A pesar de que las mujeres sostienen casi el 40 % de la investigación en España, su voz sigue infrarrepresentada en el espacio público. Esta brecha de visibilidad no solo distorsiona la percepción del talento investigador, sino que impone un techo de cristal simbólico en el imaginario infantil, alejando a las niñas de la ciencia antes incluso de que decidan su vocación.

Hagan la prueba: hoy, cuando lean un diario, vean el informativo o escuchen la radio, fíjense en quiénes protagonizan las noticias. Lo más probable es que las mujeres aparezcan como testimonios personales, víctimas, o de portavoces de temas considerados soft, como cuidados, moda, cultura, salud. Muy pocas lo harán en calidad de expertas en temas supuestamente más duros, como política, economía, o ciencia.
Para muestra, un botón. Basta mirar estos días la cobertura mediática del Mobile World Congress en Barcelona, el evento tecnológico más importante del mundo, para comprobar que las voces de autoridad en tecnología siguen dominadas por hombres. En esas noticias las mujeres, cuando aparecen, suelen estar relegadas a roles de azafatas.
No es una percepción anecdótica. A pesar de ser la mitad de la población, ellas apenas ocupan el 26 % de las noticias, como sujetos y fuentes, una cifra estancada desde hace 15 años, según revela el último informe disponible del Proyecto Monitoreo Global (GMMP, por sus siglas en inglés), coordinado por la oenegé internacional WACC, con el apoyo de Naciones Unidas. Ese porcentaje se desploma aún más si la mujer también pertenece a una minoría.
En las áreas STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas), la aparición de investigadoras liderando proyectos es residual, y eso a pesar de que en determinados campos, como el biosanitario, son mayoría.

Esa falta de representación es crítica para mujeres y niñas, que no se ven significadas en los medios tradicionales

Esta exclusión tiene nombre. La socióloga norteamericana Gaye Tuchman definió como “aniquilación simbólica” el proceso por el cual los medios omiten o infravaloran a las mujeres, reforzando la idea de que el liderazgo intelectual es masculino. En España, aunque el informe Científicas en Cifras 2025 sitúa al personal investigador femenino en un 39,6 %, esa realidad no traspasa la pantalla. Es el llamado “techo de papel”, al que se suma, por si fuera poco, un sesgo de atribución, el llamado efecto Matilda: incluso cuando las mujeres consiguen asomar a la prensa, su autoría se diluye. El informe Gender, Science and Media de la Comisión Europea constata que las investigadoras reciben menos menciones individuales que sus colegas varones, incluso siendo las autoras principales. La tendencia mediática es citar al “jefe del laboratorio”, que suele ser un hombre.
“Esa falta de representación es crítica para mujeres y niñas, que no se ven significadas en los medios tradicionales”, señala a SINC Sonia Herrera, profesora de los estudios de ciencias de la información y de la comunicación de la UOC, especializada en comunicación con perspectiva de género.
No solo no hay mujeres expertas en los medios, sino tampoco personas racializadas, del colectivo LGTBI, o con cuerpos no normativos. “Al no recoger la diversidad social, los medios proyectan una imagen hegemónica de quién puede sentar opinión y al final parece que solo el hombre blanco, heterosexual y de mediana edad tiene la autoridad para explicar el mundo», reflexiona Herrera.
Romper el techo de papel
Según el informe Científicas en Cifras de 2025, en España tenemos un 39,6 % de personal investigador femenino, una cantidad elevada respecto a Europa y el resto del mundo. A pesar de haber mujeres que se dedican a la profesión científica, tanto en el sector público como en el privado, no tienen la misma presencia en los medios. Esa paradoja es un concepto descrito y utilizado desde hace años denominado “techo de papel”.
“La representación de las mujeres científicas como portavoces o expertas cuando se habla de ciencia y de tecnología en los medios es mucho más baja que la de mujeres en la academia y el sistema español de ciencia”, lamenta a SINC Pampa García Molina, periodista científica al frente del Science Media Center (SMC) España, que considera que esta disparidad es un “problema” mayúsculo, que acaba redundando en fortalecer clichés y estereotipos de género.

La representación de las mujeres científicas como portavoces o expertas cuando se habla de ciencia y de tecnología en los medios es mucho más baja que la de mujeres en la academia y el sistema español de ciencia

En ese sentido, e intentando responder a la cuestión de dónde están las mujeres científicas, el SMC publicó el año pasado un estudio en que rendía cuentas sobre su propio uso de fuentes expertas. “Quisimos poner números, cuantificar las aportaciones de hombres y mujeres científicos para ver si estábamos también contribuyendo a ese techo de papel”, explica García.
Así, el equipo del SMC analizó todo el material que habían elaborado entre 2022 y 2024 para ver con cuántas fuentes habían contactado y su género. Observaron que solo el 36 % eran mujeres. Cuando contaban el número de veces que luego aparecían las expertas en los materiales del SMC, el porcentaje bajaba al 30 %, una cifra en sintonía con la del Proyecto de Monitoreo Global de Medios.
No ha sido el único medio en realizar ese ejercicio de revisión y transparencia del propio trabajo. El Financial Times se percató de que solo dos de cada diez personas que citaban en sus artículos, crónicas, reportajes eran mujeres, y, para subsanar ese sesgo, desarrolló un bot que analiza las fuentes de las noticias para corregir desequilibrios.
Incluso firmas de prestigio como el ganador del Pulitzer Ed Yong ha explicado cómo desde hace algunos años se esfuerza en conseguir portavocías femeninas en sus artículos. “Me di cuenta de que era una de las fuerzas que estaba contribuyendo activamente a un mundo en que las capacidades y los logros de las mujeres están infravalorados o ignorados, en el que las mujeres están excluidas”, confesó este periodista científico en un artículo en The Atlantic.
Este tipo de ejercicio, considera Herrera de la UOC, es crucial que lo realicen los medios, porque si no, asegura, “puede parecer que todo está ganado, puede existir la sensación errónea y falaz de que ya hemos llegado a la paridad, al haber más instituciones, como el Instituto de la Mujer, o el Ministerio de Igualdad, contar de facto con leyes centradas en perseguir la igualdad”. Esta experta resalta a SINC la importancia de contar con datos y ponerlos sobre la mesa, “para combatir las inercias que hay en los medios y demostrar que queda mucho por hacer”.
En este sentido, además, García Molina añade que, a las mujeres, en general, se les exige una hiperespecialización para ser consideradas fuentes válidas y que “acaben de publicar un estudio sobre el tema ayer mismo”. A ellos, en cambio se les suele considerar expertos más generalistas, fuentes fiables a quien llamar.
La presencia de mujeres en grados del sector digital ha experimentado un “retroceso sostenido” desde los años 80
Conciliación familiar y espacios no seguros
Que no haya más mujeres como portavoces expertas en medios también tiene que ver con cuestiones como, según apunta el estudio del SMC, la falta de tiempo por conciliación familiar. Un 23 % de las científicas consultadas alegaron falta de tiempo por cuidados, frente al 10 % de los hombres. “¿Cómo vas a ir a una tertulia a las ocho de la tarde si tienes un peque en casa?”, cuestiona Herrera, que añade que, “en cambio, los hombres, aunque tengan hijos, suelen estar dispuestos, porque no tienen esa carga de cuidados, y pueden estar en los medios, trajeados y planchados”.
Un 34,3 % de las investigadoras afirma haber recibido comentarios que cuestionan directamente su capacidad científica
Según una encuesta del SMC España publicada en diciembre de 2024, más de la mitad del personal investigador que comunica ciencia ha sufrido ataques. La brecha, no obstante, es clara: el 56,8 % de las científicas reporta haber sufrido agresiones, frente al 46,2 % de sus colegas hombres. El ataque más común hacia las expertas es el descrédito intelectual: un 34,3 % de las investigadoras afirma haber recibido comentarios que cuestionan directamente su capacidad científica o su valía profesional, algo que ocurre con mucha menor frecuencia -y agresividad- en los hombres.
En este sentido, datos de la UNESCO (2025) muestran que el 75 % de las mujeres que trabajan en la esfera pública (periodistas y expertas) han experimentado violencia en línea, y amenazas de violencia física y sexual. Es más, en los últimos dos años se ha detectado un aumento del uso de inteligencia artificial para generar desinformación de género y deepfakes para silenciar a mujeres que ocupan espacios de autoridad.
¿Espejo o motor de cambio?
En 2017 en una jornada organizada por la Asociación Española de Comunicación Científica que llevaba por título “¿Dónde están las científicas en los medios?”, se debatió por primera vez acerca de si los medios de comunicación deben ser “espejos de la realidad” o esforzarse activamente en buscar fuentes femeninas y convertirse en motores de cambio. La conclusión fue clara: el periodismo no debe limitarse a reflejar sesgos heredados.
“Para hacer buen periodismo hay que ponerse las gafas lilas, porque si no, nuestra mirada es un reflejo distorsionado de la realidad”, coinciden a destacar las dos expertas consultadas por SINC. “El periodismo no solo nos cuenta cómo es el mundo, sino que también nos puede llevar hacia el mundo que podría ser”, reflexionaba Yong en su artículo en The Atlantic, en relación con el esfuerzo que debemos realizar los periodistas para ir corriendo ese techo de papel. “Es que, además, nos estamos perdiendo, si no, un montón de historias que contar, que no son las de siempre. Y miradas. La diversidad es enriquecedora para todos”, concluye García.

Mostremos a las científicas como voces generadoras de conocimiento, igual que sus compañeros hombre, pongámoslas como referentes en todos los campos del saber

Al final, esa falta de referentes femeninos en los medios de comunicación, pero también en los libros de texto, donde las mujeres apenas aparecen (un estudio de la Universidad de Valencia reveló que solo el 7,5 % de los referentes culturales y científicos que aparecían en los libros de texto de la ESO con mujeres) contribuye y agranda la narrativa de los estereotipos, ensancha la brecha de género, lo que evita que la ciencia se perciba como un conocimiento propio.
Así pues, el reto ya no es solo que se visibilicen más mujeres, sino que cambie la forma en que se las muestra, porque eso deja una huella profunda en niños y niñas sobre roles de género que modela sus actitudes y expectativas hacia la vida en el futuro. “Mostremos a las científicas como voces generadoras de conocimiento, igual que sus compañeros hombre, pongámoslas como referentes en todos los campos del saber”, considera Herrera.


