Tres estudios internacionales advierten de que los esfuerzos para aumentar el ejercicio entre la población apenas logran resultados. La falta de avances se agrava por profundas desigualdades sociales y de género que condicionan quién puede moverse más y quién queda atrás.

Uno de los estudios revela importantes desigualdades en las oportunidades de practicar ejercicio según el contexto social y económico./ Pixabay
Los niveles de actividad física en el mundo no han mejorado en los últimos 20 años, a pesar del creciente número de políticas públicas destinadas a promoverla. Tres estudios publicados en Nature Medicine y Nature Health concluyen que los esfuerzos actuales no están logrando aumentar de forma significativa la práctica de ejercicio, mientras que las desigualdades sociales y de género siguen marcando grandes diferencias en quién puede mantenerse activo.
Según los investigadores, alrededor de uno de cada tres adultos y ocho de cada diez adolescentes no cumplen las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Estas establecen al menos 150 minutos semanales de ejercicio moderado en adultos y 60 minutos diarios en niños y adolescentes.
Inactividad física y muerte
La inactividad física se asocia cada año con más de cinco millones de muertes en todo el mundo, lo que la convierte en uno de los principales factores de riesgo para la salud pública.
Casi uno de cada tres adultos y la mayoría de los adolescentes no alcanzan las recomendaciones de actividad física de la OMS, que pide 150 minutos semanales para adultos y 60 minutos diarios para menores
El análisis revela que solo el 38,7 % de las políticas asigna responsabilidades a tres o más sectores gubernamentales, algo clave para implementar acciones que afectan a ámbitos como el transporte, la educación o el urbanismo. Además, el 26,5 % de los países con políticas no establece objetivos medibles, lo que dificulta evaluar su impacto.
Los autores también entrevistaron a 46 responsables políticos, académicos y representantes de organizaciones internacionales. Según sus testimonios, el ejercicio físico ha pasado de ser un tema casi inexistente en la agenda política a tener una prioridad baja pero creciente, aunque todavía muy por detrás de otras áreas de salud pública.
Priorizar las políticas de ejercicio físico es esencial para mejorar la salud humana, social y planetaria, según los autores
Entre los obstáculos identificados figuran la falta de consenso sobre cómo abordar el problema, la tendencia a tratarlo como una cuestión de comportamiento individual en lugar de un reto sistémico, y la ausencia de un organismo gubernamental claramente responsable de coordinar las acciones.
“Priorizar las políticas de ejercicio físico es esencial para mejorar la salud humana, social y planetaria”, concluyen los autores.
Desigualdades
Otro de los trabajos, encabezado por Deborah Salvo, investigadora de The University of Texas at Austin, analizó datos de actividad procedentes de 68 países. El estudio revela importantes desigualdades en las oportunidades de practicar ejercicio según el contexto social y económico.
La actividad física recreativa es más habitual en los grupos favorecidos, mientras que la ligada a la necesidad —como trabajos exigentes o desplazarse a pie o en bici— predomina entre los de menos recursos
El ejercicio físico recreativo —que depende de una elección personal, como el deporte o el ejercicio— es 40 puntos porcentuales más frecuente en grupos favorecidos, como hombres con altos ingresos en países ricos, que en grupos desfavorecidos, como mujeres con bajos ingresos en países de renta baja. En cambio, el asociado a la necesidad económica, como trabajos físicamente exigentes o desplazamientos obligados a pie o en bicicleta, es más habitual en poblaciones con menos recursos.
Hacer ejercicio no solo reduce el riesgo de enfermedades crónicas, también fortalece el sistema inmunitario, alivia síntomas de depresión y mejora la evolución de pacientes con cáncer
Los autores destacan además que la actividad física no solo reduce el riesgo de enfermedades crónicas. También puede reforzar el sistema inmunitario, disminuir los síntomas de depresión y mejorar los resultados en pacientes con cáncer, entre otros beneficios.
Cambio climático
El tercer estudio, dirigido por Erica Hinckson, investigadora de Auckland University of Technology (Nueva Zelanda), examina la relación entre actividad física y cambio climático. Los autores proponen un modelo conceptual que muestra cómo ciertas políticas pueden beneficiar simultáneamente a la salud y al medio ambiente.
Por ejemplo, estrategias que fomentan caminar, usar la bicicleta o el transporte público en lugar del coche pueden reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. Al mismo tiempo, el cambio climático puede afectar negativamente al ejercicio físicoa, ya que fenómenos como olas de calor, inundaciones o contaminación del aire dificultan realizar ejercicio al aire libre.
Fenómenos como olas de calor, inundaciones o contaminación del aire dificultan realizar ejercicio al aire libre
Por ello, los autores defienden una aproximación integrada que combine salud pública, planificación urbana, transporte y políticas climáticas, con especial atención a las comunidades más vulnerables.
Un problema global persistente
En conjunto, los tres estudios coinciden en que el problema de la inactividad física sigue siendo global y persistente.
Aunque en las últimas décadas han surgido nuevas propuestas, redes internacionales y planes de acción, el impacto sobre los niveles de actividad de la población ha sido escaso.
Referencias:
Deborah Salvo et al “Physical activity for public health in the 21st century”. Nature Medicine, 2026. Nature Health, 2026.
Erica Hinckson et al. “Benefit of physical activity initiatives for climate change mitigation and adaptation”. Nature Health, 2026.
Andrea Ramírez Varela et al. “Low global physical activity despite two decades of policy progress”. Nature Health, 2026.
