La alteración del sueño podría influir en la recuperación tras una infección por SARS-CoV-2. Un estudio con casi 3 000 personas identifica los ritmos circadianos como un posible factor relacionado con la aparición de síntomas persistentes.

La primera evidencia de que el trabajo nocturno y el insomnio crónico pueden aumentar el riesgo de desarrollar covid persistente procede de un estudio liderado por ISGlobal. Los resultados, publicados en Scandinavian Journal of Work, Environment and Health, apuntan a la importancia de mantener hábitos de sueño saludables para prevenir esta afección y otros síndromes postinfecciosos.

Ningún estudio previo había evaluado si la alteración del reloj biológico también aumenta el riesgo de desarrollar covid persistente

Estudios en humanos muestran que la alteración del reloj biológico puede debilitar la respuesta inmunitaria y aumentar la susceptibilidad a las infecciones. Durante la pandemia, una investigación realizada en el Reino Unido relacionó las alteraciones del sueño con un mayor riesgo de infección por SARS-CoV-2.
“Sin embargo, ningún estudio previo había evaluado si la alteración del reloj biológico también aumenta el riesgo de desarrollar covid persistente”, afirma Kyriaki Papantoniou, primera autora del trabajo, profesora asociada de la Universidad Médica de Viena e investigadora asociada de ISGlobal.
Trabajo nocturno
El equipo realizó un seguimiento de 2 941 personas adultas de la cohorte COVICAT, basada en población general de Cataluña, entre 2021 y 2023. De las 1 899 que se infectaron por SARS-CoV-2, 284 desarrollaron covid persistente, definida como la presencia de síntomas durante más de tres meses tras la infección.
En comparación con quienes trabajaban en horario diurno, las personas con turnos de noche presentaban un riesgo un 88 % mayor de desarrollar covid persistente
El aumento del riesgo se observó tanto en quienes trabajaban de noche en ese momento como en quienes lo habían hecho en el pasado. Según los autores, este resultado apunta a posibles efectos a largo plazo de la alteración de los ritmos circadianos.
En cambio, el trabajo nocturno no se asoció con un mayor riesgo de infección por SARS-CoV-2. Esto sugiere que la alteración del reloj biológico podría influir más en la recuperación tras la infección que en la probabilidad de contagio.
El trabajo nocturno no se asoció con un mayor riesgo de infección por SARS-CoV-2, pero sí podría influir en la recuperación posterior y favorecer la aparición de síntomas persistentes
Insomnio crónico
El insomnio crónico también se asoció con un aumento del 42 % en el riesgo de covid persistente, con independencia del trabajo nocturno. Cuando ambos factores coincidían, la probabilidad era aún mayor: quienes trabajaban de noche y padecían insomnio tenían 2,7 veces más riesgo que quienes lo hacían de día y no sufrían este trastorno del sueño.
Quienes trabajaban de noche y padecían insomnio tenían 2,7 veces más riesgo que quienes lo hacían de día y no sufrían este trastorno del sueño
Hábitos de sueño
Ante el aumento del insomnio en la población general, el equipo subraya la necesidad de conocer mejor los efectos de las alteraciones del sueño sobre las consecuencias de las infecciones.
Los resultados apuntan al sueño como un factor potencialmente modificable para prevenir la covid persistente y otras afecciones postinfecciosas
“Promover hábitos de sueño saludables y minimizar la alteración de los ritmos circadianos podría representar una estrategia sencilla y de bajo coste para reducir las consecuencias a largo plazo de las infecciones víricas, especialmente entre las personas que trabajan en turnos de noche”, concluye Kogevinas.
El estudio, liderado por ISGlobal —centro impulsado por la Fundación ”la Caixa”—, se realizó en colaboración con el Instituto de Investigación Germans Trias i Pujol (IGTP), a través de la cohorte GCAT | Genomes for Life. Entre sus fortalezas, los autores destacan la información detallada sobre horarios laborales, hábitos de sueño y estado de salud de las personas participantes, así como el uso de una definición de COVID persistente reconocida internacionalmente.
El trabajo también presenta algunas limitaciones. Las personas participantes tenían entre 40 y 65 años, por lo que los resultados podrían no ser extrapolables a grupos más jóvenes o de mayor edad. Además, los autores no descartan por completo la influencia de otros factores laborales, como el estrés relacionado con el trabajo.
Referencia
Papantoniou, A et al. “Night work, sleep disruption and long-COVID risk: a population-based cohort study”. SJWEH. 2026.