El Estado ecuatoriano, continúa siendo en esencia un Estado Burgués, tal como lo señaló el doctor Alexis Mera, en su conferencia que dictó en el Instituto de Altos Estudios Nacionales –IAEN-el pasado 16 de mayo.
El Estado Capitalista es un Estado Burgués, porque está formado por y para los intereses Burgueses, y no en favor del pueblo. No es que el Estado sea Burgués «per se», porque también existe el Estado Proletario. Solo es Burgués en un sistema Capitalista.
El Presidente Rafael Correa heredó un Estado Burgués, pero ahora con los poderes que están a su alcance para iniciar el nuevo periodo pesidencial (2013 – 2017) tiene la necesidad de que su gobierno trascienda el Estado Burgués para avanzar a la construcción del nuevo Estado popular, al que se pretende llegr a través del Socialismo del Siglo XXI.
La teoría marxista señala que el Estado Burgués es el aparato de fuerza mediante el cual la clase o coalición de clases dominantes ejercen su poder para garantizar y preservar su dominación política, económica, social, cultural e ideológica, así como para reproducir el orden existente. A través de este aparato de fuerza la burguesía, históricamente, ha sojuzgado a la clase obrera y el campesinado, a la intelectualidad, a las capas medias e incluso a algunos sectores de la burguesía mediana y pequeña.
Para ello se dispone de las Fuerzas Armadas, los cuerpos policiales, el aparato administrativo, los tribunales, las leyes, las cárceles y demás instrumentos de represión, coerción y control social. El manejo de este complejo engranaje se le asigna al gobierno y al resto de los poderes constituidos, hoy en proceso de cambios.
Además de los órganos de fuerza del aparato político-administrativo que forman los poderes públicos, el Estado Burgués contaba con los partidos políticos de la burguesía, los medios de comunicación de masas, los aparatos culturales en general y la influencia de las religiones para cumplir su misión.
Hasta antes de la llegada de la Revolución Ciudadana el Estado respondía a los intereses de la burguesía monopólica asociada a las transnacionales; colocando los recursos económicos de la nación a su servicio.
Hoy, esa burguesía ha perdido parte de su poder, y por tanto, del control sobre el aparato estatal, y ha sido parcialmente remplazada por nuevas capas burguesas emergentes.
En el Estado moderno, burgués, los gobiernos tienen necesidad de atenuar las contradicciones de las clases explotadoras entre sí, servir de árbitros y muchas veces imponer orientaciones que, vistas en lo inmediato, parecieran enfrentar los intereses de aquellas, pero lo que realmente persiguen es salvar, a la larga, los intereses históricos de la burguesía.
Teóricamente, democracia y monopolio son antagónicos. Por ello, la democracia burguesa es continuamente limitada por rasgos como el presidencialismo, el paternalismo y el autoritarismo. En la medida que el pueblo eleve sus niveles de organización, movilización y de conciencia política, esos rasgos desaparecerán definitivamente y darán paso al ejercicio pleno de la democracia, donde las estructuras del Estado y sus funcionarios estén bajo control social de la mayoría de los ecuatorianos.
El presidencialismo, que tiene sus raíces históricas en el caudillismo semi-feudal, tiene hoy otras connotaciones. El Estado es esencialmente paternalista, todo se pide y todo se espera del Estado, que distribuye una buena parte del ingreso nacional entre la población de menores recursos económicos, desde una práctica asistencialista. Esto puede justificarse como política coyuntural para atender en emergencia la profundidad de las desigualdades, sin embargo puede profundizar políticas clientelares hacia el pueblo.
La democracia burguesa es esencialmente formal, pues reconoce derechos que no pueden ser ejercidos por la gran mayoría de la población dado el carácter de clase de la formación económico-social capitalista. La verdadera democracia, que expresa los intereses del pueblo trabajador, solo puede hacerse efectiva sobre la base de la superación del orden burgués, y la lucha por el Socialismo científico.
El Estado ecuatoriano ha evolucionado de acuerdo con los cambios ocurridos en la estructura económica del país. A principios de siglo XX expresó los intereses de los latifundistas y las casas comerciales, exportadoras e importadoras, que dominaban la economía. Estas últimas servían de vehículo a la influencia extranjera. Después de la aparición de la explotación petrolera, las clases dominantes son avasalladas por el imperialismo y las transnacionales que saquean nuestras riquezas.
Superada la política neoliberal de la década de los 80 y 90, que buscaba reducir al máximo el papel del Estado en la sociedad, se inaugura una nueva etapa del Estado ecuatoriano sustentado en la práctica de la llamada democracia participativa y protagónica, a través de la transferencia de competencias y recursos a los niveles más locales del aparato burocrático y la incorporación de organizaciones populares en la gestión estatal.
Esperamos que los cambios que el Movimiento de la Revolución Ciudadana está planteando realizar para este momento histórico sean capaces de modificar el carácter de clase del Estado, y no solo facilite los procesos burocráticos. El único Estado que servirá realmente a los trabajadores y trabajadoras es el Estado popular. Ojalá que el Socialismo del siglo XXI lo logre.