Un fiasco llamado “El día de la revelación”

 

Steven Spielberg ha dirigido memorables películas de ciencia ficción como “Encuentros cercanos del tercer tipo”, “E.T., el extraterrestre”, “A.I. Inteligencia artificial” y “Minority Report”. Y, entre otras realizaciones, donde la acción y el suspenso no dejaban que el espectador se levantara de la butaca, “Duelo”, “El expreso de Sugarland” y “Tiburón” siguen siendo insuperables, sin descontar la saga de “Indiana Jones”. Hay más que recordar de este director, como “El color púrpura”, “La lista de Schindler”, “Salvando al soldado Ryan” o “El puente de los espías”, pero si hay que decir algo sobre su reciente filme, “El día de la revelación”, creo que mi inclinación es calificarlo como negativo.

“El día de la revelación” tiene como tema la cuestión de la vida extraterrestre. Desde hace tiempo, en todas partes del mundo, se han registrado acontecimientos con ovnis que habrían caído o que fueron producto de avistamientos, al punto de ser objeto de filmaciones; en este marco, la gente ha ido expresando diversidad de opiniones acerca de que no estamos solos en el universo. Los medios de comunicación también se hicieron eco del tema entre especulaciones y noticias que luego quedaron en el olvido. Hoy en día existen incluso series populares en televisión y ficciones que abordan la misma inquietud: si no estamos solos en el universo, ¿quiénes son los extraterrestres? Por lo demás, se dice que ellos han dejado huellas muy marcadas que pueden apreciarse en ruinas de antiguas civilizaciones. Más recientemente, el gobierno norteamericano desclasificó una serie de filmaciones y registros que muestran justamente naves no humanas que han estado entrando y saliendo de nuestro planeta; la intención, al parecer, es convalidar lo que a nivel popular ya se sabía. En todo caso, cuando uno ve “El día de la revelación”, sospecha que también podría ser parte de la campaña de dicho gobierno para concienciar sobre la posibilidad cierta de la existencia de seres extraterrestres, incluso conviviendo en nuestras sociedades.

Pero yendo más allá de estas elucubraciones, “El día de la revelación” se enfoca erróneamente en el tema en cuestión. Lo presenta como un tema tabú, aún sujeto a los controles de las agencias militares y al miedo de que la revelación de la existencia de seres extraterrestres termine horadando los cimientos de nuestra moderna civilización, como dicen irónicamente las contraportadas de ciertos libros de especulación o de novelas sobre conspiraciones. Más aún, se cree que se pondría en peligro la existencia de las religiones y, con ello, la fe de los creyentes. Estas obviedades están presentes en el filme de Spielberg, en medio de una trama que combina el suspenso, el thriller político y la ciencia ficción.

El caso es que “El día de la revelación” tiene que ver con el robo de una tecnología extraterrestre y las evidencias de grabaciones de encuentros y experimentaciones con extraterrestres llevadas a cabo por agencias de gobierno a espaldas del escrutinio público. Tenemos entonces una trama conspirativa porque el robo se perpetra en una instalación militar altamente secreta. Esta primera línea, que es el grueso de la película, es un ir y venir por diversos lugares por donde el buen ladrón recorre para finalmente reunirse con un grupo de personas que, en efecto, quieren que la verdad se revele al mundo: es la verdad de que sí existen los extraterrestres, además de que tienen a uno en cuerpo y alma. Claro está que los malos del filme son agentes que manejan tecnologías inversas, tecnologías extraterrestres y otros artilugios para impedir el proyecto de develamiento público. Spielberg hace que toda esta línea argumental al principio se torne entretenida porque hay acción, balaceras, choques de autos y destrozos de los mismos, siendo el que más capta la atención el que es triturado por dos trenes en movimiento. Sin embargo, todo este engranaje se torna excesivo y hasta caricaturesco al punto de que uno desearía salir de la sala. En otras palabras, uno como espectador crítico empieza a darse cuenta de que Spielberg habría abandonado su capacidad de buen narrador de historias, haciendo que la trama se desvíe del asunto central que estaba anunciado.

En este sentido, intercala en la primera línea argumental conspirativa (porque la idea es que los malos hagan lo imposible para que los buenos revelen al mundo la verdad de lo que aquellos ocultan), personajes y situaciones que bien pudieron ser líneas argumentales colaterales que, desafortunadamente, no están desarrolladas del todo.

Por ejemplo, repentinamente, por obra de la “mágica” aparición de un pájaro cardenal en su casa, una periodista de pronto puede comprender y hablar todos los idiomas, incluido el extraterrestre. Es decir, Spielberg desaprovecha hacer una indagación más certera sobre las posibilidades de comunicación con entidades y culturas extraterrestres. Desde ya, lo había intentado y con una intuición muy loable en las secuencias de contacto basadas en notas musicales en “Encuentros cercanos del tercer tipo” (además, contando en el rol de científico al entonces afamado director de cine francés François Truffaut), tonitos que, aunque sean parte del cine de ciencia ficción, sugieren una profunda inquietud sobre dicho asunto: ¿es posible comunicarse con entidades extraterrestres? La respuesta tendría que ser afirmativa, a sabiendas de que, como puede suceder con el contacto con cualquier cultura, habría que comprender los códigos en juego y luego traducirlos (aunque esto no sea del todo fácil, incluso pensando en la inteligencia artificial, tal como se sugiere en la película). Si ahora, aparentemente, se puede comprender y traducir el lenguaje de los animales, ni qué decir de la naturaleza (estoy escribiendo esto basado en ciertas especulaciones que circulan, pero también en los recientes estudios posthumanistas y transhumanistas), el filme de Spielberg es una caricatura intrascendente.

Y en correlación con la representación de animales en “El día de la revelación”, pudo haber sido al menos algo más que su exhibición en pantalla. Si uno se adentra en los estudios animalistas en función de la frontera con lo extraterrestre, tal vez se podría haber elaborado una línea argumental que permita ir más allá del mimetismo, que es en lo que se queda el guion del filme.

Ni qué decir con el tópico de las abducciones que en la película son figuradas con relación a la niñez de los dos personajes centrales (“los buenos”). El gesto de la incomprensión y de la imposibilidad de enfrentar tal vez el peligro, si bien se exhibe en ciertas secuencias, creo que su mejor tratamiento está en “A.I. Inteligencia artificial” del mismo Spielberg (que, dicho sea de paso, partió de un tratamiento argumental de Stanley Kubrick, el cual lo dejó para dedicarse a otros trabajos).

En suma, “El día de la revelación” es un filme excesivo y hasta cansón. Siento que algunas películas de Spielberg, por más taquilleras que sean, tienen ese efecto: son obras que una buena tijera de editor podría mejorar. Incluso el que John Williams vuelva a musicalizar usando el tono o el ritmo de las mejores películas de Spielberg no salva a “El día de la revelación” de ser olvidada. En la medida en que el gobierno norteamericano desclasificó registros fílmicos sobre ovnis, la película, por lo menos en su última parte, termina siendo obvia. Ya no hay ni encanto ni misterio en las secuencias, peor si uno se traga las casi tres horas de metraje. ¿Se puede esperar una secuela? El director nos lo hace inferir. Y si la hay, desearíamos que no sea el bodrio presenciado.

 

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