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Babahoyo en la historia

Por: Dr. Jorge Núñez Sánchez
Historiador y Escritor

Babahoyo surgió en la etapa colonial como un puerto fluvial interior, situado en la importante ruta de tránsito que unía al puerto de Guayaquil con Quito.

Originalmente esta población portuaria era conocida como ‘El Desembarcadero’, por ser el lugar al que llegaban los productos importados que debían seguir viaje por vía terrestre hacia las provincias y ciudades de la Sierra Central y Norte, así como los bienes y mercancías que bajaban del interior en ruta hacia Guayaquil y Perú. Más tarde, el crecimiento de su función comercial entre la Costa y la Sierra determinó que crecieran los servicios que este puerto ofrecía a los viajeros y comerciantes, por lo cual pasó a conocérsele con el nombre de ‘Bodegas del río Babahoyo’ o ‘Bodegas’ a secas. Y finalmente, ya en la república, adquirió su denominación definitiva de Babahoyo, tomada del importante río a cuya orilla se asienta.

Hacia 1766, el partido de Babahoyo era uno de los siete de la provincia de Guayaquil, estaba formado por los pueblos de Bodegas, Ojiva y Pimocha, y tenía solo 1.058 habitantes. Esto contrastaba con los abundantes recursos naturales del área, que poseía enormes bosques maderables, abundancia de tierras fértiles y de agua, una rica ictiología, numerosos ríos navegables, entre otras riquezas susceptibles de explotación.

Separada del interior del país por un territorio poblado de selvas, grandes ríos y altas cadenas montañosas, su región estaba unida con la Sierra mediante unos pocos y malos caminos de herradura, que en realidad eran antiguas rutas indígenas habilitadas para el tránsito de acémilas. La ruta más antigua era la que salía por Ojiva, subía la temible ‘cuesta de San Antonio’ para llegar a Chimbo y Guaranda, ubicadas en un balcón exterior andino, y desde allí cruzaba por el pie del Chimborazo para llegar al callejón interandino y finalmente a Quito. Este viaje duraba alrededor de diez días en verano, pero en invierno podía durar hasta 25 días.

Por esta vía llegaban por tierra a Babahoyo, para seguir luego a Guayaquil por vía fluvial, tanto viajeros como productos serranos, que incluían comestibles, monturas, ropas y calzado, así como paños y telas destinados a Perú y Chile. A su vez, desde allí se traían hacia la Sierra: sal, pescado seco, zarzaparrilla, lana de ceibo, cera de abeja, arroz, maní, ajonjolí, tabaco, algodón y goma de zapote.

La libre exportación de cacao decretada por el rey de España en 1778 estimuló la formación de grandes latifundios en esta región, que se hizo en gran medida despojando de sus tierras a los indígenas nativos que vivían a orillas del río Babahoyo “desde Samborondón de abajo hasta el de arriba y la boca de Baba”, respecto de quienes el procurador del Cabildo de Guayaquil, Francisco Trejo, propuso en 1775 que fueran “obligados a reducirse al pueblo, donde sean civilizados”.

Más tarde, Babahoyo fue punto clave en las luchas de independencia y, ya en la república, fue escenario de importantes sucesos políticos y militares. En 1845, durante la Revolución Marcista, en su distrito se dieron los combates de La Elvira, hacienda de Flores, y los acuerdos de La Virginia, propiedad de Olmedo.

Estos y muchos otros sucesos serán analizados por historiadores de todo el país este viernes 13 de octubre, en el Primer Simposio de Historia Fluminense, convocado por la Academia Nacional de Historia y auspiciado por la Universidad Técnica de Babahoyo y el Centro de Estudios Históricos de Los Ríos.

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