La Cueva 338, en el valle de Núria, documenta ocupaciones humanas recurrentes desde hace más de 5 000 años y una de las evidencias más antiguas de explotación de minerales ricos en cobre de Europa occidental.

Durante décadas, la investigación arqueológica ha interpretado los espacios situados por encima de los 2 000 metros de altitud como territorios marginales, ocupados de manera puntual. La Cueva 338, situada en el valle de Núria, en los Pirineos, rompe este modelo.
Actualmente, constituye el hallazgo prehistórico documentado de alta montaña más importante en la cordillera
Según la investigación, la cavidad fue ocupada de manera reiterada entre el V milenio a.C. y el final del I milenio a.C. El estudio aporta nuevas evidencias sobre la explotación de los recursos de alta montaña durante la prehistoria.
Además, cuestiona la idea tradicional de que estas zonas solo fueron utilizadas de manera esporádica o marginal. Las dataciones indican que estas ocupaciones se produjeron en varias fases diferenciadas, separadas por periodos de abandono. Esto apunta a un uso planificado y recurrente del espacio.
Ocupación intensa
Durante excavaciones en extensión llevadas a cabo entre 2021 y 2023, el equipo de investigación ha revelado “una secuencia arqueológica excepcional, con numerosas estructuras de combustión, restos faunísticos, fragmentos cerámicos y un conjunto destacado de minerales verdes, probablemente malaquita, un mineral rico en cobre”, explica Carlos Tornero, primer autor del trabajo.
“Por primera vez en los Pirineos se documentan ocupaciones prehistóricas de alta montaña de una intensidad significativa, caracterizadas por la reiteración de actividades y por la explotación directa de recursos minerales dentro de la cavidad”, añade

Por primera vez en los Pirineos se documentan ocupaciones prehistóricas de alta montaña de una intensidad significativa

Entre los materiales recuperados destacan también dos colgantes, uno elaborado con una almeja marina y otro con un diente de oso pardo, que evidencian prácticas de ornamentación personal.
El primero presenta paralelismos con otros yacimientos de Cataluña, mientras que el segundo es un elemento mucho menos habitual, posiblemente vinculado a un significado simbólico específico.
“La Cueva 338 nos obliga a replantear el papel de la alta montaña en las sociedades prehistóricas de los Pirineos. Durante mucho tiempo se ha asumido que estos espacios eran zonas marginales. Lo que documentamos aquí es un empleo recurrente, con actividades complejas y con una clara explotación de recursos minerales”, destaca Tornero.

La Cueva 338 nos obliga a replantear el papel de la alta montaña en las sociedades prehistóricas de los Pirineos

Las evidencias recuperadas indican que los fragmentos minerales eran introducidos en la cueva y posteriormente fragmentados o procesados en su interior. Esto sugiere una explotación sistemática de minerales ricos en cobre en un entorno de alta montaña durante el neolítico final y la edad del bronce. Así, la Cueva 338 se sitúa entre las evidencias más antiguas conocidas con este tipo de actividad en la Europa occidental.
El análisis espacial del yacimiento muestra una clara organización interna de las actividades, con estructuras y áreas diferenciadas. Los investigadores interpretan la cueva como un espacio logístico integrado dentro de sistemas de movilidad estacional bien estructurados, a los que las comunidades humanas regresaban de manera recurrente para desarrollar actividades específicas.
«La montaña no era un límite, sino un territorio activo dentro de la organización económica y territorial de las comunidades prehistóricas», señala Eudald Carbonell, investigador del IPHES-CERCA y coautor del estudio.
Condiciones extremas
Las excavaciones han supuesto un reto logístico importante, dado que el acceso a la cavidad solo es posible a pie desde el valle de Núria y no se puede utilizar ningún soporte motorizado. Estas condiciones han obligado a transportar manualmente todos los materiales y sedimentos generados durante los trabajos.

Hacer una excavación arqueológica con estándares científicos actuales en estas condiciones es extraordinariamente exigente

«Hacer una excavación arqueológica con estándares científicos actuales en estas condiciones es extraordinariamente exigente», explica Tornero.
Los trabajos han incorporado metodologías de alta resolución, como el registro tridimensional de todos los materiales, el muestreo sistemático de los sedimentos y técnicas como el lavado y la flotación, que permiten recuperar hasta los vestigios más pequeños y obtener una información muy precisa sobre las actividades desarrolladas en la cueva.

Fragmentos de malaquita, mineral rico en cobre, recuperados durante los trabajos de excavación en la Cueva 338. / Maria D. Guillén, IPHES-CERCA
Dada la importancia científica y el excelente estado de conservación, el yacimiento ha sido protegido y restringido para garantizar la preservación de los depósitos y facilitar el desarrollo de futuras investigaciones.
Referente para la prehistoria europea
Según los investigadores, la Cueva 338 se convierte en una referencia clave para comprender la ocupación humana de la alta montaña pirenaica y la explotación de sus recursos durante la prehistoria reciente.
«Este yacimiento demuestra que los Pirineos no eran un territorio marginal para las comunidades prehistóricas, sino un espacio plenamente integrado dentro de sus estrategias de movilidad y explotación del territorio», concluye Tornero.
Los resultados abren nuevas líneas de investigación sobre el papel de los ambientes alpinos en las sociedades prehistóricas y sobre las primeras formas de explotación de recursos minerales en alta montaña.
Referencia:
Tornero, C. et al. (2026). Beyond 2,000 meters, first evidence of intense prehistoric occupation in the Pyrenees. Frontiers in Environmental Archaeology.