Diferencias históricas con Venezuela

Por: Dr. Pedro Reino Garcés

Dentro de la unidad en la diversidad de América Latina, hemos escuchado públicamente por los medios masivos, tratar a Venezuela, identificada con lo que ocurre en Caracas, como una “amenaza política”. Han dicho que Ecuador puede tomar el rumbo a esa “descomposición callejera”, producto del enfrentamiento de poderes. La contraparte a esta afirmación se ha pronunciado en decirlo públicamente “Ecuador no es Venezuela”. Diremos entonces que frente a los mismos modelos transnacionales que están operando con el mismo modelo económico, se enfrentan a bases sociales que de algún modo son diversas. Los gobiernos, o alternativas de gobernabilidad, son los que están actuando como intermediadores entre estos dos extremos.

Frente al modelo capitalista transnacional hay un pueblo que necesita mayor equidad y justicia social. Se está peleando por acuerdos y desacuerdos en la distribución de la riqueza. Es en este pueblo, entendido como gente de base, en donde se ha desatado el problema, porque obedece a una situación de destinatario. De una parte están las oligarquías que no quieren perder privilegios, y de otro lado están las élites intelectuales que han captado esos liderazgos y actualmente el poder político.

¿Qué está ocurriendo en la masa popular? Que las dos tendencias lo han convertido en un revoltijo de “tomar partido”, con fanatismo y muertos incluidos, creyéndose protagonistas de esas tendencias ideológicas, sin contar con los manipulados.

Preguntémonos ¿Qué protagonismo aflora en las calles? Antes de salir como parte de una masa sin más identidad que de gritar y actuar en montonera, siempre hay alguien que les enciende una chispa, que es engendro de algún fundamento ideológico. Es en esta espuma de las calles, en donde hacen su lectura los interesados en las interpretaciones y quienes sacan provecho de las fobias. Nuestros conglomerados son asuntos de perspectiva y de tomar partido. Nuestros colectivos, sobre todo urbanos, son la espuma y llamarada de fermentos e intereses de líderes. Unos ocultos o descarados enfrentándose a los protagonistas históricos de los cambios conseguidos.

A pesar de que la pobreza nos iguala, así como a los ricos les solidariza, Ecuador no es una sociedad como la venezolana. Ecuador es un país de mestizos, de cholos y de indios en sus bases. Venezuela, en cambio tiene un componente de “pardos”, o diremos para entenderlo acá, es un país de mulatos, dado su fuerte ancestro africano mezclado con europeos. Pero quiero ponerles al frente más bien los datos de la época de estructuración de nuestras repúblicas. Los habitantes que se señalan para la “provincia de Venezuela…” son: unos 12.000 peninsulares y canarios; hay más de 170.00 criollos blancos, o ‘blanqueados’. Entiéndase que había 400.000 pardos (mezclas de blancos con negros); pero a más de estos se cuentan con 150.000 negros, de los cuales se dice que 90.000 eran esclavos, y 25.000 eran cimarrones (prófugos) y “el resto eran negros libres o libertos”. La investigación anota que había unos 60.000 indios en las zonas marginales, y unos 150.000 indios tributarios y no tributarios.

La fuente a la que me estoy refiriendo, además indica que Venezuela tiene una de las mayores mezclas con afros, y para le época, aunque se haya dicho que Bogotá era la cuna cultural del virreinato, en Venezuela “el nivel cultural de sus clases superiores es de los más altos de la América española.” Más fácil para las élites era ir a educarse en Europa que internarse a Bogotá. Lo que también señala el autor es que “hay una fuerte connotación social-racial, tanto en Nueva Granada como en Venezuela o Quito” (Ver: José Semprún, La división infernal, Ediciones Falcata Ibérica, Madrid, 2002).

Recordemos que fue en Venezuela donde se prende la chispa independizadora porque hay una élite cultural que piensa diferente. Miranda es el prócer, Bolívar es el protagonista, y junto a él nos vinieron Sucre, Flores, Letamendi, Febres Cordero. Como chispa de la historia salta Hugo Chávez a finales del siglo XX. No podemos ocultar tampoco que nuestros Estados son herederos de paternidades con experiencias acumuladas. Revisar la historia es buena tarea para entendernos mejor.

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