En esta fecha, la provincia de Imbabura realiza rituales que muestran la hibridación de la cultura ancestral indígena y la religión católica.
En Otavalo las comunidades indígenas comparten alimentos como granos que producen la tierra, papas, cuyes y la tradicional chicha. Además limpian y adornan las tumbas de sus seres queridos, así también, amigos y familiares que toman el nombre de responseros, elevanplegarias y rezos fúnebres en las tumbas.
En Antonio Ante se vela a los difuntos durante la noche previa al 2 de noviembre, en los camposantos de Andrade Marín y Atuntaqui. Los fieles decoran las tumbas con velas y antorchas que iluminan al camposanto, en ocasiones acompañan sus rezos con agrupaciones musicales.
Los camposantos en la provincia de Pichincha reciben a los fieles quienes depositan ofrendas florales y rezan en las tumbas de los difuntos. En los hogares se prepara la tradicional colada morada acompañada de guaguas de pan, que permite a las familias reunirse en sus hogares y recordar a quienes han partido con respeto y cariño.
En la provincia de Cotopaxi, en los cantones de Saquisilí y Pujilí se conserva una tradición familiar, el 3 de noviembre, las familias que recorrieron los camposantos el día anterior retornan a las 05:00 (cinco de la mañana) para recoger las bandejas de alimentos que se ha dejado como ofrenda. Esta comida es repartida a toda la comunidad comprobando que ha sido degustada por las almas de sus seres queridos.
En Tungurahua , en el cantón Ambato, la fecha de finados se conmemora con la organización de tres ferias en las que participan artesanos con productos textiles hechos en hojalata, cuero, madera, cerámica y serigrafía que se exhiben en la quinta El Rosario y en la parroquia Pinllo. Esta actividad se desarrolla desde el 29 de octubre hasta el 7 de noviembre.
En la provuincia de Chimborazo, en el cantón Riobamba, parroquia rural de Yaruquíes, el 2 de noviembre los pobladores con sus familias, después de visitar a los difuntos, se reúnen para participar de juegos como la perinola y los cocos chilenos.
En Riobamba, las parroquias Yaruquíes, San Luis, Cubijies y Quimiag, reviven al Animero, personaje que representa a los difuntos y que viste túnica blanca y lleva en las manos una calavera humana, una Biblia y una campanilla. Este personaje recorre por los cementerios recitando oraciones fúnebres.
Los días 2 y 3 de noviembre se realizan vigilias en los cementerios, así la población comparte oraciones, ofrendas florales y comida en las tumbas de los difuntos. En los cantones Riobamba, Chambo y Guano se realiza un pregón nocturno con la presencia de un Animero que recorre las calles de las urbes.
En Cañar, los familiares llevan al cementerio objetos valiosos del difunto y se invita a participar del juego Piruruy (juego de dados). Según la suerte que tire, se pueden conocer sus necesidades o sus reproches. Y gracias a este dado tallado en un hueso de llama, se pueden también resolver los desacuerdos.
En la cosmovisión andina, este día es un espacio para expresar la reciprocidad que existe entre quienes viven en el Kay Pacha (mundo terrenal) y los que coexisten en el Uku Pacha (mundo de los muertos).
En estas fechas como parte de un rito ancestral se elabora y se consume la colada morada, una bebida hecha de maíz negro,grano que significa existencia y vida, especias, hierbas aromáticas, mora, mortiño, piña y otras frutas; y, las “guaguas” de pan, moldeadas y adornadas con forma de niño pequeño, a veces rellenas de dulce.
Las comunidades indígenas de Azuay y Cañar visitan el cementerio y comparten en las tumbas de los difuntos los alimentos que llevan. Este rito se sustenta en la creencia de que la muerte es un mero paso a otra vida similar a esta y que el difunto vuelve cada año, entonces hay que prepararle sus platos preferidos. Además los habitantes de sectores rurales visitan los cementerios por las noches y permanecen en vigilia con cánticos y oraciones.
En Loja, la venta de ‘guaguas de pan’ y colada morada en los portales de las principales plazas es parte de la tradición de esta fecha, luego de la eucaristía en honor de los difuntos en cada una de las iglesias de la localidad, la colada morada con una guagua de pan es el principal aperitivo del día previo a la visita a los camposantos con flores, coronas y oraciones.
Las tradicionales ‘guaguas o muñecas de pan’, son figuras de harina de trigo moldeado y horneado en forma de muñecas y algunas de ellas con decoraciones de colores y en varios tamaños que se suelen intercambiar entre grupos familiares y amigos. La ‘colada morada’, bebida típica realizada con harina de maíz negro con frutas como: naranjilla, babaco, piña, mora, frutillas, manzanas, así como de los mortiños (arándano silvestre del páramo andino) que acentúan el color.
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