Lo que la ciencia ha aprendido de Chernóbil

Este 26 de abril se cumplen 40 años del desastre de la central ucraniana de Chernóbil, el mayor accidente nuclear de la historia. Sus consecuencias aún perduran hoy, pero entre todo el daño provocado al menos ha podido extraerse un mayor conocimiento de los efectos de la radiación y valiosas enseñanzas sobre la conservación de la naturaleza.

ciudad de Prípiat

La gran cantidad de materiales radiactivos expulsados por el reactor dañado afectaron gravemente a Prípiat, ciudad fantasma en el norte de Ucrania, fundada en 1970 para albergar a los trabajadores de la central nuclear de Chernóbil. / Pixabay

Al filo de la 01:24 de la madrugada del 26 de abril de 1986, el reactor número 4 de la central de Chernóbil explotó, liberando 400 veces más material radiactivo que la bomba atómica de Hiroshima en 1945 y provocando el mayor desastre nuclear de la historia.

Inicialmente el área más afectada fueron los 10 km2 del Bosque Rojo, así llamado por el color de los pinos muertos por la radiación

La catástrofe de la planta ubicada en Ucrania —que entonces aún formaba parte de la Unión Soviética— fue el resultado de un test que nunca debió llevarse a cabo, un procedimiento negligente en una instalación defectuosa. Además de las muertes causadas, persisten las secuelas a largo plazo, incluyendo una zona contaminada de más de 4 000 km2 que implicó el realojo forzoso de 350 000 personas.

Pero las desgracias enseñan valiosas lecciones: las condiciones extremas creadas por el accidente han ofrecido una oportunidad excepcional a la investigación científica, sobre todo en lo relativo a los efectos de la radiación sobre la salud y el medio ambiente.

Cómo afectó el accidente nuclear de Chernóbil a los supervivientes y a sus hijos

Cómo afectó el accidente nuclear de Chernóbil a los supervivientes y a sus hijos

Los efectos de la lluvia radiactiva

El suceso de Chernóbil ha permitido estudiar a gran escala las diferencias entre los efectos sobre la salud de la irradiación aguda por altas dosis y la crónica a bajos niveles. La primera es bien conocida, o al menos lo son sus consecuencias rápidas y letales. En los días o semanas tras el accidente murieron por esta causa 28 trabajadores de la planta, personal de emergencias y bomberos, de un total de 134 casos diagnosticados con este síndrome.

Chernóbil habría causado en Europa un millar de casos de cáncer de tiroides y unos 4 000 de otros tipos

Menos acuerdo hay en la afectación a largo plazo por exposición a menores niveles de radiactividad. Un estudio de 2012 calculó que entre casi 111 000 trabajadores ucranianos que participaron en la limpieza, la radiación provocó 22 casos de leucemia.

Según el Comité Científico para el Estudio de los Efectos de las Radiaciones Atómicas de Naciones Unidas (UNSCEAR), hasta 2005 se registraron más de 6 000 cánceres de tiroides en niños y adolescentes en las proximidades de Chernóbil, tanto en Ucrania como en Rusia y Bielorrusia. Por suerte, el de tiroides es uno de los cánceres más curables.

La responsable de este aumento en el riesgo de cáncer es la lluvia radiactiva, partículas que se dispersan por el aire y contaminan la tierra y el agua, pudiendo inhalarse, beberse o comerse con los alimentos. La nube afectó sobre todo al entorno cercano, pero su difusión llegó a 572 millones de personas en 40 paísesEn 2006, un estudio estimó que Chernóbil habría causado en Europa un millar de casos de cáncer de tiroides y unos 4 000 de otros tipos; y para 2065 se esperaría un total de 16 000 de los primeros y 25 000 de los segundos.

Yodo y cáncer de tiroides

El impacto predominante en el cáncer de tiroides y principalmente en niños —una relación que los estudios sobre Chernóbil han reforzado— se debe al yodo-131, uno de los isótopos radiactivos generados por los reactores nucleares y que el accidente dejó escapar. El cuerpo utiliza el yodo en la fabricación de hormonas tiroideas, por lo que dicha glándula es el órgano más afectado. Las investigaciones propiciadas por el desastre han revelado cómo los tumores se desarrollan debido a roturas en la doble cadena de ADN inducidas por la radiación.

La huella de Chernóbil en la salud ha sido más limitada de lo que cabría esperar

La amenaza del yodo-131 es evitable: tomar pastillas del elemento normal previene que la tiroides absorba el radiactivo. Es por ello que en casos de peligro nuclear las autoridades suelen distribuir píldoras de yodo a la población, algo que no se hizo en Chernóbil, donde además la dieta habitual era pobre en este elemento.

En todo caso, el riesgo del yodo-131 es breve, ya que su vida media es de unos ocho días; otros isótopos, como el cesio-137, duran décadas sin que exista el modo de impedir su absorción por el organismo.

Pese a todo, algunos estudios sugieren que la huella de Chernóbil en la salud ha sido más limitada de lo que cabría esperar. UNSCEAR recoge que, aparte del aumento en los cánceres de tiroides, “no se ha demostrado claramente un incremento en la incidencia de cánceres sólidos o leucemia a causa de la radiación en las poblaciones expuestas”, ni tampoco de otras enfermedades. En 2021, un estudio no encontró defectos genéticos en los hijos de quienes sufrieron la exposición, por lo que no parece haber secuelas en la siguiente generación.

Discrepancias científicas

Sin embargo, esta visión ilustra la controversia sobre los efectos de Chernóbil en la salud. Como destacaba la experta en residuos nucleares Claire Corkhill, de la Universidad de Sheffield, “los científicos todavía discrepan sobre el impacto en la salud humana, como cuánta gente desarrolló cáncer y cuál es el peligro hoy en las zonas de exclusión”.

Algunos científicos defienden que el cuerpo responde a bajos niveles de radiación a través de los mecanismos celulares de reparación del ADN

Así y mientras algunos investigadores han insistido en el riesgo de niveles bajos de radiación, incluyendo no solo leucemias sino también cataratas y enfermedad cardiovascular, otros defienden que a dosis menores los daños no son proporcionales a la exposición, sino que el cuerpo responde adaptándose a través de los mecanismos celulares de reparación del ADN.

También la adaptación ha sido objeto de debate en lo que se refiere a la respuesta del medio ambiente. Chernóbil ha proporcionado a los científicos una ocasión excepcional para investigar las consecuencias de un fuerte bombardeo radiactivo en el entorno natural y sus especies, así como los flujos de los isótopos en el medio y en las cadenas alimentarias.

ranitas de San Antón orientales

Las ranitas de San Antón orientales (Hyla orientalis) normalmente son de color verde intenso como la de la derecha, pero en la zona de Chernóbil tienden a oscurecerse, más cuanto más cerca de la zona con mayor contaminación radiactiva. / Germán Orizaola | Pablo Burraco | CC BY-SA

Una inesperada reserva natural

En un principio, el efecto fue devastador. Dentro de la zona de exclusión, inicialmente de 30 kilómetros de radio, el área más afectada fueron los 10 km2 del Bosque Rojo, así llamado por el color que adquirieron los pinos muertos por la radiación. Pero más allá de esta mortandad de los árboles y según cuenta a SINC el zoólogo y ecólogo de la Universidad de Oviedo Germán Orizaola, que lleva un decenio estudiando la ecología de Chernóbil, se conoce poco sobre los efectos inmediatos debido a la imposibilidad de recoger datos en un primer momento.

Como no podía ser de otro modo, se han observado daños a la flora y la fauna. Aún persiste mucho cesio-137, y tanto animales como plantas y hongos han acumulado radiactividad. Ciertos estudios han encontrado un aumento en las mutaciones, junto con una reducción de las poblaciones, de la biodiversidad y de la fertilidad.

Chernóbil se ha convertido en una de las mayores reservas naturales de Europa

Germán Orizaola, Universidad de Oviedo

Pero con el paso de los años, ocurrió algo inesperado: “A pesar de los pronósticos iniciales, lejos de convertirse en un lugar inhóspito y desprovisto de vida, Chernóbil se ha convertido en una de las mayores reservas naturales de Europa”, dice Orizaola.

La adaptación de las ranas negras

El ecólogo explica que esto ha venido propiciado por dos factores, el descenso de los niveles de radiación en más de un 90 % y la ausencia de los humanos en un área de unos 4 500 km2. Gracias a ello han proliferado hasta 200 especies de aves y grandes mamíferos como ciervos, jabalíes, alces o linces. Los osos han colonizado la zona por sí mismos, mientras que los caballos de Przewalski fueron introducidos y se han multiplicado. Los lobos mantienen la mayor población del continente. “Chernobyl representa uno de los mejores casos del mundo de renaturalización pasiva tras el abandono de una zona por los humanos”, recalca Orizaola.

La melanina causante de la pigmentación oscura ayudaría a proteger a las ranas de las radiaciones y de los radicales libres

Esto no implica que la radiación no haya manifestado efectos a largo plazo. Algunos de ellos se han revelado en los estudios de Orizaola, como el caso de las ranas negras. En estos anfibios arborícolas de la especie Hyla orientalis, normalmente de color verde, la melanina causante de la pigmentación oscura ayudaría a proteger de las radiaciones y de los radicales libresciertos hongos que crecen en Chernóbil utilizan este sistema para obtener energía de la radiación. Según Orizaola, es un caso claro de adaptación al ambiente radiactivo inicial; evolución en acción, acelerada por las condiciones del laboratorio natural de Chernóbil.

No ha faltado el debate entre los científicos sobre si este carácter de Chernóbil como santuario para la fauna es una falsa impresión, una visión demasiado optimista de lo que en realidad son animales refugiados de las zonas habitadas a costa de sufrir daños genéticos y reproductivos con un efecto negativo en su esperanza de vida. Así, no todos los investigadores están de acuerdo en que las especies se estén adaptando a la radiación.

La presión humana, peor que la radiación

Orizaola admite que no todas las especies están prosperando, “pero eso es fundamentalmente debido al cambio ambiental que ha experimentado la zona, que ha pasado en 40 años de una gran presencia humana y actividad agrícola a un dominio del bosque”. Como consecuencia, aclara, los animales en retroceso son aquellos dependientes de la huella humana, por ejemplo de la agricultura, como las golondrinas y los cernícalos. “Estas dinámicas poblacionales no están relacionadas con los niveles de radiación en la zona”, sostiene el ecólogo.

La presión humana resulta mucho más nociva para el entorno natural que un desastre nuclear de semejante magnitud

También Jim Smith, experto en contaminación radiactiva de la Universidad de Portsmouth que ha estudiado Chernóbil y otros escenarios durante más de 30 años, cuenta a SINC que una de las mayores lecciones aprendidas es cómo la presión humana resulta mucho más nociva para el entorno natural que un desastre nuclear de semejante magnitud.

En un encuentro online con periodistas organizado por Science Media Centre de Reino Unido con motivo del 40º aniversario del accidente, Smith señala que cuesta encontrar daños en la fauna de la zona de exclusión, incluyendo los peces o insectos de los lagos o del propio estanque de enfriamiento de la central. “No hemos encontrado el pez de tres ojos”, bromea.

Es difícil probar un vínculo causal, así que los científicos deberían ser cautos con sus afirmaciones

Jim Smith, Universidad de Portsmouth

E incluso cuando se han hallado posibles efectos, como un retardo en el desarrollo de las gónadas, “es difícil probar un vínculo causal, así que los científicos deberían ser cautos con sus afirmaciones”, sugiere Smith; como ejemplo, cita el caso de un estudio sobre los perros de Chernóbil, deformado por ciertos medios que casi hablaban de una nueva especie con superpoderes contra la radiación.

La vida se abre camino

En esencia, el debate sobre el balance en la naturaleza de la catástrofe de Chernóbil es paralelo al del efecto de bajas dosis de radiación en los humanos. Y de las soluciones a esta incógnita los científicos esperan obtener avances, por ejemplo, cómo proteger las células de las radiaciones, y cómo mejorar la radioterapia contra el cáncer.

Los científicos esperan obtener avances en cómo proteger las células de las radiaciones y mejorar la radioterapia contra el cáncer

Por el momento, Smith ha obtenido un fruto más literal y tangible, signo de cómo la vida se abre camino en Chernóbil: Atomik, una gama de licores de manzana elaborados con productos locales, libres de radiactividad y cuyos beneficios se destinarán a las comunidades. Aquellas para las cuales la larga sombra del desastre de 1986 no es tanto la persistencia de la radiación como las cicatrices de todo lo que un día perdieron, su arraigo, sus hogares y su medio de vida.
Fuente: SINC
Derechos: Creative Commons
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