
Foto: cortesía de Sonorama
Por: LOLO ECHEVERRÍA
El Gobierno ha enviado a la Asamblea Nacional por segunda vez la ley tributaria, única sobreviviente de la mega ley que murió antes de llegar al campo de batalla. Lo que queda de Gobierno es el resultado de los diálogos fallidos, las amenazas estériles y el retorno a la negociación. Lo que queda de Asamblea es un desconocido equilibrio producto del temor a la muerte cruzada, la embestida al Presidente y el cruce de intereses. Foto cortesía de Sonorama
Todavía tendremos debates calenturientos en contra del Gobierno y promesas hipócritas al pueblo asegurando que no aprobarán impuestos. La Asamblea, seguramente, enviará al Gobierno el proyecto desfigurado, será restaurado por el Ejecutivo mediante el veto y entrarán en operación los pactos para que los impuestos sean aprobados, sin aprobación porque no habrá votos suficientes para insistir en los cambios de la Asamblea. Los tiempos están calculados, por eso los apuros de arriero que endereza las cargas en el camino.
¿Todos han ganado? ¿Todos han perdido? ¿Todos han quedado descolocados? No ha ganado el Gobierno porque se ha visto obligado a torcer su camino que, según decía, iba hacia la libertad de mercado, la creación de empleo, el equilibrio de las finanzas, la atracción de inversiones. Tendrá que contentarse con obtener los 700 millones que ha prometido al FMI para acceder a más crédito.
No ha ganado la Asamblea que se dividió en bloques, pero ya no ideológicos, sino entre los que soñaban en nuevas elecciones para derrotar a Lasso y los que temían irse a su casa y perder cuatro años como legisladores, quedándose sin las recompensas que buscaban en la política. Perdió el correísmo, arrinconado en su mala fama. Perdió Pachakutik, acusado por Iza y sus seguidores por haber cometido el crimen de dialogar con el Gobierno. Perdieron los socialcristianos, empujados hacia el correísmo. Perdió la Izquierda Democrática, desorientada en su retorno a la política. Perdieron los seguidores de Lasso, porque ya no saben qué es lo que siguen.
También hubo descolocados. Los de Cusín que apoyaban al Gobierno con reflexiones sobre equilibrio fiscal, se quedaron sin equilibrio en media reunión. Los dirigentes de la Conaie, invitados a dialogar antes y después de las protestas a pesar del triunvirato de la conspiración. Descolocados, finalmente, los ciudadanos que miran impávidos un país ingobernable, aunque esté lleno de presidenciables que saben exactamente lo que hay que hacer y cómo hacerlo, hasta que llegan al Gobierno y se les olvida todo.
Los gobiernos que llegan al poder llenos de esperanza y buena voluntad, rodeados de estrategas soberbios que creen haber puesto muchos políticos en el poder, terminan pareciéndose y haciendo lo mismo. Entregando concesiones para sumar apoyo; recortando aspiraciones para restar protesta; acarreando gente para simular apoyo; gastando como ricos y mendigando crédito como pobres; ofreciendo mucho y cumpliendo poco.
FUENTE: EL COMERCIO