La visibilización es fundamental para defender la igualdad de derechos y celebrar la diversidad.
Algunas personas mayores, por motivos de dependencia, soledad o deseo propio, deciden internarse en residencias para pasar el resto de su vida. Este cambio puede ser dulce para muchos, pero para otros significa reprimir su sexualidad otra vez. Expertos de organizaciones LGTBI+ animan a visibilizar a este colectivo y a reivindicar su diferencia.

Envejecer puede convertirse en un periodo hermoso, caracterizado por el tiempo, la calma e incluso la aventura. Algunas personas deciden quedarse en casa y otras marcharse a residencias o geriátricos. Para la gente LGTBI+ este cambio es duro porque la falta de atención a la diversidad en estas instituciones puede llevarlos a esconder su sexualidad.
Según afirma un estudio, publicado en European Journal of Social Work, la principal preocupación de nuestros mayores queer es ser aceptados por su orientación sexual e identidad de género, así como la existencia de un trato igualitario en estos espacios. La investigación se llevó a cabo en Suecia a través de una serie de entrevistas en las que adultos mayores debatieron sobre la atención social en la tercera edad.
La principal preocupación de nuestros mayores queer es ser aceptados por su orientación sexual e identidad de género
Investigaciones previas no prestaban mucha atención a la cuestión del trato igualitario y señalaban que la atención a la diversidad no se tenía tan en cuenta a la hora de cuidar a personas mayores LGTBI+. Esto acrecienta las desigualdades entre dichas poblaciones al no valorarse las diferencias sociales.
Residencias para mayores LGTBI+
Entre los participantes, la cuestión de la vivienda fue un tema en el que no se observaron mucha diferencia de opiniones, pero aquellos que deseaban vivir en residencias especializadas solían ser adultos mayores LGB que estaban solteros.
Según informa el estudio, este colectivo busca un sentido de pertenencia con los demás y compartir recuerdos similares con ellos. Muchas personas mayores queer necesitan estar con personas similares que han vivido una vida que no se ajusta a las normas sociales de la heteronormatividad.
Aquellos que deseaban vivir en residencias especializadas solían ser adultos mayores LGB que estaban solteros
No obstante, dentro de los entrevistados también hubo detractores y una participante expresó que todos deberían tener derecho a ser quienes eran sin importar en dónde se resida sin ser vistas como “raras” o “distintas”.
Cabe mencionar que durante el trabajo, la actitud hacia la vivienda no fue un tema sencillo y que incluso las personas que no estaban interesadas en quedarse en dichos alojamientos mencionaron que podía ser beneficioso para muchos.
Miedo al rechazo y la discriminación
Según apunta a SINC el presidente de la Fundación 26 de Diciembre, Juan José Argüello, muchas personas LGTBI+ vuelven al armario una vez que ingresan en una residencia por temor al rechazo de los cuidadores y de otros individuos. A su juicio, los centros residenciales en España no están suficientemente formados en materia de diversidad y, por lo tanto, existe un gran desconocimiento sobre estas poblaciones.
“Nuestros mayores queer son personas que han sufrido la dureza de la dictadura franquista o las consecuencias de leyes como la de Vagos y Maleantes o la de la Peligrosidad Social, por la que eran perseguidos, acosados, torturados o encarcelados”, afirma. “La mayoría de ellos fueron expulsados de su familia, de su comunidad y de su familia natural, por lo que han ido acumulando experiencias discriminatorias a lo largo de los años”.

La mayoría fueron expulsados de su familia, de su comunidad y de su familia natural, por lo que han ido acumulando experiencias discriminatorias a lo largo de los años

El presidente de la institución enfatizó que la sexualidad no es ajena a nuestra personalidad y que cualquier persona, independientemente de su cultura, raza, género y procedencia la posee. “No podemos vivir sin ella y, si nos vemos obligados a reprimirla, sufriremos consecuencias físicas y psicológicas evidentes”, advierte.
En la actualidad, la única residencia para personas mayores LGTBI+ que hay en España es la de Josete Massa, de la fundación 26 de diciembre; todavía no existen centros públicos especializados para este tipo de colectivos. “Llevamos años trabajando mediante la formación y la sensibilización en residencias de mayores y centros de día para su visibilización”.
Edadismo estructural
Otro estudio, publicado en Canadian Journal of aging, descubrió que una de las razones de volver al armario era el miedo a sufrir discriminación. Al pensar en la sola idea de acceder a servicios de atención domiciliaria o residencial, los encuestados expresaron su preocupación por el odio encubierto, la pérdida de apoyos sociales a medida que envejecían y la perdida de la capacidad para defenderse a sí mismos y a sus parejas.
Esto revela que en las personas LGTBI+ no solo confluye la posible discriminación por género, raza e identidad sexual, sino también por el hecho de ser mayores. Este trabajo canadiense explica que el edadismo y la consideración de enfermo son prejuicios que agravan la problemática de este colectivo e indica la necesidad de una formación especializada en las residencias.
En las personas LGTBI+ no solo confluye la posible discriminación por género, raza e identidad sexual, sino también el hecho de ser mayores
Según opina un representante de la Federación Estatal LGTBI+, Jesús Muñoz, no podemos salir de lo que es la sociedad, “y esta es edadista, gordófoba, xenófoba y machista”, advierte. “En muchos casos, las personas mayores del colectivo sufren los mismos problemas que los demás y los derivados de su sexualidad”, explica.
Los ideales queer son más jóvenes, lo que hace que las personas mayores se sientan invisibles. Argüello añade que la discriminación por edad está relacionada con el sistema sociopolítico en el que se vive. “En el momento en el que ya no eres productivo, la sociedad te retira”, enfatiza.
“Necesitamos espejos donde mirarnos, palabras que nos definan y saber que todo está bien”
Falta de visibilidad en el colectivo
En la comunidad LGTBI+ este factor se acentúa porque, en opinión del experto, parece que la diversidad psicosexual deja de visibilizarse a partir de los 50 años y, por ello, “muchos mayores se sienten excluidos dentro de su propio colectivo”, afirma.
Otro estudio, publicado en Psychology & Sexuality, describe que los cambios físicos y la presión por ser atractivos influyen en cómo se sentían los hombres gays mayores dentro de la comunidad. Los resultados se alinean con un fenómeno denominado cultura de la juventud, en la cual la atractividad física y la aptitud sexual son características esenciales para el capital social y erótico de un persona.
Los entrevistados de esta investigación tenían dificultades para describir su propio proceso de envejecimiento y la mayoría de sus definiciones de la vejez eran negativas. Los cambios corporales ocuparon un lugar importante entre sus valoraciones, así como la pérdida de estatus y su atractividad durante las relaciones sociales.

La sociedad es edadista, gordófoba, xenófoba y machista

Aunque no todos experimentaron edadismo, sí que lo identificaron en sí mismos y en sus propias descripciones. El trabajo concluyó que los estereotipos sobre la vejez se internalizan a lo largo de la vida y se vuelven prominentes cuando uno mismo les da importancia; por lo que este estudio anima a fomentar la construcción de redes de apoyo.
En este sentido, el presidente de la fundación concluye que debemos apostar por la intergeneracionalidad. “Las personas mayores son memoria, historia y conocimiento, y pueden ser mentores para que los jóvenes aprendan a lidiar en un mundo en el que, a veces, no se facilita la integración de la diversidad”, añade.
Además, «hay que hablar más de ellas, y compartir su realidad con el resto. Debemos ponerlas en contacto para que de ahí surja una sinergia, una especie de intercambio de lo que cada generación puede aportar», concluye.


