistral puso su cuerpo y su alma entera en esa tarea. El cambio radical de escenario y de actividad le permitieron cobrar distancia del mundo pedagógico pequeño que la había rodeado desde hacía tantos años.  Atrás quedaban las disputas por sus títulos y las pequeñeces y envidias. Ella se sentía en lo suyo y se reencontró con el sentido de la vida.

Ahora bien, esa novedosa reforma educativa no tenía nada que ver con lo que en el Chile de su época recibía un nombre parecido. Mucho menos tiene que ver esta cruzada con los experimentos pedagógicos que la Escuela Nueva está haciendo en Europa y en Estados Unidos. No obstante, encontramos realidades que se acercan a ella. Mistral vive este periodo con una intensidad sin igual en toda su vida. Como nunca su tarea es diversa y desafiante, pero está a la altura de lo que ella sabe hacer. De modo que una sensación de realización y de plenitud la acompañará en estos dos años. En cierto modo se realizará un reencuentro con la pedagogía, esa auténtica con los niños. Su participación en la cruzada educativa será importante, pero no decisiva para sus logros. Ésta ya estará en marcha cuando ella llegue y, si bien sus aportaciones desembocarán en el libro Lecturas para mujeres, encomendado por Vasconcelos, su tarea en las misiones se integrará como apoyo a un movimiento que ya tiene vida propia.

México fue su primera escala en su viaje por todo el continente americano. Volvería a visitar México en 1949, visita durante la cual se entrevistó con el expresidente Lázaro Cárdenas del Río en Michoacán. A partir de ese momento se volvió simpatizante del movimiento latinoamericanista y pensaba a la región como un gran país, sobre lo cual escribe su poema Cordillera (1957, en Recados, contando a Chile).

Regreso a Chile

En 1925, cuando regresó a Chile, fue nombrada delegada chilena del Instituto de Cooperación Intelectual de la Sociedad de las Naciones. En el mismo año, junto con Víctor Andrés Belaúnde fundó el Instituto de la Colección de los Clásicos Iberoamericanos, que se encargaba de difundir las tradiciones de los textos franceses de los libros más representativos de Iberoamérica.

En Chile trabajó en escuelas como maestra de temas como geografía y posteriormente llegó a cargos administrativos e incluso al puesto de directora del Liceo número 6 de Santiago. Ya inmersa en el mundo de la enseñanza publicó múltiples artículos que se difundieron en América y Europa en los que se veía reflejada su filosofía pedagógica. Gabriela Mistral tenía influencias de pensadores como Rodó y Tagore, creía en la enseñanza al aire libre, en la importancia de crear comunidad entre el alumnado, las madres y los obreros de la comunidad; se interesaba tanto en el desarrollo del niño como del adulto; abogaba por un equilibro entre la cultura europea y americana; promovía el uso de las artes en el aula de clases; y promovía un concepto religioso de la educación como vía para acercarse a Dios. En 1926 escribe el manuscrito “La imagen de Cristo en la escuela” publicado por El Mercurio, e incluso escribe oraciones para que el alumnado recitara antes de iniciar la jornada de clases.

En diciembre de 1927 escribe desde París un artículo abogando por los derechos del niño, que serían los siguientes:

  1. Derecho a la salud plena, al vigor y a la alegría
  2. Derecho a los oficios y a las profesiones
  3. Derecho a lo mejor de la tradición, a la flor de la tradición, que en los pueblos occidentales es, a mi juicio, el cristianismo
  4. Derecho del niño a la educación maternal
  5. Derecho a la libertad, derecho que el niño tiene desde antes de nacer a las instituciones libres e igualistas
  6. Derecho del niño sudamericano a nacer bajo legislaciones decorosas
  7. Derecho a la enseñanza secundaria y aparte de la superior.[21]

La concepción que tenía sobre la educación fue fundamental en su escritura. Tal como recoge Santiago Sevilla-Vallejo, «Ella se identifica con la mujer que cuida de los niños en el sentido maternal y también educativo, donde recalcó que, por encima del valor formal de la educación escolar, está el sentido de confianza y humanidad que infunde el docente en sus alumnos».

FUENTE: Wikipedia

www.EcuadorUniversitario.Com

 

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